Mateo 13: El Sembrador salió a sembrar

(b) El Cristianismo transformó la vida para los enfermos y los débiles. En la vida pagana, los débiles y los enfermos eran una molestia. En Esparta, cuando nacía un niño, se le sometía a examen: si era fuerte y sano se le permitía vivir; si era débil o tenía algún defecto se le exponía a la muerte en el monte. El doctor A. Rendle Short refiere que el primer asilo para los ciegos lo fundó Talasio, un monje cristiano; el primer consultorio médico gratuito lo fundó Apolonio, un comerciante cristiano; el primer hospital del que se tiene noticia lo fundó Fabiola, una dama cristiana. El Cristianismo fue la primera fe que se interesó por los destrozados por la vida.

(c) El Cristianismo transformó la vida para los ancianos. Lo mismo que los débiles, los ancianos eran una molestia. Catón, el escritor latino de cosas de agricultura, aconsejaba a los que se hicieran cargo de una granja: «Pasa revista al ganado, y pon a la venta lo que te convenga. Vende el aceite si te lo pagan bien, y lo mismo lo que te sobre del vino y los cereales. Vende los bueyes que estén agotados, el ganado defectuoso lanar y vacuno, la lana, las pieles, los carros viejos, los aperos desgastados, los esclavos viejos y los enfermos y todo lo que sea superfluo.» Los viejos que ya no rendían en el trabajo, ya no servían para nada y se abandonaban en los basureros de la vida: El Cristianismo fue la primera fe que consideró a los ancianos como personas, y no como instrumentos que habían dejado de servir para el trabajo.

(d) El Cristianismo transformó la vida para los niños. in el trasfondo inmediato del Cristianismo, la relación matrimonial estaba deshecha y el hogar en peligro de muerte. El divorcio era tan corriente que no tenía nada de particular ni de reprochar el que una mujer (se supone rica y aristocrática) cambiara de marido todos los años. En tales circunstancias, los niños eran un› desastre; y la costumbre de exponer los bebés a la muerte era trágicamente corriente. Hay una carta muy conocida de una tal Hilario, que se había ido a Alejandría, a su mujer, que seguía en casa: « Bueno, si tienes la suerte de que sea un niño lo que des a luz, déjale que viva; pero si es una niña, tírala.» En la civilización moderna, la vida casi se organiza en torno a los niños; en el mundo antiguo, un niño era corriente que muriera antes de empezar a vivir.

Cualquier oponente que pregunte qué ha hecho el Cristianismo por el mundo, se encuentra desarmado ante la respuesta de un cristiano. No hay nada en la Historia que esté más claro que el poder transformador de Cristo en la vida de la persona y de la sociedad.

LA ACCIÓN DE LA LEVADURA

Sólo nos queda por considerar una cuestión en relación con la Parábola de la Levadura. Casi todos los investigadores estarían de acuerdo en que nos presenta el poder transformador de Cristo y de Su Reino en la vida de la persona y del mundo; pero hay diferencias de opinión en cuanto a cómo actúa ese poder transformador.

(i) Algunas veces se dice que la lección de esta parábola es que el Reino obra de manera imperceptible. No podemos ver cómo actúa la levadura en la masa, lo mismo que no podemos ver crecer una flor; pero la acción de la levadura prosigue hasta conseguir su fin. Así tampoco podemos ver cómo actúa el Reino, pero siempre está actuando y acercando las personas y el mundo a Dios.

Según esto, aquí tendríamos un mensaje de aliento. Querría decirnos que siempre debemos ver las cosas a largo plazo, que no debemos comparar las cosas de hoy con las de la semana, o el mes, o el año pasados, sino que debemos considerar el transcurso de los siglos, y entonces veremos el progreso incesante del Reino. Como dice el poema de A. H. Clough:

No digas que la lucha no valía la pena, que el esfuerzo y las llagas se aplicaron en vano; que el contrario no ceja ni retrocede nunca, y que todas las cosas son lo mismo que siempre.

Si la ilusión se engaña, el miedo es mentiroso; ¿no ocultará esa nube de humo en lontananza a los tuyos que alcanzan al enemigo que huye, y que solo tú faltas por poseer la victoria?

Mientras las olas rompen cansadas en la arena sin parecer ganar ni una sola pulgada, allá atrás la marea entre rocas y riscos avanza silenciosa entrando incontenible.

No sólo las ventanas de Oriente lentamente adivinan la luz conforme el Sol se eleva; sino, ¡mirad!, a Occidente las lomas ya saltan jubilosas reflejando su luz.

Según esto, la parábola enseña que con Jesucristo y Su Evangelio ha inundado el mundo una nueva energía, y que, silenciosa pero inconteniblemente, está obrando a favor de la justicia en el mundo, y Dios está realizando Su propósito conforme cada año sucede al anterior.

(ii) Pero algunos han dicho a veces, C. H. Dodd por ejemplo, que la lección de la parábola es precisamente la contraria; y que, lejos de ser invisible, la acción del Reino está a la vista de cualquiera que tenga ojos para ver. La influencia de la levadura se puede ver claramente. En cuanto se mete en la masa, la transforma de algo insensible e inactivo en algo que burbujea y se hincha. Eso es precisamente lo que quieren decir las palabras levadura y leudar, de leváre, levar, levantar. Así de enérgico e inquietante es el obrar del Reino, y tan a la vista de todo el mundo. Cuando llegó el Evangelio a Tesalónica, sus habitantes decían preocupados: «¡Esos hombres que están poniendo el mundo patas arriba han llegado aquí también!» (Act_17:6 ). La acción del Evangelio es desintegradora, inquietante y violenta en sus efectos.

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