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Mateo 15: Pureza e impureza legal

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15.26-28 Perro era un término que los judíos por lo general aplicaban a todo gentil, porque los judíos consideraban que los paganos parecían perros al no recibir la bendición de Dios. Jesús no estaba degradando a la mujer al usar este término sino reflejando la actitud de los judíos en contraposición con la suya. La mujer no discutió. Usando las mismas palabras de Jesús, estuvo de acuerdo en ser considerada como perra siempre que pudiera recibir la bendición de Dios para su hija. Irónicamente, muchos judíos perdieron la bendición de Dios y la salvación porque rechazaron a Jesús y muchos gentiles hallaron salvación porque reconocieron a Jesús.

15.29-31 Muchos fueron llevados a Jesús por sanidad y El los sanó. Jesús todavía está dispuesto a curar vidas quebrantadas y nosotros podemos ser un puente entre la gente necesitada y Dios. ¿Conoce a alguien que necesite el toque sanador de Jesús? Los puede llevar a Jesús por medio de la oración o explicándoles la razón de su fe (1Pe_3:15). Luego deje que Jesús obre en ellos.

15.32ss Esta alimentación de cuatro mil es un milagro diferente del otro en que se alimentó a cinco mil (14.13-21), confirmado por Mar_8:19-20. Este fue el comienzo de la expansión del ministerio de Jesús entre los gentiles.

15.33 Jesús ya había alimentado a más de cinco mil hombres con cinco panes y dos peces. Ahora, en una situación similar, los discípulos quedaban perplejos otra vez. Con qué facilidad no rendimos en desesperación cuando enfrentamos situaciones difíciles. Como los discípulos, con frecuencia olvidamos que si Dios nos cuidó en el pasado, hará lo mismo ahora. Si está atravesando una situación difícil, recuerde lo que El hizo por usted y confíe en que lo puede repetir.

15.39 Magdala se hallaba en la costa oeste del Mar de Galilea. También es conocida como Dalmanuta (Mar_8:10). De esta región procedía María Magdalena.

Mateo 15:1-9

En estos versículos se nos refiere una conversación que tuvo lugar entre nuestro Señor Jesucristo y ciertos escribas y fariseos. Acaso se piense que en estos tiempos modernos el asunto de dicha conversación carezca de interés. Mas si bien se le examina, no es así en realidad. Los principios que los fariseos profesaban jamás perecen. Las verdades que este pasaje contiene son de grandísimo valor. Veamos cuáles son.

1. Que, por lo general, los hipócritas exageran la importancia de lo externo en religión.

Los escribas y fariseos presentaron ante Jesús un cargo contra sus discípulos. Y ¿sobre qué versaba? No dijeron que eran avaros o hipócritas; mentirosos o duros de corazón; o que hubiesen quebrantado la ley de Dios. Lo que dijeron fue que habían traspasado la tradición de los ancianos; pues no se habían lavado las manos para comer pan. Era que no habían observado una regla de mera autoridad humana que algún Judío decrépito había establecido. En esto consistía todo su crimen, todo su pecado.

Y, por desgracia, en nuestros días existe aún el espíritu farisaico. Hay millares de cristianos que, según parece, no se cuidan de que religión profesan sus prójimos, con tal de que concuerde con la suya en lo meramente externo. Guardémonos de semejante espíritu, pues es la verdadera esencia de la hipocresía.

Que nuestro principio sea el que encarnan estas palabras: «El reino de Dios no es comida ni bebida; sino justicia, y paz, y gozo en el Espirito Santo.» Rom.

14.7.

2. Que siempre que se agregue cosa alguna a la palabra de, Dios se corre gran riesgo de extraviarse de la verdadera senda. Cuando un hombre se empeña en hacer adiciones a la Escritura, por lo regular acaba por dar más valor al fruto de su ingenio que a las Escrituras mismas.

Nuestro Señor llamó la atención a esta verdad cuando dijo a los fariseos que habían acusado a sus discípulos: « ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición.» Y dio así un golpe decidido al sistema de agregar cosa alguna, como necesaria para la salvación, a la ya perfecta palabra de Dios. Para demostrar lo pernicioso del sistema se valió de un ejemplo, el cual fue el de los fariseos que por medio de sus adiciones habían invalidado el quinto mandamiento. De ese modo sentó el gran principio de que las tradiciones humanas tienden a anular la palabra de Dios.

La historia de la iglesia cristiana presenta muchas y muy dolorosas pruebas de esta gran verdad. Como muy bien ha dicho Baxter, «los hombres creen que las leyes de Dios son muy numerosas y demasiado estrictas, y sin embargo ellos confeccionan más y las observan con rigor.» Algunos hombres han elevado los cánones, las rúbricas y las leyes eclesiásticas sobre la palabra de Dios, y han castigado la contravención de ellas con más severidad que los pecados escandalosos como el de la embriaguez y el de la indelicadeza en el lenguaje. La Iglesia de Roma da una importancia tal a los votos monásticos, y a la observancia de fiestas y ayunos, que parece creerlos de más rigor que los deberes de familia y los preceptos del decálogo. Muchas personas hay también que son más escrupulosas en cuanto a la abstinencia de carne en cuaresma que respecto de la pureza de vida. Estos son hechos tristes que están demostrando que todavía existe el espíritu farisaico. No solo entre los Judíos sino también entre los cristianos se nota la tendencia a invalidar la palabra de Dios por medio de la tradición.

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