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Mateo 13: El Sembrador salió a sembrar

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Aquel día se marchó Jesús de la casa y Se sentó a la orilla del mar; y vino tanta gente a escucharle que Él se subió a una barca y se sentó, mientras toda la gente se quedaba de pie a la orilla; y Él les dijo muchas cosas por parábolas.

-¡Fijaos! -les dijo-. El sembrador salió a sembrar; y, cuando estaba sembrando, algunas semillas cayeron junto al sendero, y vinieron los pájaros y se las comieron. Algunas semillas cayeron en un terreno pedregoso, que no tenía mucha tierra; y, como no había profundidad de tierra, brotaron en seguida; pero cuando salió el sol, se agostaron y se secaron, porque no tenían bastante raíz. Otras semillas cayeron entre espinos, que crecieron y las ahogaron. Pero otras cayeron en buena tierra, y produjeron fruto, algunas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta por uno. El que tenga oídos, que se entere.

»Ahora escuchad el significado. de la Parábola del Sembrador. Cuando uno oye el Mensaje del Reino, pero no lo entiende, viene el maligno y hurta lo que se sembró en el corazón. Esto es lo que representa la semilla que cayó junto al sendero. EL significado de la semilla que se sembró en terreno pedregoso representa al que oye la Palabra, y la recibe en seguida con alegría; pero no tiene raíz en sí, sino que está a merced del momento; así que, cuando se presentan la aflicción y la persecución por causa de la Palabra, tropieza en seguida. La figura de la semilla que se sembró entre espinos representa al que oye la Palabra, pero los cuidados de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y no produce nada. La figura de las semillas que se sembraron en buena tierra representa al que oye la Palabra, y la entiende. Este sí que lleva fruto; y algunos producen a ciento por uno, otros a sesenta y otros a treinta por uno.»

Aquí tenemos un cuadro que cualquiera entendería en Palestina. Aquí vemos claramente a Jesús usando el aquí y ahora para llegar al allí y entonces.

Lo que es probable que estuviera sucediendo es que, cuando Jesús estaba usando la barca como púlpito, en uno de los campos cerca de la orilla había un sembrador sembrando en aquel momento; y Jesús tomó a aquel sembrador, al que todos podían ver, como texto de predicación, y empezó: « ¡Fijaos en ese sembrador que está sembrando la semilla en ese campo!» Jesús empezó por algo que en aquel preciso momento todos podían ver, para abrir sus mentes a la verdad que todavía no habían visto.

En Palestina tenían dos maneras de hacer la siembra. El sembrador podía ir lanzando la semilla mientras andaba arriba y abajo por su campo. Si soplaba el viento, se llevaría parte de la semilla a toda clase de sitios, y a veces hasta fuera del campo. La segunda manera era más perezosa, pero de uso corriente. Consistía en ponerle encima a un burro un saco de semilla, cortarle o abrirle un agujero y hacer que el animal recorriera el campo mientras la semilla iba cayendo. En este caso, también algunas semillas caerían en sitios menos preparados o cerca del sendero cuando se acercara por allí el animal o lo cruzara.

En Palestina los campos eran largos y estrechos, y estaban separados solo por los senderos, por los que podía pasar todo el mundo, lo que quiere decir que estaban endurecidos por el constante paso de gente y animales. Eso era lo que quería decir Jesús al hablar del borde del sendero. La semilla que cayera allí -y era normal que cayera alguna, de cualquier forma que se sembrara- no tenía más posibilidad de penetrar en la tierra que si hubiera caído en la carretera.

Lo que traducimos como el terreno pedregoso no es que estuviera lleno de piedras, sino algo corriente en Palestina: había una capa poco profunda de tierra sobre grandes lanchas de roca caliza. A lo mejor no había más que unos pocos centímetros de tierra encima de la roca. En tal caso, la semilla germinaría más pronto que en terreno más profundo, porque la tierra se calentaría antes cuando saliera el sol; pero cuando las raíces tiraran para abajo buscando nutrientes y humedad, se encontrarían con la roca, y el sol se encargaría de agostar la poca vida que tuviera.

El terreno espinoso engañaba. Cuando se estaba sembrando, parecería bastante limpio. Es fácil hacer que un terreno parezca limpio simplemente labrándolo; pero si siguen por debajo las raíces fibrosas de la grama, de las ortigas y de las zarzas, entre otras plantas parásitas perennes, se apoderarán del terreno disponible a la primera oportunidad. Cualquier labrador sabe que las malas yerbas crecen más deprisa y más fuertes que ninguna planta cultivada. El resultado fue que la buena semilla y las malas que estaban latentes crecieron juntas; pero los hierbajos eran tan fuertes que estrangularon las buenas plantas.

El buen terreno era profundo y suave y limpio; la semilla podía introducirse; podía encontrar alimento; podía crecer sin impedimento; y produjo una cosecha abundante.

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