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Marcos 4: Enseñando por parábolas

Pastor Lionel

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En la vida siempre se nivelan las cosas. Lo que obtenga una persona estará determinado por lo que dé.

(i) Esto es verdad del estudio. Cuanto más estudio se esté preparado a dedicarle a un asunto, tanto más se sacará de él. En la antigua nación de los partos no se le daba nunca de comer a los jóvenes hasta que la habían sudado. Tenían que trabajar antes que comer. Así son todos los temas de estudio: dan placer y satisfacción en proporción al esfuerzo que se les aplique. Así sucede especialmente con el estudio de la Biblia. Puede que a veces pensemos que hay ciertas partes de la Biblia que no nos dicen nada; pero si las estudiamos a menudo e intensamente llegan a ser las que nos dan una cosecha más abundante. Un estudio superficial de un asunto ni siquiera nos despertará interés; mientras que un estudio realmente intensivo nos dejará encantados y satisfechos.

(ii) Es verdad del culto. Cuanto más llevemos al culto de la casa de Dios, tanto más recibiremos en él. Cuando vamos al culto en la iglesia, hay tres actitudes equivocadas que debemos evitar.

(a) Podemos ir sólo para recibir. Si vamos de esa manera, lo más probable es que critiquemos al organista, y al coro, y le encontremos faltas a la predicación y a todo lo demás. Juzgaremos todo el culto como si fuera un espectáculo programado para entretenernos. Debemos ir preparados a dar; debemos recordar que el culto es un acto corporativo, y que cada uno de nosotros tiene que contribuir con algo. Si preguntamos, no: « ¿Qué puedo yo sacar de este culto?» sino: « ¿Qué puedo yo contribuir a este culto?», sacaremos mucho más de él que si hubiéramos venido simplemente para recibir.

(b) Podemos ir sin ilusión. Sólo por costumbre o por rutina. Puede que sea simplemente una parte del programa de la semana. Pero, después de todo, vamos a tener un encuentro con Dios, y en tales circunstancias pueden suceder cosas realmente maravillosas.

(c) Podemos ir sin prepararnos. Es fácil ir al culto de la casa de Dios sin ninguna preparación de mente o de corazón simplemente porque tenemos que darnos prisa para llegar a tiempo. Pero sería muy diferente si, antes de ir, pasáramos algún tiempo tranquilos en oración. Como los rabinos judíos decían a sus discípulos: «Oran mejor juntos los que antes han orado a solas.»

(iii) Es verdad de las relaciones personales. Una de los grandes principios de la vida es que vemos nuestro reflejo en otras personas. Si estamos enfadados y cabreados y de mal genio, probablemente los demás nos resultarán igualmente desagradables. Si somos criticones y no hacemos más que encontrar faltas, lo más probable es que los demás nos parezcan iguales. Si somos suspicaces y desconfiados, lo más probable es que los demás nos lo parezcan. Si queremos que los demás nos quieran, tenemos que empezar por quererlos. Como decía el sabio, el que quiera tener amigos tiene que empezar por portarse como un amigo (Pro_18:24 ). Era precisamente porque Jesús creía en las personas por lo que las personas creían en Él.

LA LEY DE LA RENTABILIDAD

«Al que ya tenga, se le dará todavía más; y al que no tenga, se le quitará hasta lo que tenga.»

Este puede parecer un dicho injusto; pero la vida nos enseña que es inevitable y profundamente cierto.

(i) Es verdad del conocimiento. Cuanto más sabe una persona, tanto más es capaz de conocer. Uno no puede entrar en las riquezas de la literatura griega sin antes haber trillado su camino a través de la gramática griega. Cuando ya tiene la gramática elemental, se le pueda dar más, pero no si no. Uno no puede disfrutar de lo mejor de la música hasta que aprende algo de la estructura de una sinfonía. Pero, cuando tiene ese conocimiento, se le abren las puertas para que disfrute más y más de las riquezas y bellezas de la música. Es igualmente cierto que a menos que una persona se dedique a la tarea de aumentar sus conocimientos, a fin de cuentas perderá hasta los conocimientos que tenía. Muchas personas, de jóvenes tenían un conocimiento suficiente de un idioma extranjero, o de ciencias naturales o de historia cuando estaban estudiando; pero dejaron de cultivarlo, y han perdido hasta el conocimiento que tenían.

Cuantos más conocimientos tenga una persona, más fácil le será adquirir más. Y si no está dispuesta a aumentarlos, pronto perderá los que tenía. Los maestros judíos tenían un dicho extrañamente expresivo. Decían que el estudiante tenía que ser tratado como un becerro joven: cada día se le debía aumentar la carga un poco. En el conocimiento no nos podemos quedar parados: o estamos ganando o perdiendo todo el tiempo.

(ii) Es verdad del esfuerzo. Cuanta más fuerza física tenga un hombre, tanta más podrá adquirir dentro de los límites de la naturaleza. Cuanto más entrene su cuerpo, tanto más podrá hacer con él. Por otra parte, si deja que su estructura física se vuelva blanda y perezosa, acabará por perder hasta la forma que tenía. A veces haremos bien en recordar que nuestros cuerpos pertenecen a Dios tanto como nuestras almas. Muchos se han visto imposibilitados de conseguir un trabajo porque se han dejado llegar a una condición física que los incapacita.

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