Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Marcos 7: Limpio e inmundo

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Ayúdanos a continuar esta Obra

Cuando Jesús llegó otra vez a la región de Galilea, pasó por el distrito de la Decápolis, y fue allí donde Le trajeron a un hombre que era sordo y tenía un impedimento en el habla. Lo más probable es que las dos cosas estuvieran relacionadas; sería su incapacidad para oír lo que hiciera su habla tan imperfecta. No hay milagro que nos muestre más hermosamente la manera que tenía Jesús de tratar con las personas.

(i) Jesús apartó al hombre de la multitud. Aquí tenemos una consideración de lo más tierna. Los sordos siempre tienen un sentido del ridículo muy agudo. En algunos sentidos es más vergonzoso ser sordo que ser ciego. Un sordo sabe que no puede oír; y cuando alguien de la multitud le grita y trata de hacerlo comprender algo, por su nerviosismo se coloca en una situación aún más desesperada. Jesús mostró la consideración más sensible hacia los sentimientos de un hombre para quien la vida era muy difícil.

(ii) En todo este episodio Jesús representa lo que está haciendo con gestos, como en una escena muda. Puso las manos en los oídos del hombre y le tocó la lengua con saliva. En aquel tiempo se creía que la saliva tenía una cualidad curativa. El historiador romano Suetonio cuenta un incidente de la vida del emperador Vespasiano. « Sucedió que un cierto plebeyo totalmente ciego y otro hombre que tenía una pierna coja y débil se llegaron juntos a él cuando estaba sentado en el tribunal, suplicándole la ayuda y el remedio para sus dolencias que les había revelado Serapis en sueños: que el Emperador habría de restaurarle al uno la vista con solo escupirle en los ojos, y fortalecerle la pierna al otro simplemente consintiendo tocársela con su talón. Ahora bien: aunque Vespasiano no podía creer en la eficacia de esos gestos, y por tanto no se atrevía ni a hacer la prueba, por último, ante la insistencia de sus amigos, probó los dos medios en presencia de la asamblea, y resultaron efectivos» (Suetonio, Vida de Vespasiano 7). Jesús elevó la mirada al cielo para mostrar que la ayuda había de venir de Dios. Entonces dijo la palabra, y el hombre fue sanado.

Todo el relató nos muestra claramente que Jesús no consideraba a aquel hombre meramente como un caso clínico; le consideraba una persona individual. Aquel hombre tenía una necesidad y un problema especiales, y con la consideración más tierna, Jesús le trató de una manera que respetaba sus sentimientos y que él podía entender.

Cuando concluyó la curación, la gente declaró que Jesús había hecho todas las cosas bien. Ese había sido el veredicto de Dios cuando completó Su propia creación en el principio

(Gen_1:31 ). Cuando vino Jesús trayendo sanidad a los cuerpos y salvación a las almas, empezó una nueva creación. En el principio, todo había sido bueno; el pecado humano lo había echado todo a perder; y ahora Jesús estaba devolviéndole la belleza de Dios al mundo afeado por el pecado humano.

Mar 7:1-37

7.1ss Los líderes religiosos enviaron investigadores desde su sede en Jerusalén para que observaran a Jesús. No les gustó lo que encontraron, porque Jesús los increpó por guardar la Ley para parecer santos y no para honrar a Dios. El profeta Isaías acusó de lo mismo a los líderes religiosos de sus días (Isa_29:13). Jesús uso las palabras de Isaías para acusar a esos hombres.

7.3, 4 Marcos explicó estos rituales porque escribía a personas que no eran judías. Antes de cada comida, los judíos devotos llevaban a cabo una breve ceremonia, lavándose manos y brazos de cierta manera. Para ellos era un símbolo de que estaban limpios de cualquier contacto que pudieran haber tenido con alguna cosa considerada impura. Jesús dijo que los fariseos estaban equivocados al pensar que serían aceptos a Dios solo porque se lavaban por fuera.

7.6, 7 Hipocresía es pretender ser algo que no se es, sin tener intención de serlo. Jesús llamó a los fariseos hipócritas porque adoraban a Dios no porque lo amaran, sino porque les beneficiaba, los hacía parecer santos y fortalecía su posición social en la comunidad. Somos hipócritas si: (1) damos más importancia a la reputación que al carácter, (2) cumplimos con rigor ciertas prácticas religiosas, pero dejamos que nuestros corazones se mantengan lejos de Dios, y (3) destacamos nuestras virtudes y los pecados de los demás.

7.8, 9 Los fariseos agregaron cientos de sus reglas y regulaciones insignificantes a las santas leyes de Dios, y trataban de forzar a la gente a que las obedecieran. Decían que conocían la voluntad de Dios para cada detalle de la vida. Los líderes religiosos de hoy en día también tratan de agregar reglas y reglamentos a la Palabra de Dios, con lo que provocan no poca confusión entre los creyentes. Es idolatría pretender que nuestra interpretación de la Palabra de Dios es tan importante como la Palabra de Dios misma. Es sobre todo peligroso fijar parámetros no bíblicos para que otros los cumplan. En lugar de eso busquemos en Cristo la dirección para nuestra conducta y dejemos que El guíe a los demás en los detalles de sus vidas.

Deja una respuesta

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Carta de la vida

Hola. Me conoces. Me llamo Vida, sí, soy tu Vida. Soy muy hermosa. ¿Lo sabías? Observa la naturaleza. Tiene un encanto especial para cada momento.

Artículo Completo

Todo es Posible

Roberta de apenas dieciséis años, fue abandonada por su esposo, obligándola a criar sola a sus dos hijos. Viví­a en México, en extrema pobreza, no

Artículo Completo

La adopcion

En el mundo neotestamentario era común que un griego sin hijos adoptara un esclavo fuerte e inteligente para perpetuar su nombre, cuidarlo en su vejez

Artículo Completo