Mateo 20: El Propietario busca obreros

Las horas de la parábola eran las del horario normal judío. La jornada laboral judía empezaba al amanecer, como a las 6 de la mañana;. y desde entonces se contaban las horas hasta las 6 de la tarde, que era cuando empezaba oficialmente el nuevo día. Contando desde las 6 de la mañana, por tanto, la tercera hora eran las 9, la sexta las 12 de mediodía, y la undécima las 5 de la tarde.

Esta parábola nos da una descripción gráfica de la clase de cosa que sucedería en la plaza del mercado de cualquier aldea o pueblo de Palestina cuando había prisa para recoger la cosecha antes que viniesen las lluvias.

OBRA Y PAGA EN EL REINO DE DIOS

C. G. Montefiori califica esta parábola como cuna de las más grandes y más gloriosas de todas.» Es posible que tuviera una aplicación relativamente limitada cuando se dijo por primera vez, pero contiene una verdad que penetra hasta el mismo corazón del Evangelio. Empezaremos por la significación comparativamente limitada que consideramos que tuvo originalmente.

(i) En cierto sentido es una advertencia a los discípulos. Es como si Jesús les dijera: «Habéis tenido el gran privilegio de entrar en la comunidad del Reino muy temprano, en su mismo principio. Otros entrarán después. No debéis reclamar un honor ni un lugar especial por haber sido cristianos desde antes que ellos. Todas las personas, independientemente de cuando entraran, Le son igualmente preciosas a Dios.»

Hay personas que creen que, porque son miembros de una iglesia desde hace mucho, la iglesia les pertenece y ellos pueden dictar su política. A tales personas les molesta lo que les parece una intromisión de la nueva sangre o el surgimiento de una nueva generación con planes y métodos diferentes. En la Iglesia Cristiana la antigüedad no representa necesariamente un grado.

(ii) Contiene una advertencia igualmente definida a los judíos. Ellos sabían que eran el pueblo escogido, y por nada del mundo lo olvidarían. En consecuencia, miraban a los gentiles por encima del hombro. Corrientemente los odiaban y despreciaban, y no esperaban más que su destrucción. Esta actitud amenazaba con transmitirse a la Iglesia Cristiana. Si se dejaba entrar a los gentiles de alguna manera tendría que ser como inferiores.

« En la economía de Dios -como ha dicho alguien- no hay tal cosa como una cláusula de nación privilegiada.» El Cristianismo no sabe nada de la idea de un Herrenfolk una raza superior. Bien puede ser que los que somos cristianos desde hace mucho tengamos mucho que aprender de las iglesias jóvenes que han ingresado mucho después en la comunidad de la fe.

(iii) Estas son las lecciones originales de esta parábola, pero tiene mucho más que decirnos.

En ella se encuentra el consuelo de Dios. Quiere decir que no importa cuándo haya entrado una persona en el Reino, si más tarde o más temprano, si en el primer hervor de la juventud, o en el vigor del mediodía, o cuando se alargan las sombras; se es igualmente querido para Dios. Los rabinos tenían un dicho: «Algunos entran en el Reino en una hora; otros necesitan toda una vida.» En la descripción de la Santa Ciudad que encontramos en Apocalipsis hay doce puertas. Hay puertas que dan al Este, que es por donde amanece, por las que una persona puede entrar en la alegre aurora de sus días; hay puertas que dan al Oeste, que es por donde se pone el sol, por las que una persona puede entrar en el ocaso de sus días. No importa cuándo llegue una persona a Cristo; le es igualmente querida.

¿No podríamos ir todavía más lejos con este pensamiento del consuelo? Algunas veces una persona muere llena de años y de honores, con su labor concluida y su tarea completada. Algunas veces muere joven, casi antes de que se le haya abierto la puerta de la vida y de la oportunidad. Ambos recibirán de Dios la misma bienvenida, a ambos los estará esperando Jesucristo, y para ninguno de los dos, en el sentido de Dios, ha terminado la vida demasiado pronto o demasiado tarde.

(iv) Aquí encontramos igualmente la infinita compasión de Dios. Brilla un elemento de ternura humana en esta parábola.

No hay nada más trágico en este mundo que una persona que se pasa la vida en el paro, cuyos talentos se están enmoheciendo en la inactividad porque no se le ofrece ninguna oportunidad. Hugh Martin nos recuerda que un gran maestro solía decir que las palabras más tristes de todas las de Shakespeare son: «La oportunidad de Otelo se le cerró.» En el mercado de contratación algunos estaban esperando porque nadie los había contratado; en su compasión, el propietario les dio trabajo. No podía soportar verlos ociosos.

Además, en estricta justicia, cuantas menos horas trabajara un hombre, menos paga debía recibir. Pero el amo sabía muy bien que 10 pesetas no era un gran sueldo; sabía muy bien que, si un jornalero llegaba a casa con menos, se encontraría con una mujer preocupada y con chicos hambrientos; y por consiguiente fue más allá de la justicia y les dio más de lo que les correspondía.

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