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Mateo 22: Gozo y juicio

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Mateo 22:34-46

Notemos qué resumen tan admirable contienen estos versículos de, nuestro deber para con Dios y para con nuestro prójimo. Nuestro Señor dijo en contestación A la pregunta que le hizo un abogado relativamente A cuAl era el mayor mandamiento: AmarAs al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.»Y luego agregó: «AmarAs A tu prójimo como A ti mismo.» Y concluyó con estas palabras: «De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas..

El amor es el secreto, la clave de la obediencia A los preceptos divinos. Cuando los sentimientos que para con Dios nos animan son los que animarían para con un padre, hallaremos verdadero placer en cumplir su voluntad; sus mandamientos no nos serAn gravosos, ni le serviremos como esclavos que temen el lAtigo del sobrestante. Ningunos sirven con tanta fidelidad como los que sirven por amor. El temor del castigo, o la esperanza de la recompensa no son estímulos tan poderosos. Aquellos que cumplen U voluntad de Dios de todo corazón, la cumplen mejor. El padre que desee educar bien A sus niños debe enseñarlos A amar A Dios.

El amor es asimismo el secreto de la buena conducta para con nuestros semejantes. El que ama A su prójimo se abstiene de causarle perjuicio alguno, ya sea éste en mengua de su persona, sus bienes o su reputación. Y no se contentarA con esto, sino que procurarA dispensarle todos los beneficios posibles, propendiendo de todos modos por su bienestar y felicidad, y haciendo esfuerzos por aminorar sus pesares y aumentar sus goces. En tal hombre que nos ama siempre tendremos confianza, sabiendo que jamAs nos harA de intento mal alguno y que en todas nuestras desgracias se portarA para con nosotros como verdadero amigo.

Mas ¿cómo obtendremos este amor para con Dios? No es un sentimiento innato. Hemos nacido en el pecado, y como pecadores, tenemos miedo de Dios. ¿De qué modo, pues, seamos capaces de amarlo? La verdad es que jamAs podremos amarlo de veras hasta que tengamos paz con El, mediante la expiación e intercesión de nuestro Señor Jesucristo. La fe es la fuente verdadera del amor para con Dios. MAs aman los que mAs agradecidos se sienten. «Nosotros le amamos A él, porque él primero nos amó.» 1Jo_4:19.

Y ¿cómo adquirimos el amor para con nuestro prójimo? Tampoco es este un sentimiento innato, pues por naturaleza somos malévolos, envidiosos, aborrecibles, y aborrecedores. Tit_3:3. JamAs amaremos debidamente A nuestros semejantes hasta que el Espíritu Santo no purifique nuestros corazones. Es menester que nazcamos de nuevo. Es menester que empecemos nueva vida y nuestros Animos sean trasformados A semejanza del de Jesús. Entonces y solo entonces experimentaremos verdadero amor para con nuestros prójimos. «El fruto del Espíritu es amor.» Gal_4:22. La parte final del pasaje contiene una pregunta que nuestro Señor hizo A los fariseos. Después de haber contestado acertadamente las preguntas de sus adversarios, El les hizo A estos la siguiente: «¿Qué os parece del Cristo?» «¿Cuyo hijo es?» Al punto ellos replicaron: «De David.» Les exigió entonces que explicasen como era que David, en el libro de Salmos (Psa_110:1) lo llamaba Señor; mas ellos no pudieron contestarle una sola palabra. Es bien seguro que el salmo que citó era bien conocido A los escribas y fariseos, mas no sabían ellos explicar su aplicación, cosa que solo podía hacerse concediendo la preexistencia y divinidad del Mesías, en tanto que la única idea que tenían acerca del Mesías se reducía A la de que era mero hombre como ellos. Con razón agregó Mateo, inspirado por el Espíritu Santo: «Ni osó alguno desde aquel día preguntarle mAs.

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