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Mateo 16: Ciegos a las señales del cielo

Tan pronto como Jesús dijo aquello, Pedro reaccionó con violencia. Pedro había crecido con la idea de un mesías de poder y gloria y conquista. Para él, la idea de un Mesías doliente, el conectar la obra del mesías con una cruz, era increíble. Así es que «echó mano» de Jesús. Casi seguro el significado es que él puso sus brazos protectores alrededor de Jesús, como para impedirle que siguiera ese curso de acción suicida. «Eso -Le dijo Pedro- no debe y no puede sucederte.» Y entonces vino la gran reprensión que nos deja sin aliento: «¡Quítate de delante de Mí, Satanás!» Hay ciertas cosas que debemos captar para poder entender esta escena dramática y trágica.

Debemos tratar de captar el tono de la voz de Jesús. Podemos estar seguros de que no hubo un tono de ira en Su voz ni un destello de indignación en Sus ojos. Lo dijo con el corazón herido, con un dolor punzante y con una especie de horror insoportable. ¿Por qué reaccionó Jesús así?

En aquel momento volvieron a Él con una fuerza cruel las tentaciones con las que se había enfrentado en el desierto al empezar Su ministerio. Allí había sentido la tentación de seguir el camino del poder: «Dales pan, dales cosas materiales -Le dijo el tentador-, y Te seguirán.» «Dales sensaciones -Le dijo el tentador-, dales maravillas, y Te seguirán.» «Llega a un acuerdo con el mundo -Le dijo el tentador-, rebaja tu nivel, y Te seguirán.» Eran precisamente las mismas tentaciones las que Pedro Le presentaba a Jesús otra vez.

Tampoco estuvieron estas tentaciones totalmente ausentes de la menté de Jesús. Lucas ahondó en el corazón del Maestro cuando, al final de la historia de las tentaciones, escribió:: «Y cuando el diablo había agotado todas sus tentaciones, se apartó de Él hasta que surgiera otra ocasión propicia» (Luk_4:13 ). Una y otra vez el tentador Le lanzó su ataque. Nadie quiere una cruz; nadie quiere morir en agonía; hasta en el huerto de Getsemaní, esa misma tentación Le sobrevino a Jesús: la tentación de seguir otro camino.

Y aquí Pedro Se la está ofreciendo a Jesús. El carácter abrupto y violento de la respuesta de Jesús fue debido sin duda al hecho de que Pedro estaba sugiriéndole las mismas cosas que el tentador Le había estado sugiriendo todo el tiempo, las mismas cosas contra las que Él había cerrado Su corazón. Pedro estaba confrontando a Jesús con la manera de evitar la Cruz que hasta el fin se Le proponía.

Por eso fue Pedro Satanás. Satanás quiere decir literalmente el adversario. Por eso era por lo que las ideas de Pedro no eran las de Dios sino las de los hombres. Satanás es cualquier fuerza que trata de apartarnos del camino de Dios; Satanás es cualquier influencia que trata de desviarnos de camino difícil que Dios nos propone; Satanás es cualquier poder que trata de hacer que los deseos humanos ocupen el lugar del imperativo divino.

Lo que hizo la tentación más aguda fue el hecho de que viniera de uno que amaba a Jesús. Pedro habló de aquella manera solamente porque amaba a Jesús tanto que no podía soportar pensar que Él hollara ese terrible sendero y muriera esa muerte terrible. La tentación más dura de todas es la que nos viene de un amor protector. Hay veces cuando el amor entrañable trata de desviarnos de los peligros del sendero de Dios; pero el verdadero amor no es el que retiene al caballero en su castillo, sino el que le lanza a cumplir las demandas de su condición de caballero, que le son dadas, no para hacer la vida fácil, sino para hacerla grande. Es perfectamente posible para el amor el ser tan protector que busca defender a aquellos que ama de la aventura de la milicia del soldado de Cristo, y de las adversidades del camino del peregrino de Dios. Lo que realmente Le hirió el corazón a Jesús y Le hizo hablar de esa manera fue que el tentador utilizó en aquella ocasión el tierno pero equivocado amor del cálido corazón de Pedro.

EL DESAFÍO TRAS LA REPRENSIÓN

Antes de salirnos de este pasaje, es interesante considerar dos interpretaciones muy tempranas de la frase: «¡Ponte detrás de Mí, Satanás!» Orígenes sugirió que Jesús le estaba diciendo a Pedro: «Pedro, tu lugar está detrás de Mí, no delante de Mí. Tu cometido es seguirme en el camino que Yo escoja, no tratar de guiarme por el camino que tú quieres que vaya.» Si la frase se puede interpretar de esa manera, por lo menos algo de su acritud se elimina, porque no destierra a Pedro de la presencia de Cristo, sino simplemente le recuerda cuál es el lugar que le corresponde como seguidor que va por las huellas de Jesús. Es verdad para todos nosotros que siempre debemos seguir al camino de Cristo, y nunca intentar hacerle seguir el nuestro.

Un nuevo desarrollo de este dicho de Jesús lo encontramos a la luz de lo que le dijo a Satanás al final de las tentaciones que encontramos en Mat_4:10 . En la versión Reina-Valera ese texto dice: «Vete, Satanás,» y aquí: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!» -y en la nota se hace referencia al pasaje anterior. En el original, en 4:10 dice: «Hypague Satana,» y aquí se añaden dos palabras: « Hypague opiso mu, Satana,» es decir: «¡Vete, Satanás!,» y «¡Vete detrás de Mí, Satanás!»

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