Mateo 23: La carga de la Religión

MISIONEROS DEL MAL

Mateo 23:15

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes! Porque peináis tierra y mar para hacer un prosélito, -y cuando lo conseguís le hacéis un hijo del infierno el doble que vosotros.

Una extraña característica del mundo antiguo era la atracción y la repulsa que el judaísmo ejercía al mismo tiempo sobre diversas personas. No había pueblo que fuera más odiado que los judíos. Su exclusivismo y su aislamiento y su desprecio de las otras naciones le granjeaban la hostilidad general. De hecho, se creía que una parte fundamental de su religión era un juramento de no ayudar jamás a ningún gentil en ninguna necesidad, ni siquiera diciéndole cómo ir a un sitio cuando lo preguntaba. Su observancia del sábado les granjeó una reputación de perezosos; su repulsa de la carne de cerdo les ganó burlas, hasta el punto del rumor de que adoraban a un cerdo como su dios. El antisemitismo era una fuerza real y universal en el mundo antiguo.

Y sin embargo, ejercían atracción. La creencia en un solo Dios llegó como una cosa maravillosa a un mundo que creía en una multitud de dioses. La pureza ética judía y sus niveles de moralidad ejercían fascinación en un mundo sumergido en la inmoralidad, especialmente entre las mujeres. El resultado fue que muchos fueron atraídos al judaísmo.

Su atracción se notaba a dos niveles. Estaban los que llamaban temerosos de Dios. Estos aceptaban la doctrina de un solo Dios; aceptaban la ley moral judía; pero no tomaban parte en la ley ceremonial, ni se circuncidaban. Existía un gran número de tales personas, y se las podía encontrar escuchando y participando en el culto de cualquier sinagoga, y fueron los que produjeron a Pablo sus principales frutos en el campo de la evangelización. Eran, por ejemplo, los devotos griegos de Tesalónica (Act_17:4 ).

Era la invalidad de los fariseos el hacer que los temerosos de Dios llegaran a ser prosélitos. La palabra prosélito es la trascripción castellana de la palabra griega prosélytos, que quiere decir uno que se ha acercado. El prosélito era el convertido total, que había aceptado la ley ceremonial y la circuncisión, y que se había hecho judío en el sentido más pleno. Como sucede a menudo, «los más convertidos eran los más pervertidos.» Un convertido se vuelve a menudo el devoto más fanático de su nueva religión; y muchos de estos prosélitos eran más fanáticos de la ley judía que los judíos tradicionales.

Jesús acusaba a los fariseos de ser misioneros del mal. Era verdad que muy pocos llegaban a ser prosélitos; pero los que llegaban, llegaban hasta el final. El pecado de los fariseos era que no trataban realmente de conducir a las personas a Dios, sino al fariseísmo. Uno de los más graves peligros que corre cualquier misionero es el de tratar de convertir a la gente a una secta más bien que a una religión, y el tener más interés en traer gente a una iglesia que a Jesucristo. .

Premanand tiene algunas cosas que decir acerca de este sectarismo que tantas veces desfigura al Cristianismo: «Yo hablo como cristiano. Dios es mi Padre, la Iglesia es mi madre. Me llamo cristiano; católico es mi apellido. Católico porque pertenezco a nada menos que la Iglesia Universal. ¿Necesitamos entonces otros nombres? ¿Por qué añadir anglicano, episcopal, protestante, presbiteriano, metodista, congregacionalista, bautista, etc., etc.? Estos términos son divisorios, sectarios, estrechos. Le encogen a uno el alma.»

No era a Dios a quien los fariseos trataban de llevar a otros; era a su propia secta del fariseísmo. Ese era de hecho su pecado. ¿Y no es ese pecado el que todavía sigue infectando el mundo cuando se sigue insistiendo en ciertos círculos en que una persona debe salirse de una iglesia y hacerse miembro de otra antes de poder acercarse a la Mesa del Señor? La mayor de todas las herejías es la convicción pecadora de que una iglesia tiene el monopolio de Dios o se Su verdad, y que una iglesia es la única puerta de entrada al Reino de Dios.

EL ARTE DE LA EVASIÓN

Mateo 23:16-22

-¡Pobres de vosotros, guías ciegos!, que decía: «Si se jura por el templo, no tiene importancia; pero si se jura por el oro del templo, se está obligado a cumplirlo.»

¡Necios y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo que santifica el oro? Vosotros decís: «Si se jura por el altar, no tiene importancia; pero si se jura por la ofrenda que hay sobre él, se está obligado a cumplir el juramento.» ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? El que jura por el altar, jura por el altar y por todo lo que haya sobre él; el que jura por el templo, jura por el templo y por el Que lo habita. Y el que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por el Que Se sienta sobre él.

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