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Mateo 22: Gozo y juicio

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(c) Nos recuerda que la llamada de Cristo no es tanto a considerar el castigo que se nos viene encima como a ver lo que nos perderemos si no seguimos Su camino. Los que no quisieron ir fueron castigados, pero su verdadera tragedia fue que se perdieron la alegría de una fiesta de bodas. Si rechazamos la invitación de Cristo, algún día nos daremos cuenta de que lo peor no es lo que suframos, sino el darnos cuenta de las cosas preciosas que nos habremos perdido.

(d) Nos recuerda que en último anAlisis la invitación de Dios es la invitación de la gracia. Los que iban por los caminos y los senderos no tenían ningún derecho a la atención del rey; no podrían nunca haberse esperado el ser invitados a una fiesta de bodas reales, y todavía menos se les habría podido ocurrir que se lo habían ganado. No se les presentó de ninguna otra manera que por la hospitalidad que les ofrecía el rey a brazos y corazón abiertos. Fue la gracia la que ofreció la invitación, y la que congregó a aquellos invitados.

EL ESCRUTINIO DEL REY

Mateo 22:11-14

Jesús continuó diciendo:

-El rey entró a ver a los que estaban sentados a la mesa, y vio allí a uno que no llevaba ropa de boda. «Amigo -le dijo-, ¿cómo viniste aquí sin vestirte de boda?» El hombre se quedó mudo de miedo. Entonces el rey dio orden a sus sirvientes: «¡Atadle de pies y manos, y tiradle a la oscuridad de fuera! ¡Que llore y rechine los dientes allí!» Porque muchos son invitados, pero pocos son seleccionados.

Esta es otra parAbola distinta, pero es también una continuación y una ampliación de la anterior. Es la historia de un invitado que se presentó en la fiesta de bodas sin ir adecuadamente vestido.

Uno de los grandes intereses de esta parAbola consiste en que vemos en ella a Jesús haciendo uso de una historia que ya les era familiar a Sus oyentes para Su propio fin. Los rabinos tenían dos historias acerca de reyes y ropa. La primera era acerca de un rey que invitó a sus cortesanos a una fiesta, sin decirles exactamente la fecha ni la hora; pero les dijo que debían lavarse, ungirse y vestirse para estar preparados para cuando se les avisara. Los que fueron prudentes se prepararon en seguida, y se pusieron a esperar a la puerta del palacio, porque creían que en el palacio se podía preparar una fiesta tan deprisa que no habría tiempo que esperar. Los insensatos creyeron que llevaría mucho tiempo el hacer los preparativos necesarios, y que tendrían tiempo de sobra. Así que se fueron, el albañil a su pasta, el alfarero a su arcilla, el herrero a su fragua, el lavandero a su lavandería, y prosiguieron con su trabajo. Pero, de pronto, la llamada a la fiesta les vino sin mAs aviso. Los prudentes estaban listos para sentarse, y al rey le cayeron muy bien, y comieron y bebieron; pero los que no se habían preparado ni puesto sus ropas de boda tuvieron que quedarse fuera tristes y hambrientos, contemplando la gran gozada que se habían perdido. Esa parAbola rabínica habla de la obligación de estar preparados para la llamada de Dios, y la ropa de boda representa la preparación que debemos hacer.

La segunda parAbola rabínica hablaba de un rey que les confió a sus siervos ropas reales. Los que fueron prudentes, tomaron las ropas y las guardaron cuidadosamente manteniéndolas en perfecto estado y en toda su prístina magnificencia. Los que fueron insensatos se pusieron las ropas para ir a su trabajo, y las arrugaron y ensuciaron. Llegó el día cuando el rey reclamó sus ropas. Los prudentes se las devolvieron limpias y preparadas; así que el rey las colocó en sus armarios y les dijo que se fueran en paz. Los insensatos se las devolvieron arrugadas y sucias. El rey mandó que se mandaran las ropas al lavandero, y que a esos siervos insensatos los metieran en la cArcel. Esta parAbola enseña que uno debe devolverle su alma a Dios en toda su pureza original, y que la persona que devuelva un alma sucia quedarA condenada.

Es probable que Jesús tuviera estas dos parAbolas en mente cuando contó la Suya propia. Entonces, ¿qué estaba tratando de enseñar? Esta parAbola contiene también tanto una lección local como otra universal.

(i) La lección local es esta. Jesús acaba de decir que el rey, para llenar de invitados su fiesta, envió a sus mensajeros por los caminos y los senderos para recoger gente. Esa era la parAbola de la puerta abierta. Predecía que los gentiles y los pecadores serían recibidos en el Reino. Esta parAbola presenta el equilibrio necesario. Es verdad que la puerta estA abierta para todos, pero cuando vengan, deben traer una vida que trate de ajustarse al amor que se les ha ofrecido. La gracia no es solo un regalo que se nos da; es también una grave responsabilidad que contraemos. Uno no puede seguir viviendo como vivía antes de encontrarse con Jesucristo. Debe vestirse de una nueva pureza y santidad y bondad. La puerta estA abierta para el pecador que quiera ser santo.

(ii) Esta es una lección permanente. La manera como venga una persona a algo demostrarA el espíritu en que venga. Si vamos de visita a casa de un amigo, no vamos con el mono que usamos en la obra o en la huerta. Sabemos muy bien que no es la ropa lo que le importa al amigo. Es una cuestión de respeto el presentarnos en casa de nuestro amigo tan decentes como podamos. El hecho de prepararnos para ir allí es una manera de mostrarle externamente a nuestro amigo nuestro afecto y nuestra estima. Así debe ser en la casa de Dios. Esta parAbola no tiene nada que ver con lo que nos ponemos para ir a la iglesia; sí con el espíritu en que vamos a la casa de Dios. Hay una manera de disponer la mente y el corazón y el alma: la ropa de la expectación, del sincero arrepentimiento, de la fe, del respeto; y esa es la ropa sin la que no deberíamos venir a la presencia de Dios. Demasiado a menudo vamos a la casa de Dios sin la menor preparación; si todos los hombres y las mujeres de la congregación fueran a la iglesia preparados para dar culto a Dios, después de una breve oración, de un breve pensamiento, de un breve examen de conciencia, entonces el culto sería un culto de verdad; el culto en que suceden cosas en las almas de las personas y en la vida de la iglesia y en los asuntos del mundo.

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