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Marcos 6: Sin honor en su propia tierra

(iii) Estaba el cinturón. Se llevaba encima de las dos piezas ya descritas. Las faldas de la túnica se podían recoger hacia arriba del cinturón para trabajar o para correr, o para llevar cosas en el hueco de la ropa. El cinturón era corrientemente doble hacia la mitad de su longitud. La parte doblada formaba un bolsillo en el que se llevaba el dinero.

(iv) Estaba lo que cubría la cabeza. Era una pieza de algodón o de lino de un metro cuadrado. Podía ser blanco, o azul, o negro. Algunas veces se hacía de seda de colores. Se doblaba diagonalmente, y luego se colocaba en la cabeza de forma que protegiera la parte posterior del cuello, los pómulos y los ojos del calor y del deslumbramiento del sol. Se mantenía en posición con una rueda de una lana semielástica que se ponía alrededor de la cabeza.

(v) Estaban las sandalias. Eran simplemente unas suelas de cuero, madera o esparto. Tenían unas correas con las que se sujetaban a los pies.

La bolsa podía ser de dos clases.

(a) Podía ser un morral corriente de viaje. Se hacía muchas veces de piel de cabrito. Corrientemente se le quitaba la piel al animal entera, conservando toda su forma: ¡patas, rabo, cabeza y todo! Tenía una correa a cada lado, y se colgaba de los hombros. Allí llevaba el pastor, o el peregrino, o el viajero, pan y pasas y aceitunas y queso suficiente para dos días.

(b) Se ha hecho una sugerencia muy interesante. La palabra griega, péra, quiere decir la bolsa de la colecta. A veces en el mundo griego, los sacerdotes y los piadosos salían con estas cestas para recoger ofrendas de la gente para su templo o para sus dioses. Se los describía como «ladrones piadosos cuyo botín iba creciendo de pueblo en pueblo.» Hay una inscripción en la que un hombre que se llamaba a sí mismo esclavo de una diosa siria dice que «traía setenta bolsas llenas en cada viaje que hacía para su señora.»

Si tomamos el primer significado, Jesús quería decir que Sus discípulos no debían llevar provisiones para el camino, sino confiar en Dios para todo. Si se toma en el segundo sentido, quiere decir que no tenían que ser rapaces como los sacerdotes paganos. Tenían que ir a todas partes dando, y no recibiendo.

Hay otras dos cosas interesantes aquí.

(i) La ley rabínica decía que cuando uno entrara en los atrios del templo tenía que despojarse del bastón, el calzado y el cinto del dinero. Todas las cosas ordinarias tenían que dejarse a la entrada del lugar sagrado. Bien puede ser que Jesús estuviera pensando en eso, y que quisiera decir que Sus hombres tenían que considerar los humildes hogares en que entraran como tan sagrados como los atrios del templo.

(ii) La hospitalidad era un deber sagrado en Oriente. Cuando un forastero llegaba a una aldea, no era su obligación el buscar hospitalidad, sino la obligación de la aldea el ofrecérsela. Jesús les dijo a Sus discípulos que si se les negaba la hospitalidad, y si se les cerraban las puertas y los oídos, tenían que sacudir de sus pies el polvo de aquel lugar antes de marcharse. La ley rabínica decía que el polvo de un país gentil estaba contaminado, y que cuando uno entrara en Palestina viniendo de otro país tenía que sacudirse todas las partículas de polvo de la tierra inmunda. Era una repulsa formal y gráfica de que un judío pudiera tener ninguna asociación ni siquiera con el polvo de una tierra pagana. Es como si Jesús dijera: «Si se niegan a escucharos, lo único que podéis hacer es tratarlos como trataría un judío estricto la casa de un gentil. No puede haber ninguna relación entre vosotros y ellos.»

Así es que podemos ver que la señal del discípulo cristiano era la sencillez total, y la total confianza y la generosidad que siempre está dispuesta a dar y nunca a exigir.

EL MENSAJE Y LA MISERICORDIA DEL REY

Marcos 6:12-13

Así es que los Doce fueron por ahí proclamando la llamada al arrepentimiento; y expulsaron a muchos demonios, y sanaron a muchos enfermos ungiéndolos con aceite.

Tenemos aquí, en un breve resumen, el reportaje de la obra que llevaron a cabo los Doce cuando Jesús los envió.

(i) Llevaron al pueblo el mensaje de Jesús. La palabra que se usa quiere decir literalmente la proclamación de un heraldo. Cuando los apóstoles salieron a predicar, no crearon un mensaje; transmitieron un mensaje. No le decían a la gente lo que ellos creían y lo que consideraban probable, sino lo que Jesús les había encargado. No eran sus propias opiniones lo que llevaban a la gente, sino la verdad de Dios. Los profetas siempre empezaban su mensaje diciendo: «Así dice el Señor.» El que quiera llevar a otros un mensaje efectivo debe antes recibirlo de Dios.

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