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Mateo 13: El Sembrador salió a sembrar

Pastor Lionel

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Así que en sus primeras etapas de crecimiento la cizaña no se puede distinguir del trigo, y al final tiene que separarse so pena de graves consecuencias.

La escena de un hombre sembrando cizaña aposta en el campo de otro no es solo figurada. Sucedía a veces. Hasta el día de hoy, una de las amenazas más horrendas que se pueden dirigir a un enemigo en la India es: «¡Te voy a sembrar mala semilla en tu campo!» Y en el derecho romano codificado se prohíbe este crimen y se establece su castigo.

Todas las escenas de esta parábola les eran familiares a las gentes de Galilea que la oyeron por primera vez.

LA HORA DEL JUICIO

Bien se puede decir que, por su enseñanza, esta es una de las parábolas más prácticas que contó Jesús.

(i) Nos enseña que hay siempre un poder hostil en el mundo, buscando y esperando destruir la buena semilla. Sabemos por experiencia que ambas influencias actúan en nuestra vida: la influencia que ayuda a florecer y producir la semilla de la Palabra, y la influencia que trata de destruir la buena semilla antes que pueda llegar a producir fruto. La lección es que debemos estar siempre en guardia.

(ii) Nos enseña lo difícil que es distinguir entre los que están en el Reino y los que no. Una persona puede parecer buena y ser de hecho mala; y otra, parecer mala, y sin embargo ser buena. Nos damos demasiada prisa a clasificar a las personas y ponerles la etiqueta de buena o mala sin conocer todos los Hechos.

(iii) Nos enseña a no precipitarnos en nuestros juicios. Si hubiera sido por los segadores, habrían tratado de arrancar la cizaña arrancando también el trigo. El juicio tenía que esperar a que llegara la siega. Cada persona será juzgada, no por una sola acción o etapa de su vida, sino por toda su vida. El juicio no se puede hacer hasta el final. Puede que una persona cometa una equivocación terrible, y luego se redima a sí misma y, por la gracia de Dios, expiarla viviendo dignamente el resto de su vida. Y una persona puede que viva honorablemente, y al final lo arruine todo con un colapso repentino en el pecado. Nadie que vea sólo una parte de una cosa puede juzgarla en su conjunto; ni nadie que no conozca a una persona nada más que en parte puede juzgarla en su totalidad.

(iv) Nos enseña que el juicio llega al final. No es precipitado, pero llega irremisiblemente. Puede que, humanamente hablando, el pecador parezca escapar las consecuencias en esta vida, pero hay otra vida por venir. Puede que, humanamente hablando, la bondad no parezca recibir nunca su recompensa, pero hay un mundo nuevo en el que se ajustarán los ejercicios del viejo.

(v) Nos enseña que el único que tiene derecho a juzgar es Dios. Dios es el único que puede discernir entre el mal y el bien, el único que ve la totalidad de la persona y su vida. Dios es el único que puede juzgar.

Así que, esta parábola contiene dos advertencias: una es que no debemos juzgar a nadie, y la otra es que, al final, vendrá el juicio de Dios.

EL COMIENZO MODESTO

Mateo 13:31-32

 

Jesús les propuso otra parábola:

 

-EL Reino del Cielo es como un granito de mostaza, que va uno y lo siembra en su campo. Es verdad que es la más pequeña de las semillas; pero cuando se desarrolla es la mayor de las hortalizas, hasta tal punto de que se hace un árbol, y los pájaros vienen a anidar en sus ramas.

La planta de la mostaza que se da en Palestina es muy diferente de la de otros países, pero igual que la de la Península Ibérica. Estrictamente hablando, no es la más pequeña de las semillas, porque aún es más pequeña la del ciprés, por ejemplo; pero era proverbial por su pequeñez en el Oriente, como sucede con el comino en español. Por ejemplo: los judíos hablaban de una gota de sangre tan pequeña como un granito de mostaza; o, refiriéndose a un punto minúsculo de la ley ceremonial dirían que era una trasgresión tan pequeña como un grano de mostaza; y el mismo Jesús usó esta expresión refiriéndose a la más mínima expresión de la fe (Mat_17:20 ).

En Palestina, la planta de la mostaza llegaba a ser casi como un árbol. Thomson dice en La Tierra y el Libro: «He visto esta planta tan alta como un caballo con su jinete en la fértil llanura de Akkar.» Y también: «Con la ayuda de mi guía arranqué una planta de mostaza auténtica que tenía más de tres metros de altura.» No se exagera en esta parábola.

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