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Marcos 4: Enseñando por parábolas

Pastor Lionel

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A menudo es más fácil no decir que pertenecemos a Cristo y a Su Iglesia; pero nuestro Cristianismo debe ser siempre como la lámpara que todos pueden ver.

LA VERDAD QUE NO SE PUEDE SOSLAYAR

« Porque no hay nada secreto que no se haya de descubrir; no se hace nada para mantenerlo escondido, sino para exponerlo y que todos lo vean. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Jesús estaba completamente convencido de que la verdad no se puede mantener siempre escondida. Este dicho se aplica en dos direcciones.

(i) Se aplica a la verdad misma. Hay algo en la verdad que es indestructible. La gente puede que se niegue a arrostrarla; puede que trate de eliminarla; puede que hasta intente borrarla; puede que se niegue a aceptarla, pero « grande es la verdad, y al final prevalecerá.»

A principios del siglo XVI, un astrónomo llamado Copérnico hizo el descubrimiento de que la Tierra no es el centro del universo; que de hecho se mueve alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra. Era un hombre prudente, y mantuvo secreto su descubrimiento durante treinta años. Pero en 1543, cuando ya tenía sobre sí el aliento de la muerte, persuadió a un impresor aterrado a que imprimiera su gran obra Las órbitas de los cuerpos celestes. Copérnico murió poco después; pero otros heredaron la tempestad.

A principios del siglo XVII, Galileo aceptó la teoría de Copérnico y lo afirmó públicamente. En 1616 le citó la Inquisición a Roma, y condenó su teoría. Se pronunció el veredicto: « La primera proposición de que el Sol es el centro, y no gira alrededor de la Tierra, es necia, absurda, falsa en teología y herética, porque contradice la Sagrada Escritura… La segunda proposición, que la Tierra no es el centro sino que gira alrededor del Sol, es absurda, falsa en filosofía, y desde un punto de vista teológico por lo menos, opuesta a la verdadera fe.» Galileo cedió. Prefirió someterse a morir; y durante años guardó silencio.

Un nuevo papa ascendió a la Santa Sede, y Galileo pensó que Urbano VIII era un hombre con amplia simpatía y más cultura que su predecesor; así es que, una vez más, salió al exterior con su teoría. Estaba equivocado en su esperanza. Esta vez tuvo que firmar una recantación o sufrir tortura. Firmó: « Yo, Galileo, estando en mi septuagésimo años, estando prisionero y de rodillas, y en presencia de vuestras eminencias, teniendo ante mis ojos el Santo Evangelio, sobre el que pongo mi mano, abjuro, maldigo y detesto el error y la herejía del movimiento de la Tierra.» Su recantación le salvó de la muerte, pero no de la cárcel; y al final se le negó el derecho a ser enterrado en el panteón familiar.

No fue sólo la Iglesia Católica Romana la que trató de suprimir la verdad. Lutero escribió: «La gente ha prestado oído a un aprendiz de astrónomo -quería decir Copérnico-, que se empeñó en demostrar que la Tierra se mueve, y no los cielos o el firmamento, el Sol y la Luna… Este necio quería desbaratar toda la ciencia de la astronomía; pero la Sagrada Escritura no nos dice que Josué mandó pararse a la Tierra, sino que mandó pararse al Sol.»

Pero el tiempo sigue su marcha. Se puede amenazar con torturar a una persona para descubrir la verdad se la puede llamar estúpida y tratar de echarla del tribunal con burlas; pero eso no altera la verdad. « No está en vuestro poder -dijo el reformador escocés Andrew Melville- ahorcar o desterrar la verdad.» La verdad se puede atacar, aplazar, ocultar o insultar; pero con el tiempo prevalece. Uno tiene que tener cuidado, no sea que esté luchando contra la verdad.

(ii) Se aplica a nosotros y a nuestra propia vida y conducta.

Cuando uno hace una cosa mala, lo que quiere es que no se descubra. Eso es lo que hicieron Adán y Eva cuando desobedecieron el mandamiento de Dios (Gen_3:8 ). Pero la verdad se las arregla para salir a la luz. En último análisis nadie puede ocultarse la verdad a sí mismo; y el que trata de mantener algo secreto no puede ser nunca feliz. La tela de araña del engaño no es nunca un escondite de confianza. Y, cuando se llega al final de la cosa, nadie puede guardarle secretos a Dios. A fin de cuentas es literalmente cierto que no hay nada que no se haya de revelar en la presencia de Dios. Cuando tenemos presente esto, estamos abocados a desear por encima de todo que nuestra vida sea tal que todo el mundo la pueda contemplar, y que Dios le pueda pasar revista sin que nos consuma la vergüenza.

EL EQUILIBRIO DE LA VIDA

Este fue otro de los dichos de Jesús: «¡Atención a lo que estáis oyendo! Lo que recibís depende de lo que dais. Será lo que deis lo que se os devuelva con creces.»

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