Mateo 10: Los Mensajeros del Rey

Está bien claro qué .-éstas son tres versiones del mismo dicho. Marcos es el -más primitiva de los tres, y por tanto la versión de Marcos es la que tiene más probabilidades de ser estrictamente exacta. Marcos dice que había algunos de los que estaban escuchando a Jesús que no morirían antes de ver el Reino de Dios viniendo con poder. Eso fue gloriosamente cierto, porque a los treinta años de la Cruz el mensaje del Cristo Crucificado y Resucitado se había extendido por todas partes y había llegado a Roma, la capital dei mundo. Era cierto que muchos estaban entrando en el Reino; era cierto que el Reino estaba viniendo con poder. Lucas transmite el dicho en la misma forma que Marcos.

Ahora fijaos en Mateo. Su versión es ligeramente diferente: dice que hay algunos que no morirán hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo con poder. Eso, literalmente, no sucedió. La explicación es que Mateo estaba escribiendo entre los años 80 d.C. y 90 d.C., cuando estaba teniendo lugar una terrible persecución. Los cristianos se aferraban a todo lo que recordara la prometida liberación de la agonía; y él tomó el dicho que anunciaba la difusión del Reino y lo expresó de una manera que anunciaba la Segunda Venida de Cristo en la vida de una persona… ¿Y quién se lo reprocharía?

Eso es lo que ha hecho aquí Mateo. Tomad este dicho de nuestro pasaje y escribidlo como lo habrían escrito Marcos y Lucas: «No completaréis vuestro recorrido de las ciudades de Israel antes que venga el Reino de Dios.» Esa fue una verdad bendita; porque a medida que iban avanzando en su misión, los corazones se iban abriendo a Jesucristo y recibiéndole como Maestro y Señor.

En un pasaje como este no debemos pensar que Jesús se equivocó, sino más bien que Mateo interpretó la promesa de la venida del Reino como una promesa de la Segunda Venida de Jesucristo. Y lo hizo porque en días de terror los creyentes se aferraban a la esperanza de Cristo; y Cristo vino para ellos en el Espíritu, porque nadie sufrió jamás por Cristo a solas.

EL MENSAJERO DEL REY Y LOS SUFRIMIENTOS DEL REY

Mateo 10:24-25

El alumno no está por encima de su maestro, ni el esclavo por encima de su amo. Ya es bastante para el alumno el ser como su maestro, y para el esclavo ser como su amo. Si al Amo de la casa Le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más se lo llamarán a los de Su casa!

Jesús advirtió a Sus discípulos que debían esperar que les sucediera a ellos lo que Le sucedió a El. Los judíos conocían muy bien el dicho: « Bástele al esclavo ser como su amo.» En años sucesivos habrían de usarla con un sentido especial. En el año 70 d.C. Jerusalén fue destruida, y de tal manera que se pasó un arado por sus ruinas. El templo de Dios y la ciudad de Dios quedaron en ruinas. Los judíos se dispersaron por todo el mundo, y muchos de ellos lamentaron e hicieron duelo de la suerte terrible que les había correspondido a ellos personalmente. Fue entonces cuando los rabinos les dijeron: «Cuando el templo de Dios ha sido destruido, ¿cómo puede ningún judío lamentar sus propias desgracias personales?»

En este dicho de Jesús hay dos cosas.

(i) Hay una advertencia: la de que, como Jesús tuvo que llevar una cruz, también cada cristiano individual debe llevar una cruz. La palabra que se usa para los miembros de su casa es una sola en griego, oikiakoi. Esta palabra tiene un sentido técnico: se refiere a los miembros de la casa oficial de un gobierno: es decir, los miembros del gobierno. Es como si Jesús dijera: «Si Yo, el supremo dignatario y jefe del ejército, debo sufrir, vosotros que estáis a mis órdenes en mi gobierno no podéis salir mejor parados.» Jesús nos llama a participar, no sólo de Su gloria, sino también de Su sacrificio. Cuando el ser cristiano conlleva dificultades, nos podemos decir, no sólo: «Hermanos, estamos recorriendo el camino que anduvieron los santos,» sino también: «Hermanos, vamos por el camino que hollaron los mismos pies de Cristo.»

Siempre es emocionante pertenecer a una noble compañía. Eric Linklater cuenta en su autobiografía su experiencia en la desastrosa marcha de retirada de la Primera Guerra Mundial. Estaba en la compañía Black Watch, que después de la batalla había quedado reducida a un oficial, treinta soldados y un gaitero. «Al día siguiente, marchando pacíficamente a la luz de la mañana de Francia por un camino vecinal, nos encontramos con los fragmentos deshilachados de un batallón de los Foot Guards; y el gaitero, dándole aliento a su gaita, y tañéndola de tal manera que llenaba todo el aire como si fuera toda la banda de la División de las Highlands, saludó a los altos Coldstreamers, a los que les quedaban un tambor o dos y algunos instrumentos de bronce que también iban haciendo una música gallarda. Tiesos nos pasamos, hinchando el pecho, mirando a la derecha, con las faldas escocesas balanceándose en respuesta al contoneo de los Guards, y con el pompón rojo en las boinas en prueba de una fe machacada pero en recuperación. Estábamos sin afeitar y llenos de barro. Los Guards -los cincuenta que quedaban del batallón- estaban con los botones brillantes y bien afeitados -nosotros parecíamos mineros recién salidos de las minas de carbón de Fife o de las chabolas de Dundee, pero pisábamos a paso rápido al compás marcial de nuestra canción escocesa «Hielan› Laddie», y de pronto me encontré gritando de pura juerga y alegría de encontrarme en tal compañía.» Una de las grandes emociones de la vida es estar en buena compañía y pertenecer a una gran comunidad.

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