Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Marcos 7: Limpio e inmundo

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Ayúdanos a continuar esta Obra

Mar 7:31-37

Lo primero que en estos versículos debe fijar nuestra atención es el milagro extraordinario que aquí se relata. Leemos que le llevaron á nuestro Señor «á uno que estaba sordo y que tenia un impedimento para hablar,» y le suplicaron «que le impusiese las manos.» Les concedió al punto lo que pedían y queda curado.

Una palabra y un toque dan instantáneamente á aquel hombre oído y palabra. «Y luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien..

Si nos fijamos tan solo en la manifestación del poder divino de nuestro Señor, no comprendemos sino la mitad de la enseñanza que encierra este pasaje; no hay duda que hay algo más que eso en este ejemplo. Profundicemos más allá de la superficie y descubriremos en este pasaje preciosas verdades espirituales.

Debemos ver en este milagro el poder del Señor para curar á los que están sordos espiritualmente; puede dar al pecador más endurecido oído que pueda oír; puede hacer que sea su deleite escuchar ese mismo Evangelio que antes ridiculizó y despreció.

Debemos ver también en él el poder del Señor para curar á los que están mudos espiritualmente. Puede enseñar al más empedernido de los transgresores á clamar á Dios. Puede hacer en tonar canciones nuevas á labios que nunca se ocuparon sino de hablar del mundo. Puede hacer que los más viles de los hombres hablen de cosas espirituales, y sean testigos del Evangelio de gracia.

Cuando Jesús difunde su Espíritu, nada es imposible. No debemos desesperar nunca de nadie, ni considerar nuestros corazones demasiado perversos para que puedan cambiarse. Vive todavía Aquel que curó al sordo y al mudo. Casos que la filosofía moral declara incurables, no lo son si los pacientes son llevados á Cristo.

Lo que en segundo lugar debe fijar en estos versículos nuestra atención, es la manera especial con que nuestro Señor tuvo por bien hacer el milagro que aquí se relata. Se nos dice que cuando el sordomudo fue llevado á Jesús, «lo separó de la multitud, le metió los dedos en las orejas, y escupiendo tocó su lengua; y mirando al cielo gimió,» y entonces, y solo entonces se oyeron las palabras de mando, «Ephphatha; es decir, Sé abierto..

No hay duda que hay mucho de misterioso en estos actos; no sabemos porque los ejercitó. Tan fácil hubiera sido para el Señor restaurar con solo su palabra la salud al enfermo como haciendo lo que hizo. No se nos dicen las razones que tuvo para adoptar ese procedimiento; solo sabemos que el resultado fue el mismo que en otras ocasiones, el hombre quedó curado.

Pero algo podemos aprender de la conducta de nuestro Señor en esta circunstancia; que Cristo no se ceñía al empleo de unos medios especiales tan solo para realizar sus obras entre los hombres. Algunas veces consideraba conveniente trabajar de un modo, y otras de otra manera; sus enemigos nunca pudieron decir, que no podía conseguir ningún resultado sino empleando ciertos me-dios que eran siempre los mismos.

Vemos que lo mismo acontece todavía en la iglesia de Cristo. Tenemos pruebas repetidas que el Señor no se sujeta á usar exclusivamente los mismos medios para transmitir su gracia á las almas. Es su placer influir algunas veces por medio de la Palabra predicada en público, otras por medio de la Palabra leída en privado. Despierta algunas veces á los dormidos por medio de las enfermedades y aflicciones, otras por las reconvenciones y los consejos de los amigos.

Emplea á veces medios de gracia para desviar á los hombres de la senda del pecado, y á veces atrae su atención con algún hecho providencial, sin usar ningún medio de gracia. No quiere que ninguno de estos se exalte y convierta en una especie de ídolo con menosprecio de los demás, pues es su voluntad que ninguno se desprecie como inútil, ni se considere como desprovisto de todo valor. Todos son buenos y valiosos, y pueden emplearse alternadamente para lograr el mismo gran fin, que es la conversión de las almas. Todos están en la mano del que «no da cuenta de sus actos,» y sabe mejor cual debe usar para curar en cada caso especial.

Lo que demanda, por último, nuestra atención en estos versículos, es el notable testimonio que dieron los que vieron el milagro qué aquí se relata. Dijeron hablando de nuestro Señor, «Ha hecho todas las cosas bien..

Es más que probable que los que pronunciaron esas palabras estaban muy lejos de comprender todo su significado aplicadas á Cristo. Como Caifas, «no hablaban por sí mismos.» Joh_11:61. Pero la verdad que expresaban es un tesoro de consuelo profundo é indecible, y deben recordarla diariamente todos los verdaderos cristianos.

Deja una respuesta

Publicaciones que pueden ser de interés para ti