Mateo 20: El Propietario busca obreros

Esto está en la cara del debe en la cuenta de los discípulos; pero hay mucho más en la cara del haber. No hay incidente que muestre mejor que este su invencible fe en Jesús. Consideremos cuándo se hizo esta petición. Se hizo después que Jesús anunciara repetidas veces que lo que tenía por delante era la inescapable Cruz; se hizo en un momento en que el aire estaba sobrecargado con la atmósfera de la tragedia y el sentido del presagio. Sin embargo; a pesar de eso, los discípulos estaban pensando en un Reino. Es de la mayor significación el ver que, aun en un mundo del que se iban apoderando las tinieblas, los discípulos se negaban a abandonar la seguridad de que la victoria pertenecía a Jesús. En la actitud cristiana siempre tiene que haber este optimismo invencible cuando las cosas conspiran para sumirnos en la desesperación.

Todavía más: Aquí se demuestra la inquebrantable lealtad de los discípulos. Hasta cuando se les había dicho con toda claridad que lo que esperaba al final del camino era una copa amarga, nunca se les ocurrió volver la espalda; estaban decididos a beberla. Si conquistar con Cristo quiere decir sufrir con Cristo, estaban totalmente dispuestos a arrostrar ese sufrimiento.

Es fácil condenar a los discípulos, pero la fe y la lealtad en que se apoyaba su ambición no deben olvidarse nunca.

LA ACTITUD DE JESÚS

Segundo, este pasaje arroja luz sobre la vida cristiana. Jesús dijo que los que quisieran compartir Su triunfo debían beber Su copa. ¿Cuál era esa copa? Jesús Se estaba dirigiendo a Santiago y Juan. Ahora bien, la vida trató a Santiago y a Juan de maneras muy diferentes. Santiago fue el primer mártir de la banda apostólica (Act_12:2 ). Para él la copa fue el martirio. Por otra parte, con mucho la mayor parte del peso de la tradición está de acuerdo en que Juan llegó a una bendita ancianidad en Éfeso y murió de muerte natural cuando ya tenía cerca de cien años de edad.. Para él la copa fue la constante disciplina y lucha de la vida cristiana a través de los años.

Sería equivocado pensar que para el cristiano la copa siempre quiere decir la lucha breve, aguda, amarga, agonizante del martirio; la copa puede muy bien ser la larga rutina de la vida cristiana, con todos sus sacrificios cotidianos, su lucha diaria y sus quebrantos y desilusiones y lágrimas. Una vez se encontró una moneda romana con la efigie de un buey; el buey estaba entre dos cosas: un altar y un arado; y la inscripción decía: « Dispuesto para cualquiera de los dos.» El buey tenía que estar listo, ya fuera para el momento supremo del sacrificio en el altar, o para la larga labor del arado en la granja. No hay una sola copa para los cristianos. Puede que tengan que beber su copa en un gran momento, o a lo largo de toda una vida cristiana. Beber la copa quiere decir sencillamente seguir a Cristo dondequiera que El guíe, y ser como Él en cualquier situación que la vida nos presente.

(iii) Este pasaje arroja luz sobre Jesús. Nos muestra Su amabilidad. Lo maravilloso de Jesús es que Él nunca perdió la paciencia ni Se alteró. A pesar de todo lo que había dicho, aquí estaban estos dos hombres y su madre todavía hablando de puestos de honor en un gobierno y un reino terrenal. Pero Jesús no Se indignó ante su ceguera, ni Se puso furioso con su necedad, ni desesperó por su incomprensión. Con amabilidad, con simpatía, con amor, nunca con una palabra impaciente, Él trata de conducirlos a la verdad.

Nos muestra Su honradez. Él estaba seguro de que Le esperaba una copa amarga que tenía que beber, y no dudaba en decirlo. No habrá nunca nadie que pretenda haber empezado a seguir a Jesús con expectativas que resultaron fallidas. Jesús nunca dejó de decir que, aunque la vida termine con una corona, es la Cruz lo que hay que llevar constantemente.

Nos muestra Su confianza en los hombres. Él nunca dudó que Santiago y Juan siguieran firmes en su lealtad. Tenían sus ambiciones equivocadas; tenían su ceguera; tenían sus ideas equivocadas; pero Él nunca soñó con descartarlos porque no sirvieran. Jesús creía que ellos podían y habrían de beber la copa, y que, al final, todavía se encontrarían de Su parte. Uno de los grandes Hechos fundamentales a los que nos podemos aferrar es que, aunque nos aborrezcamos y despreciemos a nosotros mismos, Jesús siempre cree en nosotros. El cristiano es una persona en quien -Cristo ha puesto Su confianza.

LA REVOLUCIÓN CRISTIANA

La petición de Santiago y Juan molestó naturalmente a los otros discípulos. No comprendían por qué los dos hermanos habían de sacarles ventaja, aunque fueran primos de Jesús. No comprendían por qué a esos se les permitía presentar supuestos derechos a honores especiales. Jesús sabía lo que estaban pensando; y les dirigió una palabras que son la misma base de la vida cristiana. En el mundo, dijo Jesús, es totalmente cierto que los grandes hombres están en control de los demás; son hombre a cuya voz de mando los otros tienen que obedecer; hombres que con un mero gesto hacen que se les supla la más insignificante necesidad. En el mundo había un gobernador romano con su corte, y un potentado oriental con sus esclavos. El mundo los consideraba grandes. Pero entre Mis seguidores el servicio es el único emblema de grandeza. La grandeza no consiste en obligar a otros a hacer cosas para uno, sino en hacer cosas para los demás; y cuanto mayor es el servicio, mayor es el honor. Jesús usa una especie de gradación. « Si quieres ser grande -dijo-, sé un siervo; si quieres ser el primero de todos, sé un esclavo.» Aquí está la revolución cristiana; aquí tenemos la total inversión de todos los valores del mundo. Una nueva escala de valores se ha introducido en la vida.

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