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Marcos 7: Limpio e inmundo

Vemos, en segundo lugar, por este pasaje, que el corazón es la fuente principal de la corrupción y de la impureza a los ojos de Dios. La pureza moral no depende de lavarse o de no lavarse, de tocar ciertas cosas o de no tocarlas, de comer algo o de no comerlo, como enseñaban los escribas y los fariseos. «No hay nada fuera del hombre que entrando en el pueda contaminarlo, sino lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre.

Hay en estas palabras una verdad profunda que con frecuencia pasa desapercibida. Rara vez tomamos en cuenta como se debe nuestra pecabilidad original y nuestra inclinación natural al mal. Se atribuye, en general, la maldad del hombre a los malos ejemplos, a las malas compañías a tentaciones especiales o a los lazos que tiende el diablo. Parece olvidarse que cada hombre lleva consigo un manantial de maldades. No necesitamos que las malas compañías nos enseñen, ni que el diablo nos tiente, para sumirnos en el pecado. Llevamos en nuestro interior la simiente de todos los pecados.

Debemos recordar esto en la disciplina y educación de los niños; no olvidemos en nuestro manejo de ellos, que en sus corazones existen las semillas de la maldad. No es bastante tener a los muchachos en casa y alejarlos de toda tentación externa, pues llevan en sus pechos un corazón dispuesto a pecar y mientras ese corazón no se muda, no están seguros, hagamos lo que queramos. Cuando los niños cometen una falta, es práctica común atribuir toda la culpa a las malas compañías; pero hacerlo así es ignorancia, ceguedad y tontería. No hay duda que las malas compañías es un gran mal que debe evitarse lo más que sea posible. Pero ningún mal compañero enseña a un muchacho ni la mitad de los pecados que le sugiere su propio corazón, si no está renovado por el Espíritu.

Dentro llevamos el principio de toda maldad. Si los padres fueran tan diligentes en orar por la conversión de sus hijos como lo son en guardarlos de malas compañías, sus hijos saldrían mejores de lo que son.

Vemos, por último, en este pasaje, que catálogo tan negro de males encierra el corazón humano. «Del corazón del hombre» dice nuestro Señor, «proceden malos pensamientos, adulterios, fornicaciones, asesinatos, robos, codicia, envidia, blasfemia, orgullo, necedad; todas estas cosas malas salen de dentro».

Comprendamos bien, al leer estas palabras, que nuestro Señor está hablando del corazón humano en general. No se refiere tan solo al libertino conocido, ni al criminal que está en una cárcel; habla del género humano. Todos nosotros, nobles o pecheros, ricos o pobres, amos o siervos, viejos o jóvenes, sabios o ignorantes, todos, por naturaleza, tenemos el corazón que Jesús describe en este pasaje. Las simientes de todos lo males que aquí menciona, yacen escondidas en Nuevo Testamento interior. Quizás permanezcan inertes toda nuestra vida, quizás el miedo de las consecuencias, la restricciones de la opinión pública, el temor de la publicidad, el deseo de parecer respetables y sobre todo, la gracia omnipotente de Dios, las ahoguen y las contengan en su desarrollo. Pero todo hombre lleva en si la raíz de todos los pecados.

¡Cuán humildes no deberíamos ser al leer estos versículos» «Todos somos inmundos» a los ojos de Dios. Isaías 64.6 Descubre en cada uno males sin cuento, que el mundo nunca ve, porque El lee en nuestros corazones. De todos loes pecados a que estamos sujetos de seguro que el más impropio es el de creernos justos en virtud de un poder que no sea personal.

¡Cuan agradecidos no debemos estar por el Evangelio, cuando leemos estos versículo» El Evangelio encierra una provisión completa para todas las necesidades de nuestras pobres y corrompidas naturalezas. La sangre de Cristo puede «limpiarnos de todo pecado». El Espíritu Santo puede transformar nuestros corazones pecadores y mantenerlos limpios, después de transformados. El hombre que no se gloría en el Evangelio, sabe muy poco de la letra que abriga en su interior.

¡Qué vigilantes deberíamos estar, cuando recordamos estos versículos! ¡Qué guardia tan cuidadosa no deberíamos hacer para refrenar nuestra imaginación, nuestra lengua, y nuestra conducta diaria! A la cabeza de la negra lista del contenido de nuestros corazones, se encuentran «los malos pensamientos». No lo olvidemos nunca. Los pensamientos son los progenitores de las palabras y de los hechos. Pidamos diariamente en nuestras oraciones gracia para mantener en orden nuestros pensamientos y clamemos de todo corazón y con gran fervor, «no nos dejes caer en tentación.

Mar 7:24-30

Nada sabemos de la mujer que aquí se menciona, excepto los hechos que se refieren. Su nombre, su historia anterior, la causa que la movió a dirigirse a Nuevo Testamento Señor, siendo gentil y viviendo en las fronteras de Tiro y Sidón, son misterios ocultos para nosotros. Pero los hechos que de ella se narran están llenos de preciosas enseñanzas. Estudiémoslas para aprender.

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