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Mateo 15: Pureza e impureza legal

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Para combatir la impureza se desarrolló un complicado sistema de abluciones cada vez más elaboradas. Al principio se tenía el lavamiento de manos al levantarse por la mañana. Luego se desarrolló un sistema elaborado de abluciones que tenían que hacer los sacerdotes en el templo antes de comer la parte del sacrificio que les correspondía por oficio. Más tarde, estas complicadas abluciones se las exigían los más estrictos judíos ortodoxos a sí mismos, y también a todos los que pretendieran ser verdaderamente religiosos.

Edersheim, en La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, describe las más elaboradas de esas abluciones. Las jarras de agua se tenían preparadas para su uso antes de las comidas. La cantidad mínima de agua que se debía usar era la cuarta parte de un log, que se definía como la cantidad de agua necesaria para llenar una cáscara de huevo y media. El agua se derramaba primero sobre las dos manos manteniendo las puntas de los dedos hacia arriba,. y tenía que correr hasta la muñeca, desde donde ya se vertía, porque para entonces ya era impura por haber tocado las manos impuras, y si volvía a pasar otra vez por los dedos los contaminaría. El proceso se repetía con las manos en la posición contraria, con las puntas de los dedos hacia abajo; y luego, ya por último, se limpiaba cada mano restregándola con el puño cerrado de la otra. Un judío verdaderamente estricto hacía todo esto, no sólo antes de cada comida, sino también entre cada dos platos.

La pregunta que Le hicieron a Jesús los dirigentes de los judíos ortodoxos era: «¿Por qué Tus discípulos no cumplen las abluciones que establece nuestra tradición?»

Hablaban de las tradiciones de los ancianos. Para los judíos, la Ley tenía dos secciones. Estaba la Ley escrita, que estaba en la Sagrada Escritura; y estaba la ley oral, que incluía las deducciones, tales como los lavamientos de manos, que los escribas y los expertos habían desarrollado a través de muchas generaciones; y todas estas elaboraciones eran la tradición de los ancianos, y se consideraban tan obligatorias, si no más, como la Ley escrita. De nuevo debemos detenernos a recordar el punto principal: para los judíos ortodoxos todas estas ceremonias rituales eran la religión; era eso, ellos creían, lo que Dios demandaba. Hacer estas cosas era agradar a Dios y ser buenas personas. Para decirlo de otra manera: Todo este asunto de las abluciones rituales se consideraba tan importante y tan vinculante como los Diez Mandamientos. Identificaban la religión con un montón de reglas externas. Era tan importante lavarse las manos de una cierta manera como obedecer el mandamiento: «No codiciarás.»

QUEBRANTAR LA LEY DE DIOS PARA CUMPLIR LAS LEYES HUMANAS

Mateo 15:1-9

Jesús no contestó directamente la pregunta de los fariseos. Lo que hizo fue tomar un ejemplo del funcionamiento de/1a ley oral y ceremonial para mostrar que su observancia, lejos de ser obediencia a la Ley de Dios, podía convertirse en la contradicción de esa Ley.

Jesús dice que la Ley de Dios establece que una persona tiene que honrar a su padre y a su madre; y de ahí pasa a decir que si uno dice: «Es un don,» queda libre de la obligación de honrar a su padre y a su madre. Si miramos el pasaje paralelo de Marcos vemos que la frase característica era: «Es korbán.» ¿Qué quiere decir para nosotros este oscuro pasaje? De hecho puede tener dos sentidos, porque korbán tiene dos sentidos.

(i) Korbán puede querer decir lo que se Le ha consagrado a Dios. Ahora bien: supongamos que uno tiene un padre o una madre en pobreza y en necesidad, y supongamos que acuden a él con una petición de ayuda. Había una manera «legal» de evitar dársela. Podía dedicar todo su dinero y sus posesiones a Dios y al templo; sus propiedades serían entonces korbán, dedicadas a Dios; entonces le podía decir a su padre o a su madre: «Lo siento, no te puedo dar nada; todas mis posesiones están consagradas a Dios.» Podía usar una práctica ritual para evadir la obligación fundamental de ayudar y honrar a su padre y a su madre. Podía usar una ley de los escribas para borrar uno de los Diez Mandamientos.

(ii) Pero korbán tenía otro sentido, que es posible que sea el que tenga aquí. Korbán se usaba como fórmula de juramento o compromiso formal. Uno podía decirle a su padre o a su madre: «¡Korbán si algo de lo que yo tengo lo usara alguna vez para ayudarte!» Supongamos que más tarde a esa persona le remuerde la conciencia; supongamos que ha negado la ayuda en un momento de mal genio o de irritación; supongamos que cambia de actitud y se da cuenta de que, después de todo, tiene obligación de ayudar a sus padres. En tal caso, cualquier persona razonable diría que el hombre se había arrepentido genuinamente, y que su cambio de actitud era una buena cosa; y que, puesto que en última instancia estaba dispuesto a hacer lo que debía y obedecer la Ley de Dios, habría que animársele a que lo hiciera. Un escriba estricto diría: «¡No! Nuestra ley dice que no se debe incumplir ningún juramento.» Citaría Num_30:2 : «Cuando alguien haga un voto al Señor, o haga un juramento ligando su alma con alguna obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca.» El escriba razonaría jurídicamente: «Has hecho un juramento, y no puedes incumplirlo de ninguna manera.» Es decir: el escriba comprometería al hombre a cumplir un juramento impropio, dado en un momento de pasión, y que obligaba, a quebrantar la Ley suprema de la humanidad y de Dios.

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