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Mateo 17: El monte de la transfiguración

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Mateo 17:15-21

En este pasaje se nos refiere otro milagro de nuestro Señor.

Lo primero que es de advertirse es el emblema o representación que se nos presenta a la vista del influjo que Satanás ejerce a veces sobre la juventud.

Se nos refiere que el hijo de cierto hombre era lunático y padecía mucho, porque el espíritu malo lo estaba lanzando precipitadamente hacia la ruina del cuerpo y el alma. Era que estaba poseído del demonio, enfermedad que aunque era muy común en la época de nuestro Señor, es muy rara en nuestros días. Mas, fácil es comprender cuantas molestias causarían a los parientes y allegados del paciente. “En el infierno mismo,” dice un célebre escritor, “no podría presenciarse un padecer más intenso..

Pero Satanás ejerce un dominio espiritual sobre la juventud que es tan doloroso en sus consecuencias como la enfermedad de que trata el pasaje de que nos ocupamos. Jóvenes hay que parecen ser esclavos de la voluntad del maligno y haber cedido del todo a sus tentaciones. Hacen a un lado el temor de Dios y huellan sus mandamientos; rinden culto a la concupiscencia y al deleite; entréganse a toda clase de desordenes y excesos; desacatan los consejos de sus padres, maestros o párrocos; pierden todo miramiento por la salud, la reputación y el honor; y se empeñan tenazmente en perder cuerpo y alma temporal y eternamente. Son, en una palabra, esclavos voluntarios de Satanás.

Esto no obstante, ni aun respecto de ellos debemos jamás perder las esperanzas. Nuestro Señor Jesucristo tiene un poder infinito. Por duros que parezcan sus corazones, son susceptibles de conmoverse; por profunda que parezca su corrupción, aún pueden ser reformados. ¿Quién sabe si se arrepentirán y se convertirán? ¿Quién tiene derecho para decir que no? Los padres, los maestros y los párrocos no deben, pues, cesar de orar por ellos.

Llama la atención, en segundo lugar, el ejemplo notable que se nos presenta de la tendencia que la incredulidad tiene a debilitar las facultades del hombre.

Cuando los discípulos preguntaron a nuestro Señor por qué razón no habían podido lanzar fuera al demonio, El les contestó: “ Por vuestra infidelidad..

La fe es la causa principal del buen éxito en la campaña del cristiano: la incredulidad lo es de la derrota. Si nuestra fe se debilita y decae, todas las demás virtudes pierden su vigor. Los mismos Israelitas que atravesaron en triunfo el mar Rojo, retrocedieron ante el peligro, como cobardes, cuando llegaron a los límites de la tierra de promisión. El Dios que entonces los favorecía era el mismo Dios que los había sacado de la tierra de Egipto: el caudillo que los dirigía era el mismo Moisés que había obrado ante sus ojos tantas maravillas. Mas ya no tenían la misma fe, pues habían llegado a dudar del poder y el amor de Dios.

“No pudieron entrar a causa de la incredulidad.” Heb. 3.19.

Finalmente, de lo contenido en estos versículos se infiere, que no podrá derribarse el reino de Satanás sino con muchos y muy constantes esfuerzos. Esto es lo que parecen indicar las siguientes palabras con las cuales termina el pasaje: “ Este género de demonios no sale sino por oración y ayunos.”Tal vez los discípulos se habían engreído demasiado con el buen éxito que hasta entonces habían tenido; o quizá no habían cuidado durante la ausencia de su Maestro como durante su presencia de usar los medios conducentes al logro de su fin. Ello es que nuestro Señor les dio a entender de una manera inequívoca que no era sin trabajo que podía llevarse a cabo la lucha con Satanás; que si no hacían oraciones fervorosas y se imponían duros sacrificios, muchas veces saldrían mal librados de la lid.

Es un error grave el formar un cálculo exiguo de la fuerza del adversario. El que está con nosotros es mayor que el que está contra nosotros; mas no por eso debemos desentendernos de este. El es el príncipe de este mundo. “No solamente tenemos lucha con sangre y carne; sino con principados, con potestades.” Efes. 6.12. Es preciso que nos pongamos y que usemos la armadura de Dios. Efes. 6.11. Los que obtienen más triunfos contra el mundo, el demonio y la carne son los que en secreto oran más y los que “hieren su cuerpo y le ponen en servidumbre.” 1 Cor. 9.27.

Mateo 17:22-27

El suceso que se refiere en este pasaje no ha sido historiado por ninguno de los otros tres evangelistas. Tres puntos hay en la narración que merecen atención especial de parte del lector.

1. Que nuestro Señor tiene conocimiento perfecto de todo lo que se dice y se hace en este mundo. Es claro que El no estaba presente cuando los recaudadores del tributo le preguntaron a Pedro si su Maestro no pagaba las didracmas ; y, sin embargo, apenas acababa de entrar el apóstol en la casa, cuando le dijo: ¿Los reyes de la tierra de quién cobran el tributo o el censo? De esa manera demostró que estaba tan enterado de la conversación como si la hubiese oído.

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