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Mateo 12: Quebrantando la ley del sábado

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Es alucinante encontrar una referencia a un pecado imperdonable en los labios de Jesús el Salvador de la humanidad. Tanto es así que alguna han tratado de limar la agudeza del carácter definitivo del significado. Lo toman como un ejemplo de la manera gráfica oriental de hablar como, por ejemplo, cuando Jesús dijo que uno tiene que odiar padre y madre para ser de veras Su discípulo; y que no se ha de entender en todo su terrible sentido literal, sino simplemente en el sentido de que el pecado contra el Espíritu Santo es de suma gravedad.

Esa interpretación se apoya con las citas de algunos pasajes del Antiguo Testamento: «Pero la persona que haga algo con soberbia, sea el natural o el extranjero, ultraja al Señor; esa persona será eliminada de en medio de su pueblo. Por cuanto tuvo en poco la palabra del Señor y menospreció Su mandamiento, esa persona será eliminada por completo y su pecado caerá sobre ella» (Números 1 S: 30s). «Por tanto Yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas» (1Sa_3:14 ). «Esto fue revelado a mis oídos de parte del Señor de los ejércitos: «Este pecado no os será perdonado hasta que muráis,» dice el Señor Dios de los ejércitos» (Isa_22:14 ).

Se pretende que estos textos dicen exactamente lo mismo que Jesús dice aquí, y que están simplemente haciendo hincapié en la gravedad del pecado en cuestión. Sólo podemos decir que estos textos del Antiguo Testamento no tienen el mismo aire ni tampoco producen la misma impresión. Hay algo mucho más alarmante al oír lo que dice acerca del pecado que no tiene perdón el Que es la encarnación del amor de Dios.

Hay una parte de este dicho que es por demás alucinante. En la Reina-Valera se presenta a Jesús diciendo que el pecado contra el Hijo del Hombre es perdonable, mientras que el pecado contra el Espíritu Santo es imperdonable. Si tomamos esas palabras al pie de la letra no cabe duda que es un dicho difícil. Mateo ya ha dicho que Jesús es la piedra de toque de toda verdad (Mat_10:32 s); y es difícil comprender dónde está la diferencia entre los dos pecados.

Pero bien puede ser que aquí no se comprendió lo que Jesús quería decir. Ya hemos visto (cp. la explicación de Mat_12:16 ) que la frase hebrea un hijo de hombre quiere decir lo mismo que un hombre, y que los judíos usaban esta frase cuando se referían a cualquier persona. Cuando nosotros diríamos: «Había un hombre…», los rabinos decían: «Había un hijo de hombre…» Puede ser que lo que dijera Jesús fuera: «Si uno dice algo contra una persona, se le puede perdonar; pero si dice algo contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.»

Es completamente posible que malentendamos a un mero mensajero humano de Dios; pero no podemos malentender -excepto deliberadamente- lo que Dios nos dice por medio de Su propio Espíritu Santo. Un mensajero humano siempre está expuesto a la confusión; pero el Mensajero divino habla tan claramente que solo se Le puede malentender cuando no se Le quiere entender. Esta interpretación hace este dicho más comprensible, si consideramos que la diferencia entre los dos pecados está en que uno es contra un mensajero humano de Dios, lo cual ya es bastante serio pero no imperdonable, y un pecado contra el Mensajero divino, que es totalmente intencionado y que, como veremos, puede llegar a ser imperdonable.

LA CONCIENCIA PERDIDA

Tratemos ahora de entender lo que quería decir Jesús con el pecado contra el Espíritu Santo. Tenemos que tener en cuenta que Jesús no estaba hablando del Espíritu Santo en el pleno sentido cristiano del término. Eso habría sido imposible, porque tenía que llegar Pentecostés para que el Espíritu Santo viniera sobre los creyentes en todo Su poder y luz y plenitud. Tenemos que interpretar este dicho a la luz de las concepción judía del Espíritu Santo.

Según la enseñanza judía, el Espíritu Santo tenía dos funciones supremas. La primera, el Espíritu Santo traía la verdad de Dios a las personas; la segunda, el Espíritu Santo capacitaba a las personas a reconocer y comprender esa verdad cuando les llegaba. Así que una persona, según los judíos, necesitaba al Espíritu Santo tanto para recibir como para reconocer la verdad de Dios. Podríamos decirlo de otra manera:

El Espíritu de Dios le ha dado a la persona una facultad que le permite reconocer la bondad y la verdad cuando las ve.

Ahora debemos dar otro paso en nuestro intento de comprender lo que quería decir Jesús. Una persona puede perder una facultad si se niega a usarla. Esto es verdad en cualquier esfera de la vida. Es verdad físicamente: si se dejan de usar ciertos músculos, se atrofian. Es verdad intelectualmente: muchas personas llegaron a saber algo de latín o de trigonometría, por ejemplo, cuando iban al instituto; pero lo han olvidado casi completamente porque no lo han practicado. Es verdad de cualquier clase de percepción: uno puede perder el gusto por la música clásica si no escucha nada más que música barata; puede perder la capacidad de la lectura si no lee nada que valga la pena; puede perder la facultad de disfrutar de un placer limpio y sano si no cultiva nada más que los que ensucian y degradan.

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