Mateo 20: El Propietario busca obreros

No hay que preguntar a quién se pagó el rescate. Lo cierto e innegable es la gran, tremenda verdad de que sin Jesucristo y Su vida de servicio y Su muerte de amor, nunca habríamos podido encontrar la manera de volver al amor de Dios. Jesús lo dio todo para traer a la humanidad de vuelta a Dios; y nosotros debemos caminar en Sus pisadas, siguiendo los pasos del que amó hasta lo último.

LA RESPUESTA DEL AMOR AL CLAMOR DE LA NECESIDAD

Mateo 20:29-34

Cuando iban saliendo de Jericó, había mucha gente siguiendo a Jesús. Y, fijaos: Dos ciegos estaban sentados al borde del camino que, cuando oyeron que pasaba Jesús por allí, se pusieron a gritar:

-¡Señor, ten piedad de nosotros, Hijo de David!

La gente se puso a reprenderlos para que se callaran. Jesús Se paró, y los llamó.

-¿Qué queréis que haga por vosotros? -les dijo.

-Señor -Le contestaron-, lo que queremos es que nos abras los ojos a la luz.

Jesús Se conmovió de compasión en lo íntimo de Su ser, y les tocó los ojos; e inmediatamente ellos pudieron ver, y Le siguieron.

Aquí tenemos la historia de dos hombres que encontraron el camino al milagro. Es una historia muy significativa, porque pinta el espíritu y la disposición de mente y corazón a los que se abren los dones más preciosos de Dios.

(i) Estos dos ciegos estaban esperando, y cuando se les presentó la oportunidad, la agarraron con las dos manos. Sin duda habían oído acerca de las maravillosas obras de poder de Jesús; sin duda se habían preguntado si ese poder podría alcanzarlos también a ellos. Jesús iba pasando por allí. Si Le hubieran dejado pasar de largo, su oportunidad habría pasado para siempre; pero, cuando se les presentó, le echaron mano.

Hay un montón de cosas que tienen que hacerse en el momento, o no se harán nunca. Hay un montón de decisiones que tienen que hacerse en un momento dado, o no se harán jamás. El momento de actuar se pasa; el impulso para decir, se desvanece. Cuando Pablo acababa de predicar en el Areópago, algunos le dijeron: «Ya te oiremos acerca de eso otra vez»

(Act_17:32 ). Aplazaron la cuestión hasta un momento más conveniente, pero ese momento no llegó, como sucede muchas veces.

(ii) Estos dos ciegos eran indesanimables. La gente les decía que dejaran de gritar, que estaban haciendo el ridículo. Era la costumbre de Palestina que un rabino enseñara mientras iba de camino; y sin duda los que estaban alrededor de Jesús no podían oírle por el jaleo que armaban los ciegos. Pero no se podía conseguir que se callaran; para ellos la cuestión era ver o no ver, y nada los iba a detener.

A menudo sucede que nos desanimamos muy fácilmente al buscar la presencia de Dios. Es el hombre que se resiste a que se le impida ponerse en contacto con Cristo el que Le encuentra al final.

(iii) Estos dos ciegos tenían una fe imperfecta, pero estaban decididos a ponerla en acción. Se dirigieron a Jesús como Hijo de David. Eso quería decir que creían que Jesús era el Mesías, pero también quería decir que pensaban en su mesiazgo en términos de poder regio y terrenal. Era una fe imperfecta, pero que los movía; y Jesús la aceptó. Si se tiene fe, Jesús la acepta.

(iv) A estos dos ciegos no les daba miedo presentar una gran petición. Eran pordioseros, pero no era dinero lo que pedían, ni nada menos que la vista.

Ninguna petición es demasiado grande para Jesús.

(v) Estos dos ciegos fueron agradecidos. Cuando hubieron recibido el chollo que anhelaban, no se marcharon y se olvidaron de Jesús, sino Le siguieron.

Tanta gente, tanto en las cosas materiales como en las espirituales, reciben lo que desean, y luego se olvidan hasta de dar las gracias. La ingratitud es el más feo de todos los pecados. Estos ciegos recibieron de Jesús la vista, y Le dieron su agradecida lealtad. Nunca podremos pagar a Dios todo lo que ha hecho por nosotros; pero por lo menos podemos estarle agradecidos.

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