Mateo 23: La carga de la Religión

Del contenido de este pasaje no debe inferirse que lo más acertado en la materia religiosa es abstenerse de hacer profesión de fe. De que algunos son hipócritas no se sigue necesariamente que no haya verdadera profesión de fe, así como del hecho de que haya moneda falsa no se sigue que todo el dinero sea malo. Que la hipocresía no nos impida, pues, de hacer profesión de fe, o seguir adelante con firmeza si ya la hubiéremos hecho.

Mateo 23:34-39

Forman estos versículos la conclusión del discurso que nuestro Señor pronunció acerca de los escribas y fariseos, y son notables contener las últimas palabras que enunció delante del pueblo en Su carácter de Maestro. En estos versículos se nos enseña, en primer lugar, cuánto hace Dios por encarrilar a los impíos.

Les envió a los judíos profetas, sabios y escribas; les dio repetidos avisos de sus designios; les censuró con frecuencia por sus pecados. En una palabra, ellos no podían decir que no se les había dicho que hacían mal.

Ese es el modo como Dios obra por lo regular con los impenitentes. No los arrebata de este mundo súbitamente y sin llamarlos al arrepentimiento; mas envíales enfermedades y desgracias a fin de conmoverlos; apela a su conciencia por medio de los sermones de los ministros del Evangelio o de los consejos de buenos amigos; los hace meditar presentándoles el lúgubre espectáculo de la muerte, y quitándoles de su lado las personas más idolatradas. Cierto es que ellos rara vez lo reconocen así, y se mantienen sordos y ciegos ante todo anuncio, ante toda señal; mas al cabo percibirán que en todo estaba el dedo divino.

Enséñasenos, en segundo lugar, en estos versículos, que Dios observa como se trata a sus mensajeros y ministros, y algún día pedirá cuenta de ello. Los judíos, colectivamente hablando, se habían conducido hacia los siervos de Dios de una manera vergonzosa, tratándolos como enemigos, porque les decían la verdad. Habían perseguido a los unos, y azotado o muerto a otros. Tal vez habían llegado a imaginarse que no se les pediría cuenta alguna de su conducta; mas nuestro Señor les dijo que estaban equivocados; que había un ojo que todo lo veía, un dedo que registraba en libros de eterna memoria la sangre inocente que se derramaba; que las palabras de Zacarías, (Es digno de notarse que en el libro de las Crónicas se dice que Zacarías era hijo de Joiada, en tanto que nuestro Señor afirmó que lo fue de Barachías. De aquí no se sigue que el Zacarías mencionado en el Nuevo Testamento fuera distinto del mencionado en el Antiguo: es probable que, como era común entre los judíos, el padre de Zacarías tuviera dos nombres.) Quien había muerto entre el templo y el altar, se verían cumplidas en el decurso de ochocientos cincuenta años. El había dicho que Jehová lo viera y lo requiriera, y pocos años después de que nuestro Señor les habló se demandaría la sangre derramada de tal manera como jamás se había visto en la tierra. Todo el mundo sabe cuan fielmente se cumplieron esas predicciones. Con razón dijo nuestro Señor: « De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generación..

Es bueno que meditemos detenidamente acerca de esta verdad. Dios pedirá cuenta del pasado, sobre todo, en lo que respecta a la conducta observada para con sus siervos. Todavía habrá de rendirse cuenta de la sangre de los primeros cristianos derramada por los emperadores romanos; de la de los vallenses, los albigenses y las víctimas de San Bartolomé; y la de los mártires de la Reforma y las víctimas de la inquisición.

Enséñasenos, en último lugar, en estos versículos, que los que para siempre se condenan, se condenan por su propia culpa. He aquí las palabras de nuestro Señor a este respecto: « Quise juntar tus hijos… y no quisiste..

Jesucristo es compasivo y misericordioso para con muchos de los que se condenan, y el motivo por el cual no se salvan es que les falta voluntad para ello. Es correcto decir que ningún hombre puede obrar bien sin el auxilio divino, mas es preciso tener presente que donde reside la impotencia es en la voluntad.

Jesucristo dijo : «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.

La salvación de los redimidos dimana de Dios: la condenación de los réprobos, de ellos mismos. Del mal que hay en nuestras vidas nosotros somos los únicos autores; del bien, lo es Dios. En el otro mundo los salvos darán a Dios toda la gloria; los condenados percibirán que ellos mismos labraron su propia ruina. 13:9.

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