Mateo 20: El Propietario busca obreros

20.30 Los ciegos llamaron a Jesús «Hijo del rey David» porque los judíos sabían que el Mesías sería un descendiente del rey David (véanse Isa_9:6-7; Isa_11:1; Jer_23:5-6). Aquel pobre mendigo ciego pudo ver que Jesús era el tan esperado Mesías, mientras que los líderes religiosos que fueron testigos de los milagros de Jesús permanecieron ciegos a su identidad, no abrieron sus ojos a la verdad. Ver con los ojos no garantiza ver con el corazón.

20.32, 33 A pesar de que Jesús estaba preocupado por los acontecimientos que se avecinaban en Jerusalén, al detenerse a ayudar a aquellos ciegos puso en práctica lo que había dicho a sus discípulos acerca del servicio (20.28).

Mateo 20:1-16

La clave para la correcta explicación de esta parábola se encuentra en el pasaje con que concluye el capítulo anterior. Pedro había preguntado a nuestro Señor qué recompensa obtendrían él y sus colegas, puesto que lo habían abandonado todo para seguirle, y nuestro Señor replicó haciendo dos promesas: una a Pedro y sus colegas en particular y otra en general a todos los que sufriesen pérdidas por amor suyo.

Ahora bien, es preciso tener presente que Pedro era Judío; y que como a la mayor parte de los de su raza, le eran tal vez desconocidos los designios de Dios respecto de la salvación de los gentiles. Actos 10:28. A esto, se agrega que la fe de Pedro y los otros apóstoles era débil, y sus conocimientos escasos. A causa de esto muy probable es que exageraran la importancia de los sacrificios que habían hecho por Jesús, y que, envanecidos de sus obras, se creyeran justos.

Nuestro Señor lo sabía bien, y por eso pronunció la parábola para provecho de Pedro y de sus compañeros.

Se nos enseña por una parte, que al llamar hacia sí las naciones, Dios ejerce su gracia sin condición alguna, y de acuerdo con su soberanía y libertad absolutas.

Esta verdad se manifiesta en la historia del mundo. Los Israelitas fueron escogidos como el pueblo de Dios desde tiempos muy remotos. Más tarde el Evangelio fue anunciado a los gentiles por los apóstoles. En muchas naciones se difunde hoy la palabra por los misioneros, mientras que a otras no ha penetrado aún esa luz divina. Y ¿por qué sucede así? No podemos decirlo. Solo sabemos que Dios se complace en dominar el orgullo de las iglesias y en privarlas de todo motivo de vanagloria. Los gentiles que se conviertan a la hora undécima podrán estar tan ciertos de heredar la gloria como los Judíos, y de sentarse con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en tanto que muchos de los descendientes de estos serán desechados para siempre. «Los postreros serán primeros..

Nos enseña por otra parte, que en la salvación de cada hombre, así como en el llamamiento de las naciones, Dios obra de acuerdo con su soberana voluntad, y no tiene que dar razón de sus actos. Véase Rom_9:15.

Ejemplos de esta verdad se nos presentan a cada paso en los sucesos de la iglesia cristiana. A unos como a Timoteo, se les inspira fe y se les mueve a arrepentimiento en sus primeros años. a otros se les llama a la hora undécima, como sucedió con el ladrón de la cruz, quien un día fue pecador tenaz y al siguiente fue recibido en el paraíso. Y sin embargo, de lo que en los Evangelios se nos enseña, se sigue que Timoteo y el ladrón recibieron igual perdón.

Extraña, sin duda, les parecerá esta doctrina a los cristianos que carecen de luces y de experiencia; por cuanto está en pugna con el orgullo que es inherente a la naturaleza humana, y no deja lugar para que campeen la jactancia y la vanagloria. Mas para rechazarla seria preciso rechazar toda la Biblia. El que profese hoy fe en Jesucristo se salva con tanta certeza como el que la haya venido profesando por cincuenta años. En el día del juicio Timoteo tendrá a su favor la misma justicia que el ladrón penitente. Ambos serán salvados por la gracia de Dios solamente: ambos deberán su redención a Jesucristo.

Antes de terminar el examen de la parábola de los peones de la viña será bueno hacer una o dos advertencias.

No se vaya a inferir que todos los redimidos recibirán el mismo grado de gloria. Tal inferencia estaría en contradicción con textos claros de la Escritura. Sea entre otros el siguiente: « Cada uno recibirá su propio galardón conforme a su labor.» 1Co_3:8.

Tampoco se vaya a suponer que se puede con seguridad diferir el arrepentimiento hasta la última hora. Semejante suposición sería perniciosísima. Cuanto más tiempo rehúsen los hombres obedecer la voz del Crucificado, tanto más improbable se hace su salvación. «He aquí, ahora el tiempo acepto; he aquí, ahora el da de la salud.» 2 Cor 6.2.

Mateo 20:17-23

Tres son los puntos principales que merecen notarse en este pasaje.

1. El anuncio que en términos explícitos hizo nuestro Señor de su muerte. Por tercera vez comunicó a sus discípulos la aterradora verdad que era preciso que El sufriera y muriera.

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