Marcos 7: Limpio e inmundo

Tiro se, encontraba a 65 kilómetros al Noroeste de Cafarnaum, Su nombre quería decir La Roca. Se llamaba así porque había en la costa dos peñascos unidos por un acantilado de mil metros de longitud. Esto formaba un rompeolas natural, y Tiro era uno de los grandes puertos naturales del mundo antiguo. Las rocas no eran simplemente un rompeolas, sino también una defensa; y Tiro era famosa, no sólo como puerto, sino también como fortaleza. Fue de Tiro y de Sidón de donde salieron los primeros marinos que navegaron mirando a las estrellas. Hasta que se aprendió a encontrar el camino en la mar mirando a las estrellas, los barcos tenían que mantenerse a la vista de la costa, y detenerse por las noches; pero los marineros fenicios recorrieron el Mediterráneo y pasaron las Columnas de Hércules, el Estrecho de Gibraltar, y llegaron a Gran Bretaña y a las minas de estaño de Comwall. Puede ser que hasta se aventuraran a circunnavegar África.

Sidón estaba a 45 kilómetros al Nordeste de Tiro, y a 100 kilómetros al Norte de Cafarnaum. Tenía, lo mismo que Tiro, un rompeolas natural que lo convertía en otro puerto extraordinario. Su origen como puerto y ciudad era tan antiguo que no se recordaba quién había sido su fundador.

Aunque las ciudades fenicias eran parte de Siria, eran independientes y rivales. Tenían sus propios reyes, sus propios dioses y su propia moneda. En un radio de 25 ó 30 kilómetros eran supremas. Hacia fuera miraban al mar; tierra adentro, a Damasco; y los barcos del mar y las caravanas de muchas tierras fluían a través de ellas. Sidón acabó por perder su comercio y grandeza frente a Tiro, y su sumergió en una degeneración desmoralizada; pero los marineros fenicios siempre serán recordados como los primeros que encontraron su camino en el mar siguiendo a las estrellas.

(i) Así que la primera cosa extraordinaria que nos encontramos aquí es que Jesús estaba en territorio gentil. ¿Fue por accidente el que este incidente tuviera lugar aquí? La escena anterior nos mostraba a Jesús borrando la diferencia entre los alimentos limpios y los inmundos. ¿Podrá ser que aquí, simbólicamente, Le contemplemos borrando las diferencias entre personas limpias e inmundas? Del mismo modo que los judíos no se ensuciaban los labios con alimentos prohibidos, tampoco ensuciaban sus vidas con el contacto con los gentiles inmundos.

Bien puede ser que aquí Jesús esté diciendo por implicación que los gentiles no son inmundos, sino que tienen también un lugar en el Reino.

Jesús tiene que haber ido hacia el Norte a esta región buscando un escape temporal. En Su propio país Le atacaban por todas partes. Hacía tiempo que los escribas y los fariseos Le habían marcado como pecador porque quebrantaba sus reglas y normas. Herodes Le consideraba un peligro público. La gente de Nazaret había reaccionado en contra de Él con un disgusto de escándalo. Llegaría la hora en que tendría que enfrentarse con Sus enemigos en un desafío abierto, pero no había sonado todavía. Antes de que llegara esa hora Jesús buscaría la paz y la tranquilidad del retiro, y en esa retirada de la enemistad de los judíos puso los cimientos para el Reino entre los gentiles. Es el anuncio de toda la historia del Cristianismo. El rechazamiento de los judíos se convirtió en la oportunidad para los gentiles.

(ii) Pero aquí hay más que eso. Estas ciudades fenicias habían sido idealmente parte del reino de Israel. Cuando, bajo Josué, se repartió la tierra, a la tribu de Aser se le asignó la tierra «hasta la gran Sidón … y hasta la ciudad fortificada de Tiro» (Jos_19:28 s). Israel nunca había conseguido conquistarlas ni entrar en ellas. ¿Habrá aquí algo simbólico? Donde el poder de las armas había resultado inútil, el amor conquistador de Jesucristo fue victorioso. El pueblo de Israel terrenal no había logrado nunca incluir como propio el territorio de los fenicios; ahora, el verdadero Israel los había visitado. No era a una tierra extraña a la que Se dirigía Jesús, sino a una tierra que Dios Le había asignado como propia mucho tiempo antes. No estaba introduciéndose en territorio extranjero, sino entrando en su herencia.

(iii) Hay que leer esta historia con intuición. La mujer acudió a Jesús para pedirle por su hija. Jesús le respondió que no estaba bien quitarles el pan a los hijos para dárselo a los perros. En principio esta parece una respuesta de lo más descorazonadora.

El perro no era el querido guardián de la casa que es ahora para muchos; más corrientemente, sobre todo en Oriente, era un símbolo del deshonor. Para los griegos, la palabra perra se aplicaba a las mujeres livianas y desvergonzadas, como todavía se conserva en español. Para los judíos era también un calificativo despectivo. «No deis lo santo a los perros» (Mat_7:6 ; cp. Phi_3:2 ; Rev_22:15 ).

Los judíos llamaban corrientemente perros a los gentiles. Rabí Yoshúa ben Leví tiene una parábola. Vio las bendiciones de Dios que disfrutan los gentiles, y preguntó: «Si los gentiles sin Ley disfrutan tales bendiciones, ¡cuántas más disfrutará Israel, el pueblo de Dios!» «Es como un rey que hizo una fiesta, y trajo a sus invitados a la puerta de su palacio. Estos vieron salir a los perros con faisanes y cabezas de aves engordadas y de terneras en la boca. Entonces los invitados empezaron a decir: «Si así se ha tratado a los perros, ¡cuánto mejores manjares nos estarán reservados a nosotros!» Las naciones del mundo se comparan con los perros, como está escrito (Isa_56:11 ): «Estos perros voraces son insaciables.»»

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