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Mateo 17: El monte de la transfiguración

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(iv) Vemos aquí la necesidad central de la fe, sin la cual nada puede suceder. Cuando Jesús habló de desplazar montañas, estaba usando una frase que los judíos conocían muy bien. Un gran maestro que pudiera realmente presentar y exponer las Escrituras y explicar y resolver las dificultades, recibía el nombre de un desarraigador, o hasta un pulverizador de montañas. Deshacer, desarraigar y pulverizar montañas eran imágenes que se usaban para resolver las dificultades. Jesús nunca pretendió que se tomara esto literalmente en su sentido físico. Después de todo, una persona normal no se encuentra frecuentemente en la necesidad de tener que desplazar montañas físicas. Lo que quería decir era: «Si se tiene suficiente fe, todas las dificultades se pueden resolver, y cumplir hasta la tarea más difícil.» La fe en Dios es el instrumento que permite a las personas eliminar las colinas de dificultades que bloquean el camino.

EL IMPUESTO DEL TEMPLO

Mateo 17:24-27

Cuando llegaron , a Cafarnaum, se le acercaron a Pedro los cobradores del medio siclo del impuesto del templo y le dijeron:

¿Es que tu Maestro no paga el impuesto? .

-¡Claro que sí! -contestó Pedro. Y cuando entró en la casa, antes de que dijera nada, Jesús le dijo:

-¿Qué crees tú, Simón? ¿De quiénes cobran impuestos y tributos los reyes de la tierra,, de sus ciudadanos o de los extranjeros?

Cuando Pedro Le contestó que de los extranjeros, Jesús le dijo:

Así, es que. los ciudadanos están exentos. Pero, para no hacer que se escandalicen, vete al mar, echa la red, y coge el pez que caiga; y cuando le abras la boca encontrarás en ella un siclo. Tómalo, y dalo por ti y por Mí.

El templo de Jerusalén tenía unos gastos de mantenimiento elevadísimos. En todos los sacrificios de la mañana y de la tarde se ofrecía un cordero de un año, con vino, harina y aceite. El incienso que se quemaba todos los días tenía que comprarse y prepararse. Había que reponer con frecuencia las cortinas y las .ropas de los sacerdotes, que eran caras; y las vestiduras del sumo sacerdote costaban no menos que el rescate de un rey. Todo esto suponía dinero.

Así que, sobre la base de Exo_30:13 , estaba establecido que todos los varones judíos de veinte años para arriba debían pagar el impuesto anual del templo de medio siclo. En los días de Nehemías, cuando el pueblo era pobre, se redujo a la tercera parte de un siclo. Medio siels equivalía a dos dracmas griegas; por eso se llamaba corrientemente al impuesto didrajm, como aparece en este pasaje. Para hacernos una idea de su equivalencia actual diremos que era igual al salario de dos días de un jornalero. Este impuesto hacía que ingresaran en el tesoro del templo unos 15,000,000 de pesetas al año; pero no olvidemos en este cálculo que el salario diario sería de 10 pesetas. En teoría, el impuesto era obligatorio, y las autoridades del templo tenían poder para deducírselo a una persona de sus bienes si dejaba de pagarlo.

El método de cobro estaba cuidadosamente organizado. El día 1 del mes de adar, correspondiente a marzo, se anunciaba en todos los pueblos y aldeas de Palestina que había llegado el tiempo de pagar el impuesto. El día 15 del mismo mes se instalaban puestos en todos los pueblos y aldeas, donde se pagaba el impuesto. Si no se pagaba antes del 25 de adar, se podía abonar directamente en el templo de Jerusalén.

En este pasaje vemos a Jesús pagando el impuesto del templo. Los cobradores se dirigieron a Pedro y le preguntaron si su Maestro pagaba Sus impuestos. Es probable que la pregunta se hiciera con una intención maliciosa, esperando que Jesús rehusara pagar; porque, en ese caso, los ortodoxos tendrían algo de que acusarle. Pedro contestó inmediatamente que claro que su Maestro pagaba el impuesto. Después fue, y Se lo dijo a Jesús, y Jesús usó una especie de parábola en los versículos 25 y 26.

La escena representada tiene dos posibilidades de interpretación, pero en ambos casos su sentido es el mismo.

(i) En el mundo antiguo, las naciones que conquistaban y colonizaban a otras no tenían mucha idea ni intención de gobernar para favorecer a los pueblos sometidos. Más bien lo que consideraban era que los pueblos sometidos existían para ponerles a ellos las cosas más fáciles. En consecuencia, la nación conquistadora nunca pagaba tributo, aunque las demás sí lo pagaran. Eran las naciones sometidas las que soportaban la carga y pagaban los impuestos. Así es que Jesús puede que quisiera decir: «Dios es el Rey de Israel; pero nosotros somos el verdadero Israel, porque somos ciudadanos del Reino del Cielo; los extranjeros puede que tengan que pagar, pero nosotros somos libres.»

(ii) Pero es probable que la alegoría fuera mucho más sencilla. Si algún rey imponía tributo a una nación, está claro que no incluía en la obligación de pagarlo a su propia familia. Los impuestos se cobraban para el mantenimiento de su propia casa. El impuesto en cuestión era para el templo, que era la casa de Dios. Jesús era el Hijo de Dios. Él dijo cuando Sus padres Le encontraron en Jerusalén: « ¿Es que no sabíais que Yo tendría que estar en la casa de Mi padre?» (Luk_2:49 ). ¿Cómo iba a estar obligado el Hijo a pagar el impuesto que se cobraba para la casa de Su Padre?

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