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Mateo 12: Quebrantando la ley del sábado

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En los tiempos del levantamiento bajo Judas Macabeo, algunos judíos buscaron refugio en las cuevas del desierto. Antíoco mandó un destacamento de hombres a atacarlos; el ataque se hizo en sábado; y aquellos insurgentes judíos murieron sin hacer el menor gesto de lucha o de defensa, porque a ellos no les estaba permitido pelear en sábado. 1 Macabeos nos cuenta que las fuerzas de Antíoco «les dieron la batalla a toda prisa. A pesar de que ellos no reaccionaban, ni siquiera arrojándoles una piedra ni cerrando los lugares en los que estaban escondidos; sino dijeron: «Muramos en nuestra inocencia: el Cielo y la Tierra testificarán a nuestro favor, que nos habéis dado la muerte injustamente.» Así es que los atacaron en sábado, y los masacraron con sus mujeres y niños y ganado, un número como de un millar» (1 Macabeos 2:31-38). Hasta en una crisis nacional, los judíos no pelearían en sábado ni siquiera para salvar la vida ni para proteger a sus seres queridos.

Fue por cumplir la ley del sábado los judíos por lo que Pompeyo pudo tomar Jerusalén. En la antigua técnica militar era costumbre que los atacantes erigieran una estructura imponente por encima de las fortificaciones de la ciudad sitiada, desde cuya altura atacaban las defensas. Pompeyo construyó su terraplén un sábado, mientras los judíos se limitaban a mirar sin hacer nada para pararla: Josefo dice: «Si no hubiera sido por la costumbre, desde los días de nuestros antepasados, de descansar el séptimo día, ese terraplén no se habría completado nunca, por la oposición que los judíos habrían ofrecido; porque aunque nuestra ley nos daba permiso para defendernos contra los que empezaban a pelear contra nosotros y asaltarnos (esto era una concesión), sin embargo no nos permite oponernos a nuestros enemigos cuando están haciendo otra cosa» (Josefo: Antigüedades 14.4.2).

Josefo recuerda la sorpresa del historiador griego Agatárquides por cómo se le permitió capturar Jerusalén a Tolomeo Lagos. Agatárquides escribió: «Existe un pueblo llamado los judíos, que vive en una ciudad de las más fuertes, que sus habitantes llaman Jerusalén, y que tienen costumbre de descansar cada séptimo día; ese día no hacen uso de sus armas, ni trabajan el campo, ni se ocupan de ninguno de los negocios de la vida, sino extienden sus brazos en sus lugares santos, y oran hasta la tarde. Ahora bien: Sucedió que cuando Tolomeo el hijo de Lagos llegó con su ejército a esa ciudad, aquella gente, cumpliendo su loca costumbre, en vez de guardar la ciudad permitieron que su país fuera sometido a un señor cruel; y se demostró claramente que su Ley les había impuesto una práctica estúpida. Este suceso enseñó a todos los hombres menos a los judíos a descartar tales sueños, y a no seguir semejantes sugerencias perezosas transmitida como una ley cuando en tal incertidumbre de razonamiento humano no saben lo que deben hacer» (Josefo Contra ApióNum_1:22

LAS CUALIDADES DEL SIERVO DEL SEÑOR

Mateo 12:15-21

Cuando Jesús Se enteró de lo que estaban tramando, se retiró de allí. Y Le seguía mucha gente, y Él los sanaba a todos, pero les insistía mucho en que no Le hicieran publicidad. Todo esto sucedía así en cumplimiento de la palabra que vino por medio del profeta Isaías, que dijo:

«¡Fijaos en Mi Siervo, Mi Elegido, Mi Amado, en Quien Mi alma se deleita! Pondré Mi Espíritu sobre Él, y ÉL declarará a las naciones lo que es la justicia. No se enfrentará con nadie, ni gritará, ni se oirá Su voz por las calles.

No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo humeante, hasta que envíe por doquier Su juicio triunfador, y en Su nombre pongan los gentiles su esperanza.»

Dos cosas que encontramos aquí acerca de Jesús muestran que Él nunca confundió la temeridad con el coraje. En primer lugar, de momento se retiró. Todavía no había llegado la hora para una colisión frontal. Jesús tenía mucho que hacer antes que la Cruz le tomara en sus brazos. En segundo lugar, Él prohibía a la gente que Le rodeara de publicidad. Sabía demasiado bien cuántos falsos mesías habían surgido; sabía demasiado bien lo inflamable que era la gente. Si se difundía la idea de que había surgido Alguien con poderes maravillosos, seguro que surgiría una rebelión política y se perderían vidas innecesariamente. Jesús tenía que enseñar que el mesiazgo no consistía en un poder demoledor sino en un servicio sacrificial, no un trono sino una cruz, antes de que pudieran divulgar Su historia.

La cita que usa Mateo para compendiar la obra de Jesús es de Isa_42:1-4 . En cierto sentido es una cita curiosa, porque en primera instancia se refería a Ciro, el rey persa (cp. Isa_45:1 ). La referencia original de la cita era que Ciro iba barriendo territorios con sus conquistas; y el profeta veía esas conquistas como parte del plan deliberado y definido de Dios. Aunque él no lo sabía, el persa Ciro era un instrumento de Dios. Además, el profeta veía a Ciro como un conquistador benigno, lo cual era en realidad. Pero aunque las palabras originales se refirieran a Ciro, el total cumplimiento de la profecía vino indudablemente en Jesucristo. En su día, el rey persa dominó el mundo oriental; pero el verdadero Señor de todo el mundo es Jesucristo. así que vamos a ver lo maravillosamente que Jesús cumplió esta profecía de Isaías.

(i) Él diría a las naciones lo que es la justicia. Jesús vino a traer la justicia a la humanidad. Los griegos definían la justicia como dar a Dios y a los hombres lo que les es debido. Jesús mostró a la humanidad cómo vivir de tal manera que tanto Dios como los seres humanos ocupan el lugar que les corresponde en nuestras vidas. Nos mostró cómo debemos comportarnos con Dios y con nuestros semejantes.

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