Mateo 23: La carga de la Religión

Además, a los fariseos les encantaba que les asignaran los puestos principales en las comidas, a la izquierda y a la derecha del anfitrión. Les encantaban los asientos en la primera fila de las sinagogas.- En Palestina, los últimos asientos eran para los niños y ,para la gente menos importante. Cuanto más adelante estaba el asiento, mayor era el honor. Los sitios más honorables eran los de los ancianos, que se sentaban de cara a la congregación. Si un hombre se. sentaba allí, todos podían ver que estaba presente y que se conducía durante el culto con mucha devoción. Todavía más: a los fariseos les encantaba que los llamaran «Rabí», y que los trataran con el máximo respeto. Reclamaban de hecho un respeto mayor que el que se debía a los padres, porque decían que los padres no dan más que la vida ordinaria, física, mientras que el maestro da la vida eterna. Hasta llegaban a pretender que los llamaran padre como Eliseo llamaba, Elías (2Ki_2:12 ).

Jesús dice que el cristiano debe recordar que tiene un sólo Maestro que es Cristo; y un solo Padre en la fe que es Dios.

Todo el interés de los fariseos era vestirse y actuar de manera que llamara la atención e hiciera que todo el mundo se fijara en ellos. Todo el propósito del cristiano debe ser: pasar inadvertido, para que; si los demás ven sus buenas obras, no le glorifiquen a él, sino a su Padre del Cielo. Cualquier religión que produce ostentación en las obras y orgullo en el corazón es una religión falsa.

CERRANDO LA PUERTA A OTROS

Mateo 23:13

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes, porque les cerráis la puerta del Reino del Cielo en la cara a los demás! Vosotros mismos no entráis, pero tampoco les dejáis entrar a los que lo intentan.

Los versículos 13 al 26 forman la denuncia más terrible y explícita que encontramos en el Nuevo Testamento. Como Plummer escribía, « estos ayes son como un trueno por su incontestable severidad, y como un relámpago por su exposición indiscriminada… Iluminan al mismo tiempo que hieren.»

Aquí Jesús dirige una serie de siete ayes contra los escribas y fariseos hipócritas. La versión Reina-Valera empieza cada uno de ellos con la exclamación «¡ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!» La palabra griega para ay es uai. Es difícil de traducir, porque incluye no solo ira sino también lástima. Hay aquí justa indignación; pero es la indignación del corazón de amor, quebrantado por la ceguera testaruda de las personas. Hay aquí, no solamente un aire de denuncia manifiesta; también hay una atmósfera de tragedia lamentable. La palabra hipócrita sale aquí una y otra vez. La palabra griega hypokrités quería decir en un principio uno que contesta; y luego llegó a usarse especialmente para designar al que tomaba parte en un diálogo en la escena; es la palabra griega normal para actor. De ahí pasó a significar un actor en el peor sentido de .la palabra, un farsante, uno que representa un papel, que se pone una máscara, para ocultar sus verdaderas intenciones, que representa un personaje ficticio mientras interiormente sus pensamientos y sentimientos son muy diferentes. Para Jesús; los escribas y fariseos eran hombres que estaban representando un papel. Lo que quería decir era que su idea de la religión consistía en gestos externos, ponerse filacterias y flecos elaborados, la meticulosa representación de reglas y normas de la Ley. Pero en el corazón no tenían más que amargura y envidia y orgullo y arrogancia. Para Jesús, estos escribas y fariseos eran hombres que, bajo una máscara de piedad elaborada, ocultaban corazones en los que dominaban sentimientos y emociones que nada agradaban a Dios. Y esa acusación sigue aplicándose en mayor o ,menor grado a cualquier persona que lleva una vida con la suposición de que la religión consiste en observancias y actos externos.

Hay un supuesto dicho de Jesús que no figura en los evangelios: «La llave del Reino han escondido.» Su condenación de aquellos escribas y fariseos era porque, no solo no entraban en el Reino ellos mismos, sino porque le cerraban la puerta en la cara a los que procuraban entrar. ¿Qué quería decir Jesús con esta acusación?

Ya hemos visto (Mat_6:10 ) que la mejor manera de entender el Reino es como una sociedad en la Tierra en la que la voluntad de Dios se hace tan perfectamente como en el Cielo: Ser un ciudadano del Reino del Cielo, y hacer la voluntad de Dios, son una y la misma cosa. Los fariseos creían que hacer la voluntad de Dios era observar sus millares de reglas y normas insignificantes; y nada podía estar más lejos de ese Reino cuyo componente.:básico es el amor. Cuando la gente trataba de encontrar la manera de entrar en el Reino del Cielo, los fariseos les presentaban estas reglas y normas, lo que equivalía realmente a cerrarles la puerta en la cara.

Los fariseos preferían sus ideas de la religión a la de Dios. Habían olvidado la verdad fundamental de que, si uno quiere enseñar a otros, debe primero escuchar a Dios. El peligro más grave que acecha a cualquier maestro o predicador es el de elevar sus propios prejuicios a la categoría de principios universales, y sustituir la verdad de Dios por sus propias ideas. Cuando hace eso, ya no es un guía, sino una barrera que impide la entrada al Reino; porque descarriado él, descarría también a otros.

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