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Mateo 17: El monte de la transfiguración

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17.3-5 Moisés y Elías fueron dos de los más grandes profetas en el Antiguo Testamento. Moisés representa la Ley. Escribió el Pentateuco y predijo la venida de un gran profeta (Deu_18:15-19). Elías representa a los profetas que anunciaron la venida del Mesías (Mal_4:5-6). La presencia de ambos con Jesús confirma su misión mesiánica: cumplir la ley de Dios y las palabras de los profetas de Dios. De igual forma como la voz de Dios en las nubes sobre el monte Sinaí dieron autoridad a la ley (Exo_19:9), la voz de Dios en la transfiguración dio autoridad a las palabras de Jesús.

17.4 Pedro quiso construir tres refugios para que aquellos tres hombres sobresalientes se quedaran. Sin embargo, no era hora de actuar, sino de alabar y adorar. Pedro quería prologar el momento, pero debía aprender y avanzar. Había percibido a Cristo como igual a los demás, pero Cristo es infinitamente mayor y uno no puede igualarlo con nadie.

17.5 Jesús es más que un simple líder famoso, más que un buen ejemplo, una buena influencia o un gran profeta. El es nada menos que el Hijo de Dios. Cuando usted percibe esta verdad profunda, la única respuesta adecuada es la adoración. Cuando comprenda bien quién es Cristo, querrá obedecerle.

17.9 Jesús dijo a Pedro, Santiago y Juan que no debían contar lo que vieron hasta después de su resurrección, porque sabía que no lo habían comprendido totalmente y en consecuencia no lo podrían explicar. Sus preguntas (17.10ss) indican que no habían comprendido. Sabían que era el Mesías, pero tenían mucho más que aprender acerca del significado de su muerte y resurrección.

17.10, 12 Basado en Mal_4:5-6 los maestros de la ley del Antiguo Testamento creían que Elías debía aparecer antes que el Mesías. Jesús se refería a Juan el Bautista, no a Elías el profeta del Antiguo Testamento. Juan el Bautista, asumiendo el rol profético de Elías, confrontó en forma audaz el pecado y condujo a la gente hacia Dios. Malaquías mucho antes había profetizado que un profeta similar a Elías vendría (Mal_4:5).

17.17 A los discípulos se les había dado autoridad para sanar, pero no habían aprendido aún cómo apropiarse del poder de Dios. La frustración de Jesús estaba dirigida a la generación incrédula e indiferente. Sus discípulos, en esta instancia, eran un mero reflejo de esa actitud. El propósito de Jesús no fue criticar a los discípulos sino estimularlos a que ejercieran la fe.

17.17-20 Los discípulos fueron incapaces de echar fuera a aquel demonio, y por eso le pidieron a Jesús una explicación. Este se refirió a su falta de fe. Es el poder de Dios, y no nuestra fe, lo que mueve montañas, pero la fe debe estar presente. La semilla de mostaza es más pequeña de lo que uno se puede imaginar. Una fe pequeña o sin desarrollo hubiera sido suficiente. Tal vez ellos procuraron sacar al demonio con su propia capacidad en lugar de hacerlo con el poder de Dios. Hay un gran poder aún en una fe pequeña cuando Dios está con nosotros. Si nos sentimos débiles o incapaces como cristianos, debiéramos examinar nuestra fe, asegurándonos de que no estamos confiando en nuestra propia capacidad para obtener resultados sino en la de Dios.

17.20 Jesús no condenó a los discípulos por su falta de fe, sino que les mostró cuán importante sería la fe en su ministerio futuro. Si usted está enfrentando un problema que parece grande e inconmovible como una montaña, deje de mirar la montaña y busque más a Cristo con fe. Sólo así su obra para El será útil y vibrante.

17.22, 23 Una vez más Jesús predijo su muerte (véase 16.21), pero aún más importante, fue que se hablara de su resurrección. Desafortunadamente, los discípulos sólo oyeron la primera parte de las palabras de Jesús y llegaron a desalentarse. No entendieron por qué Jesús quiso volver a Jerusalén, al centro del conflicto.

Los discípulos no entendieron totalmente el propósito de la muerte y resurrección de Jesús hasta el Pentecostés (Hechos 2). No debiéramos recriminarnos por ser lentos para entender lo referente a Jesús. Después de todo, los discípulos estuvieron con El, vieron sus milagros, oyeron sus palabras y aún así tuvieron dificultad para comprender. Más allá de sus preguntas o dudas, sin embargo, ellos seguían creyendo. Nosotros no podemos hacer menos.

17.22, 23 Los discípulos no entendían por qué Jesús seguía refiriéndose a su muerte, si ellos esperaban que El estableciera un reino político. La muerte del Señor terminaría con sus esperanzas. No sospechaban que la muerte y resurrección de Jesús haría posible su Reino.

17.24 Todos los varones judíos tenían que pagar un impuesto al templo para cubrir los gastos de mantenimiento (Exo_30:11-16). Sólo Mateo registra este incidente, quizá porque él había sido un cobrador de impuestos.

17.24-27 Como de costumbre, Pedro contestó una pregunta sin saber de veras la respuesta, poniendo a Jesús y a los discípulos en una situación incómoda. Jesús usó esta experiencia, sin embargo, para enfatizar su rol soberano. Así como los reyes no pagan impuestos ni cobran impuestos de sus familias, Jesús, el Rey, no debía nada. Pero Jesús proveyó para el pago de los impuestos en favor suyo y de Pedro para no ofender a los que no entendían su reino. Cristo le mostró dónde obtener el dinero, pero Pedro tuvo que ir a buscarlo. Entendemos que todo viene de Dios, pero El quiere que participemos en el proceso.

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