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Mateo 22: Gozo y juicio

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El decir esto no es pronunciar un veredicto típicamente cristiano sobre los fariseos, porque los mismos judíos: expresaban. El Talmud distingue siete clases diferentes de fariseos.

(i) Estaba el fariseo del hombro. Era meticuloso en la observancia de la Ley, pero llevaba sus buenas obras siempre al hombro. Buscaba una reputación de pureza y bondad, verdad que obedecía la Ley, pero con la finalidad de que lo miraran y admiraran los demAs.

(ii) Estaba el fariseo espera un poco. Era el fariseo que siempre podía presentar una disculpa legalmente vAlida paro aplazar una buena obra. Profesaba el credo de los fariseos mAs rigurosos, pero siempre tenía una disculpa para quedarse atrAs en la prActica. Hablaba mucho, pero obraba poco.

(iii) Estaba el fariseo acardenalado y sangrante. El Talmud habla de la plaga de fariseos auto fastidiantes. Recibieron estos nombres por la siguiente razón. Las mujeres ocupaban el estrato mAs bajo en la escala social en Palestina. Ningún rabino que se apreciara sería sorprendido hablando con una mujer en público, aunque fuera su mujer o su hermana. Estos fariseos llegaban todavía mAs lejos; no se permitirían ni siquiera mirar a una mujer por la calle. Para evitarlo, cerraban los ojos y se chocaban con las paredes y las esquinas y todo obstAculo imaginable. Así era como se hacían los cardenales que les granjeaban una reputación de piedad extraordinaria.

(iv) Estaba el fariseo que se describía diversamente como el fariseo del mortero con su mano, o el fariseo de la joroba, o el fariseo tambaleante. Los tales andaban con tal apariencia de humildad que iban torcidos como la mano del mortero en el mortero, o como jorobados. Eran tan «humildes» que ni siquiera levantaban los pies del suelo, lo que los hacía tropezar en todos los obstAculos que se encontraran. Su humildad era una mankra de hacerse la publicidad ostentosamente.

(v) Estaba el fariseo siempre contabilizante o contador. Esta clase de fariseo siempre estaba llevando la cuenta de sus buenas obras, haciendo el balance entre sí mismo y Dios, y creía que a cada buena obra suya ponía a Dios un poco mAs en deuda con él. Para él la religión se había de valorar en términos de una cuenta de debe y haber.

(vi) Estaba el fariseo tímido o timorato. Siempre tenía miedo del castigo divino. Por tanto, siempre estaba limpiando lo de fuera del vaso y el plato, para parecer siempre bueno. Veía la religión en términos de juicio, y la vida en términos de una evasión aterrada de este juicio.

(vii) Finalmente estaba el fariseo temeroso de Dios. Era el fariseo que real y verdaderamente amaba a Dios y se deleitaba en obedecer la Ley de Dios, por muy difícil que fuera.

Esa era la clasificación que hacían de los fariseos los mismos judíos; y conviene notar que había seis tipos malos para solo uno bueno. No pocos de los que escucharon la denuncia que hizo Jesús de los fariseos estarían de acuerdo con cada una de Sus palabras.

Mateo 22:1-46

22.1-14 En aquellos lugares se esperaban dos invitaciones cuando se organizaba un banquete. La primera solicitaba la asistencia del invitado, la segunda indicaba que todo estaba listo. Aquí el Rey, Dios, invita tres veces, y las tres veces le rechazan la invitación. Dios quiere que nos unamos a El en su banquete, que durarA por la eternidad. Por eso nos envía invitación tras invitación. ¿La aceptó?

22.11, 12 Era costumbre que los invitados a una boda recibían una vestimenta especial. Ni se pensó que alguien podría rechazar esta vestimenta. Sería un insulto al anfitrión, el que daría por sentado que el invitado no quería participar en la celebración de las bodas. Jesús estA hablando aquí de la vestimenta de justicia que se requiere para entrar en el banquete de Dios en el Reino. Este ropaje es una figura de la aceptación total que se da ante los ojos de Dios a cada creyente en Cristo. Cristo ha provisto esta vestimenta para cada creyente, pero cada persona debe decidir usarla a fin de poder entrar al banquete del rey (vida eterna). Hay una invitación pendiente, pero debemos estar preparados. Para mayores datos relacionados con la metAfora de la vestimenta de justicia y salvación, véanse Psa_132:16; Isa_61:10; Zec_3:3-5; Rev_3:4-5; Rev_19:7-8.

22.15-17 Los fariseos, un grupo religioso, se oponían a la ocupación romana en Palestina. Los herodianos eran un partido político judío que apoyaba a Herodes Antipas y la política instituida por Roma. Normalmente, estos dos grupos eran enemigos enconados, pero se unieron contra Jesús. Juntos, varios representantes de estos dos grupos preguntaron a Jesús en cuanto al pago de impuestos a Roma, pensando que podrían arrinconarlo. Si Jesús manifestaba estar de acuerdo con que se pagara impuestos al César, los fariseos dirían que se oponía a Dios, el único Rey que reconocían. Si Jesús decía que no debían pagar impuestos, los herodianos lo entregarían a Herodes por rebelión. A los fariseos no los impulsaba el amor a las leyes de Dios, y los herodianos no estaban motivados por el amor a la justicia romana. La respuesta de Jesús puso al descubierto sus motivos malvados y los avergonzó.

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