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Marcos 4: Enseñando por parábolas

Pastor Lionel

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¿Cómo fue eso de que Marcos pusiera estos dichos de Jesús uno detrás de otro y Mateo los desperdigara por todo su evangelio? La razón es bien sencilla. Jesús tenía un dominio único del lenguaje. Podía decir las cosas más pintorescas y las cosas más jugosas. Podía decir las cosas de tal manera que se grabaran en la memoria y se resistieran a ser olvidadas. Además, Él tiene que haber dicho muchas de estas cosas más de una vez. Iba pasando de un lugar a otro y de una audiencia a otra, y tiene que haber repetido mucho de Su enseñanza por dondequiera que iba. En consecuencia, la gente recordaba las cosas que había dicho Jesús -las decía de tal manera que no se podían olvidar-, pero olvidaba la ocasión en que las había dicho. El resultado fue que hubo muchos de los dichos de Jesús que se quedaron, como si dijéramos, «huérfanos». Un dicho echaba raíces en la memoria de las personas y era recordado para siempre, pero el contexto y la ocasión se olvidaban. Así es que tenemos que tomar estos dichos gráficos y examinarlos independientemente.

El primero era que no se enciende una lámpara y se pone debajo de.,an cajón de medir, que sería como ponerle una caja encima, ni se pone debajo de la cama. La lámpara está para que se ponga a la vista y para que se vea. De este dicho podemos aprender dos cosas.

(i) La verdad es para que se vea. No está para que se la oculte. Puede que haya veces cuando sea peligroso decir la verdad; cuando sea la manera más rápida de atraerse la persecución y los problemas. Pero la persona veraz, y el verdadero cristiano, estarán de parte de la verdad frente a todo.

Cuando Lutero decidió adoptar su postura frente a la Iglesia Católica Romana, en primer lugar atacó las indulgencias. Las indulgencias eran para todos los efectos remisiones de pecados que uno podía comprar de un sacerdote por un precio. Lutero trazó noventa y cinco tesis contra las indulgencias. ¿Y qué hizo con aquellas noventa y cinco tesis? Había una iglesia en Wittenberg que se llamaba la Iglesia de Todos los Santos. Estaba íntimamente relacionada con la universidad donde Lutero era profesor. Los anuncios de la universidad se solían poner en las puertas de aquella iglesia, entre ellos los de los debates académicos. No había otro tablón de anuncios en la ciudad. En aquella puerta fijó Lutero sus tesis. ¿Cuándo? El día que iba a aquella iglesia más gente, que era el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Resultaba ser el aniversario de aquella iglesia, y había varios oficios religiosos a los que acudía mucha gente. Fue en la víspera del día de Todos los Santos cuando Lutero clavó sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia. Si hubiera sido un hombre cauteloso, en primer lugar no habría escrito sus noventa y cinco tesis. Si hubiera sido un hombre preocupado por su propia seguridad, nunca las habría clavado a la puerta de la iglesia. Y, si tenía que clavarlas allí, cualquier idea de seguridad propia le habría aconsejado no escoger el día de Todos los Santos para hacer su declaración. Pero Lutero tenía el sentimiento de que había descubierto la verdad; y lo único que le interesaba era exponerla y ofrecer su vida por ella.

En cualquier circunstancia de la vida hay veces que sabemos perfectamente lo que exige la verdad, lo que se debe hacer y lo que un cristiano tiene obligación de hacer. En cualquier nivel de vida hay veces que dejamos de actuar como debiéramos porque sería arriesgar nuestra popularidad, y aun cosas peores. Deberíamos recordar que la lámpara de la verdad se ha de poner bien alta y no ocultarse por los intereses de una seguridad cobarde.

(ii) Nuestro Cristianismo se ha de ver. En la Iglesia Primitiva, algunas veces el mostrarse cristiano suponía la muerte. El imperio romano era tan extenso como el mundo civilizado. Para conseguir alguna clase de unidad vinculante en aquel vasto imperio se inició el culto al emperador. El emperador era la personificación del estado, y se le daba culto como a un dios. Ciertos días señalados se exigía que cada ciudadano fuera e hiciera un sacrificio a la deidad del emperador. Era realmente una prueba de lealtad política. Después le daban a uno un certificado en el que se decía que había cumplido con aquel deber, y entonces podía ir a dar culto al dios que quisiera.

Se conservan muchos de aquellos certificados. Decían lo que sigue:

A los que están a cargo de los sacrificios de Inareus Akeus del pueblo de Theoxenis, juntamente con sus hijos Ajax y Hera, que viven en el pueblo de Theadelpheia. Nosotros sacrificamos regularmente a los dioses; y ahora en tu presencia, como está mandado, hemos sacrificado y derramado nuestra libación y probado las ofrendas, y te pedimos que nos des el certificado correspondiente. Que te vaya bien.

Y aquí seguía la atestación:

Nosotros, Serenas y Hermás, damos fe de que habéis sacrificado.

Todo lo que un cristiano tenía que hacer era prestarse a cumplir aquel acto formal, recibir el certificado, y ya estaba a salvo. Y el hecho de la Historia es que miles de cristianos murieron antes que hacerlo. Podían haber ocultado el hecho de que eran cristianos con la mayor facilidad; podían haber seguido siendo cristianos privadamente sin ninguna dificultad. Pero para ellos su Cristianismo era algo de lo que tenían que dar fe y testificar en presencia del mundo. Estaban orgullosos de que todos supieran lo que eran. A los tales les debemos que el Cristianismo haya llegado hasta nosotros.

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