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Mateo 19: Matrimonio y divorcio en Israel

Pastor Lionel

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EL ELEVADO IDEAL

Pasemos ahora a considerar el alto ideal del estado del matrimonio que Jesús propone a los que están dispuestos a aceptar Sus mandamientos. Veremos que el ideal judío sienta las bases del ideal cristiano. La palabra hebrea para matrimonio era kiddusin. Kiddusin quería decir santificación o consagración. Se usaba al describir algo que se dedicaba a Dios como Su exclusiva y particular posesión. Cualquier cosa totalmente consagrada a Dios era kiddúsin. Esto quería decir que en el matrimonio el marido estaba consagrado a la mujer, y la mujer al marido: Cada uno llegaba a ser posesión exclusiva del otro, de la misma manera que una ofrenda se convertía en la posesión exclusiva de Dios. Eso era lo que Jesús quería decir cuando dijo que por causa del matrimonio un hombre dejaría a su padre y a su madre y se uniría a su mujer, y eso es lo que Él quiso decir cuando dijo que marido y mujer llegaban a ser tan totalmente una sola cosa que se podían llamar una sola persona. Ese era el ideal que Dios tenía del matrimonio, como lo presenta la historia del Génesis (Gen_2:24 ), y ese es el ideal que Jesús ratificó. Esta idea tiene ciertas consecuencias.

(i) Esta unidad total quiere decir que el matrimonio no se da para un solo acto de la vida, por muy importante que ese acto sea, sino para todos. Es decir: que, aunque el sexo es una parte sumamente importante del matrimonio, no lo es todo. Cualquier matrimonio en el que se entra simplemente por un deseo físico imperioso que no puede satisfacerse de ninguna otra manera está condenado al fracaso de antemano. El matrimonio está diseñado, no para que dos personas hagan una cosa juntas, sino para que hagan todas las cosas juntas.

(ii) Otra manera de expresar esto sería diciendo que el matrimonio es la unión total de dos personalidades. Dos personas pueden existir juntas de muchas maneras. Una de ellas puede ser la parte dominante hasta tal punto que nada importa sino sus deseos y conveniencias y necesidades, mientras que la otra está totalmente subordinada y no existe nada más que para satisfacer los deseos y las necesidades de la primera. O también, dos personas pueden existir en una especie de neutralidad armada, en la que se dan una tensión continua y una continua colisión entre sus dos voluntades. La vida puede ser una larga discusión, y la relación estar basada, en el mejor de los casos, en una difícil componenda. O también, dos personas pueden basar su relación en una más -o menos resignada aceptación mutua. Para todos los efectos y propósitos, mientras vivan juntas, cada una va por su propio camino, y cada una vive su vida. Comparten la misma casa, pero sería una exageración decir que comparten el mismo hogar.

Está claro que ninguna de estas relaciones es ideal. El ideal es que en el estado del matrimonio dos personas encuentren el complemento de cada una de sus personalidades. Platón tenía una idea extraña. Tenía una especie de leyenda de que en su origen los seres humanos eran el doble de lo que somos ahora. Como su tamaño y fuerza los hizo arrogantes, los dioses los cortaron por la mitad; y la verdadera felicidad se produce cuando las dos mitades se encuentran otra ve y se unen en el matrimonio, completándose así mutuamente.

El matrimonio no debe empequeñecer la vida, sino completarla. A ambos cónyuges debe traerles una nueva plenitud, una nueva satisfacción, un nuevo contentamiento. Es la unión de dos personalidades en la que las dos se completan mutuamente. Esto no quiere decir que no haya que hacer ajustes, y aun sacrificios; pero sí quiere decir que la relación final es más plena, más gozosa, más satisfactoria de lo que puede ser un tipo de vida aislado.

(iii) Podríamos decir todo esto aún más prácticamente: el matrimonió debe ser el compartir todas las circunstancias de la vida. Hay un cierto peligro en la etapa encantadora del noviazgo. En ese período es casi inevitable el que las dos personas se vean mutuamente en el mejor estado de ambas. Hay días románticos. Se ven en su mejor ropa. Es corriente que tengan algún gran interés en común; es corriente que el dinero no haya llegado a ser todavía un problema. Pero en el matrimonio, los dos deben verse cuando no están en su mejor momento; cuando están cansados o débiles; cuando los hijos trastornan la casa y el hogar como es natural que suceda; cuando escasea el dinero, y las cuentas de la comida y de la ropa se convierten en un problema; cuando la luz de la luna y las rosas dejan el puesto a la pila de la cocina y a la cesta de la ropa y a pasear por el pasillo al niño llorón por las noches. A menos que dos personas estén dispuestas a enfrentarse juntas con la rutina de la vida tanto como con sus encantos, el matrimonio no puede ser más que un fracaso.

(iv) A todo esto sigue una cosa que no es universalmente cierta, pero que es mucho más probable que lo contrario. El matrimonio es mucho más probable que sea un éxito después de un conocimiento bastante largo, cuando las dos personas que lo forman conocen realmente el trasfondo mutuo. El matrimonio quiere decir vivir constantemente juntos. Es perfectamente posible que choquen los hábitos y los gustos y las costumbres de ambos. Cuanto más completo sea el conocimiento mutuo antes de decidirse a vincular sus vidas indisolublemente, mejor. Esto no es negar que puede haber tal cosa como el amor a primera vista, y que el amor puede conquistarlo todo; pero el hecho es que, cuanto mayor conocimiento tengan el uno del otro más probable será que tengan éxito en hacer su matrimonio lo que debe ser.

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