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Mateo 15: Pureza e impureza legal

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3. Que el culto que agrada a Dios es el culto del corazón. Nuestro Señor enseñó esta verdad por medio de la siguiente cita tomada de la profecía de Isaías: «Este pueblo con su boca se acerca a mí, y con sus labios me honra; mas su corazón lejos está de mí..

El afecto del corazón es lo principal en las relaciones de los esposos, de los amigos, de los padres para con los hijos. Y el estado del corazón es lo principal en nuestras relaciones para con Dios. ¿Qué es lo primero que se necesita para ser verdaderos cristianos? La renovación del corazón. ¿Qué sacrificio es el que Dios exige? El corazón contrito y humillado. ¿Cuál es la verdadera circuncisión? La del corazón. ¿En que consiste la verdadera obediencia? En obedecer de corazón. ¿Cuál es la fe que salva? La que emana del corazón. ¿En dónde debe morar Cristo? En nuestros corazones. Persuadámonos de ello: todo culto que se rinda a Dios, ya sea público o privado, es completamente vano en tanto que nuestros corazones « estén lejos de El.»El Mesías dijo a la mujer samaritana, « Dios es espíritu; y menester es que aquellos que le adoran le adoren en espíritu y en verdad.» Joh_4:24

Mateo 15:10-20

Este pasaje contiene dos notabilísimas aserciones que hizo nuestro Señor: con referencia a las falsas doctrinas, la una; acerca del corazón humano, la otra.

Con referencia a las falsas doctrinas nuestro Señor dijo, que es nuestro deber oponernos a ellas, que infaliblemente tendrán al fin que desaparecer, y que no debemos atender a los que las enseñan. Sus palabras fueron estas: « Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejadlos..

Claramente se percibe al examinar con cuidado el pasaje, que los discípulos se sorprendieron al oír los términos enérgicos en que nuestro Señor atacó a los fariseos y sus tradiciones. Es bien probable que desde su más tierna edad los habían considerado como los hombres más sabios y más virtuosos; y que con tal motivo fue que se sorprendieron de que Jesús los llamase hipócritas, y los acusase de violar los mandamientos de Dios.

El significado de las palabras de nuestro Señor es, que las falsas doctrinas como las de los fariseos, eran plantas con las cuales no se debía usar ninguna indulgencia. No habiendo sido sembradas por su Padre celestial era preciso desarraigarlas, aunque muchos se ofendiesen de ello. No era un acto de caridad el dejarlas crecer, porque eran perjudiciales a las almas de los hombres. Poco importaba que los que las hubiesen sembrado fuesen hombres eruditos o de elevada posición. Si estaban en contradicción con la palabra de Dios, era preciso rechazarlas y atacarlas. Fuerza era, por lo tanto, que sus discípulos comprendiesen que tenían derecho para desechar toda enseñanza que no se armonizase con la Biblia, y para apartarse de todos los maestros que la defendiesen. Tarde o temprano habrían de ver que todas las falsas doctrinas serian demolidas y desacreditadas, y que solo lo que se funda en la palabra de Dios habría de permanecer.

Estamos, pues, en el deber imprescindible de rechazar las doctrinas falsas. Ni el temor de ofender ni el miedo de las censuras eclesiásticas debe hacernos guardar silencio cuando la verdad de Dios está en peligro. Si somos verdaderos discípulos del Señor, es preciso que combatamos decididamente el error.

Estamos también en el deber de abandonar a los falsos maestros, si no desechan sus errores. Ni la delicadeza mal entendida, ni una humildad fingida deben impedirnos el apartarnos del ministro que no se arregla a la palabra de Dios. Al someternos a una enseñanza anti-bíblica ponemos en riesgo nuestra salvación.

Tócanos, por otra parte, ejercer paciencia cuando vemos que abundan las falsas doctrinas. Podemos consolarnos con saber que no han de durar mucho tiempo.

Dios defiende la causa de la verdad. Tarde o temprano toda herejía será desarraigada. No es con armas materiales que debemos lidiar, sino con la paciencia, la predicación, las protestas y la oración.

Relativamente al corazón del hombre nuestro Señor dijo, en los versículos citados, que es la fuente de todo pecado y toda impureza. Los fariseos enseñaban que la santidad consistía en ciertos alimentos y bebidas, y en purificaciones y lavatorios. Según ellos, los que observasen sus tradiciones sobre este particular eran puros y limpios a los ojos de Dios, y todos los que las descuidasen eran culpables e impuros. Nuestro Señor combatió eficazmente esa ruin doctrina demostrándoles a sus discípulos que la fuente de la impureza del hombre no es externa sino interna. «Del corazón,» dice, « salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.» El que desee servir a Dios acertadamente necesita de algo más importante que los lavatorios del cuerpo: es preciso que se esfuerce por tener un corazón puro.

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