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Mateo 12: Quebrantando la ley del sábado

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Lo que llama luego nuestra atención en el pasaje de que nos ocupamos, es el consolador bosquejo déla bondad de Jesucristo que el Evangelista cita del profeta Isaías. Helo aquí: «La caña cascada no quebrará; y el pabilo que humea no apagará..

¿Qué quieren decir «la caña cascada» y «el pabilo que humea «? Estas expresiones son, sin duda, figuradas. La explicación más sencilla en nuestro concepto es que el Espíritu Santo describió por boca del profeta aquellos cuya gracia es débil, cuyo arrepentimiento es vacilante y cuya fe es pequeña. Hacia tales personas nuestro Señor Jesucristo será muy tierno y compasivo. Por tenue que sea la caña cascada, no será quebrada: por pequeña que sea la chispa en el pabilo que humea, no será apagada. A los ojos del Señor la gracia, el arrepentimiento y la fe, por débiles que sean, tienen mucho valor.

Cometemos un error muy grave si no alentamos a los que empiezan a sentir dentro de sí el germen de la fe y del arrepentimiento. Es preciso que no olvidemos que una chispa es preferible a una oscuridad completa y un poco de fe a la total carencia de ella.

Mateo 12:22-37

Este pasaje contiene verdades difíciles de entender. Los teólogos más eruditos no han podido explicar por completo la naturaleza del pecado contra el Espíritu Santo. No es difícil fundar en la Escritura una definición negativa de dicho pecado, es decir, una definición en que se exprese lo que no es; pero sí, es muy difícil construir una definición afirmativa, o sea una definición en que se exprese lo que es. Ni debemos extrañar esto: la Biblia no seria el libro do Dios si no tuviera aquí y allí pasajes de profundidad insondable. Antes bien, demos gracias a Dios que aun de versículos cómo los arriba trascritos pueden deducirse verdades que están al alcance de las personas más iliteratas.

De este pasaje deducimos primeramente la de que, para los enemigos de la religión, ningún dicterio es demasiado blasfemo para lanzar contra ella. Nuestro Señor arrojó un demonio, y al punto los fariseos exclamaron que lo había hecho con el auxilio del príncipe de los demonios.

La acusación era peregrina. Nuestro Señor hizo ver cómo era fuera de razón suponer que el diablo ayudase a derrocar su propio reino, y Satanás a arrojar fuera a Satanás. Más cuando los hombres se oponen a la religión no reparan en las expresiones que emplean. Los fariseos no han sido las únicas personas que han hollado la lógica, el sentido común, y la prudencia, al atacar el Evangelio de Jesucristo.

Á menudo se hacen contra hombres del carácter más intachable cargos espantosos é infundados. Y no debemos sorprendernos de ello: si al mismo Padre de familias llamaron Belcebú ¿cuánto más a los de su casa? El ardid es antiguo: cuando no se pueden contestar los argumentos del cristiano ni negar sus obras, no lea queda a los malos otro recurso que el de denigrar su reputación. Mas la calumnia no puede privar del cielo al creyente. En el último día será sincerado De este pasaje se deduce, en segundo lugar, que es imposible ser neutral en materias de religión. El que no es con Jesucristo, contra El es; y el que con El no recoge, esparce.

En todos los siglos ha habido personas que se han esforzado en tomar un partido medio en religión, que han percibido las verdades del Cristianismo cuando se les han presentado, mas han tenido temor de hacer profesión de ellas. A causa de esa percepción se han lisonjeado con la idea de que no han sido tan malos como otros hombres; y sin embargo no han aceptado para sí la norma de fe y de conducta establecida por nuestro Señor Jesucristo. No son discípulos decididos del Redentor, mas tampoco son sus enemigos declarados. Nuestro Señor dijo que tal posición era peligrosa. En religión solo hay dos bandos.

¿Estamos con Cristo y trabajamos a favor de su causa? Si así no fuere, estamos contra El. ¿Estamos haciendo bien en el mundo? Si así no fuere, estamos causando mal.

De estos versículos se deduce, en tercer lugar, que los pecados más graves son tos que se cometen con pleno conocimiento.

Esto se infiere de las palabras que nuestro Señor dijo acerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Difícil como es interpretarlas, parecen, sin embargo, probar con suficiente claridad que en los pecados hay grados. Las ofensas que resulten de la ignorancia acerca de la misión del Hijo del hombre no serán castigadas con tanta severidad como aquellas en que incurran los que rechacen la clara luz del Espíritu Santo. Cuánto más brillante sea la luz, tanto mayor será la culpabilidad de los que la rechazan. El hombre que rehúse arrepentirse y creer será tanto más culpable cuanto más profundo sea el conocimiento que posea del Evangelio.

Ni es el de que nos ocupamos el único pasaje de las Escrituras en que se enseña esta doctrina. San Pablo escribió a los Hebreos lo siguiente: « Es imposible que los que una vez recibieron la luz, y que gustaron el don celestial, y que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo….y han caído en apostasía, sean renovados de nuevo por arrepentimiento.» «Si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados; sino una horrenda expectación de juicio.» Heb_6:4-7, y 10 : 26, 27.

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