Mateo 23: La carga de la Religión

23.5-7 Jesús otra vez puso al descubierto la hipocresía de los líderes religiosos. Conocían las Escrituras pero no vivían de acuerdo a las mismas. No se preocupaban por ser santos, sino por verse santos a fin de recibir la admiración de la gente y su alabanza. Hoy, como los fariseos, mucha gente conoce la Biblia pero no le permiten que cambie sus vidas. Dicen que siguen a Cristo pero no viven de acuerdo a sus reglas de amor. Las personas que viven de esta manera son hipócritas. Debemos estar seguros de que nuestras acciones sean coherentes con nuestras creencias.

23.11, 12 Jesús desafió las normas de la sociedad. Para El, la verdadera grandeza surge del servicio, es lo que se obtiene cuando uno se entrega para servir a Dios y a los demás. El servicio nos mantiene al tanto de las necesidades de los demás y evita que nos detengamos a mirarnos a nosotros mismos. Jesús vino como siervo. ¿Qué tipo de grandeza busca usted?

23.13, 14 Ser un líder religioso en Jerusalén era muy diferente a ser un pastor en una sociedad secular como la de hoy. La historia de la nación, su cultura y la vida cotidiana estaban centradas alrededor de la relación con Dios. Los líderes religiosos eran los más conocidos, poderosos y respetados de todos los líderes. Jesús lanzó su punzante acusación porque el hambre de poder, dinero y posición de aquellos líderes los había llevado a perder de vista a Dios, y su ceguedad se esparcía por toda la nación.

23.15 Los convertidos de los fariseos eran atraídos al fariseísmo, no a Dios. Por haberse enfrascado tanto en los detalles de sus leyes tradicionales y regulaciones, habían perdido de vista al que las leyes señalaban: Dios. Como religión de obras al fin, ponían presión en la gente para que superaran a los demás en conocimiento y obra. Un profesor hipócrita lo más probable es que tenga estudiantes aún más hipócritas. Guardémonos de crear fariseos por un énfasis desmedido en la obediencia superficial a expensas de la renovación interior.

23.23, 24 Es posible obedecer los detalles de la ley y ser desobedientes en nuestra conducta general. Por ejemplo, podemos ser muy precisos y fieles en dar el diez por ciento de nuestro dinero a Dios, pero podemos rehusarnos a dar un minuto de nuestro tiempo en ayudar a otros. El diezmar es importante, pero el pagar el diezmo no nos libra de cumplir con otras directivas de Dios.

23.24 Los fariseos colaban el agua de manera que no pudieran accidentalmente tragarse un mosquito, insecto impuro de acuerdo a la ley. Eran muy meticulosos en cuanto a los detalles del ceremonial de limpieza al grado que perdieron su perspectiva de lo que es la pureza verdadera. Por fuera, limpios en lo ceremonial; por dentro, corruptos en sus corazones.

23.25-28 Jesús condenó a los fariseos y a los líderes religiosos por aparentar santidad en lo exterior y mantener en su interior corrupción y codicia. Vivir nuestro cristianismo sólo como un espectáculo para otros es como lavar un vaso sólo por fuera. Cuando estamos limpios por dentro, nuestra limpieza exterior no será fingida.

23.34-36 Estos profetas, sabios y escritores que serían enviados quizás fueron los líderes en la iglesia primitiva que fueron heridos, azotados y algunas veces crucificados, como Jesús lo predijo. Los contemporáneos de Jesús dijeron que no actuarían como sus padres, dando muerte a los profetas que Dios les había enviado (23.30), pero estuvieron dispuestos a dar muerte al Mesías y a sus seguidores fieles. Por esta razón todo el juicio a través de los siglos recaería sobre sus cabezas.

23.35 Estaba dando un breve resumen de los mártires del Antiguo Testamento. Abel fue el primer mártir (Génesis 4); Zacarías fue el último (porque la Biblia hebrea terminaba con 2 Crónicas). Zacarías fue el clásico ejemplo de un hombre de Dios que moría a manos de los que decían ser el pueblo de Dios (véase 2Ch_24:20).

23.37 Jesús quiso juntar a su pueblo así como la gallina protege sus polluelos bajo sus alas, pero no se lo permitieron. Jesús también quiere protegernos si nos acercamos a El. Muchas veces nos herimos y no sabemos a quién recurrir. Rechazamos la ayuda de Cristo porque no creemos que El puede darnos lo que necesitamos. ¿Pero quién conoce mejor nuestras necesidades que nuestro Creador? Los que acudan a Jesús hallarán que El consuela y conforta como nadie más puede hacerlo.

23.37 Jerusalén era la capital del pueblo escogido de Dios; la ciudad ancestral de David, el más grande rey de Israel; y el lugar donde estaba el templo, la morada terrenal de Dios. Debía ser el centro de adoración al verdadero Dios y un modelo de justicia para toda la gente, pero Jerusalén llegó a ser una ciudad ciega a Dios e insensible a las necesidades humanas. Aquí podemos ver la profundidad de los sentimientos de Jesús por los perdidos y por su ciudad amada, que muy pronto sería destruida.

LAS SIETE CALAMIDADES

23.14: No permitir a otros entrar al reino de los cielos y no entrar nosotros mismos

23.15: Alejar a la gente de Dios como ustedes mismos

23.16-22: Ciegamente permitir que la gente de Dios siga las tradiciones hechas por el hombre en lugar de la Palabra de Dios

23.23, 24: Involucrarse en detalles insignificantes pasando por alto lo que realmente es importante: justicia, misericordia y fe

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