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Marcos 4: Enseñando por parábolas

Pastor Lionel

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Hay dos problemas que causan este colapso. Uno es el no conseguir pensar la cosa del todo y a fondo, no llegar a darse cuenta de lo que quiere decir y de lo que cuesta, antes de empezar. El otro es el hecho de que hay miles de personas que se sienten atraídas por el Cristianismo, pero que nunca penetra más allá de la superficie de sus vidas. Es un hecho que el Evangelio es una cuestión de todo o nada. Uno está a salvo solamente cuando se ha entregado totalmente a Cristo.

Efímera es la vida y sus placeres, los goces huyen, la ilusión fenece; mas quien está a Tu lado no perece, y nada teme, porque espera en Ti.

(iii) Había un terreno que estaba lleno de espinos. Los campesinos palestinos eran perezosos. Cortaban lo que sobresalía de las malas plantas; a veces hasta quemaban lo de fuera, y el campo puede que pareciera limpio; pero las raíces seguían allí por debajo de la superficie; y a su debido tiempo brotaban con toda su fuerza. Y crecían con tal rapidez y virulencia que ahogaban la vida de la buena semilla.

Es fácil llenar la vida con tantos intereses que no queda tiempo para Cristo. Como dijo un poeta, los cuidados de la vida pueden ser como el polvo que atasca hasta tal punto que «nos olvidamos porque nos vemos obligados, no porque queremos.» Cuanto más complicada se hace la vida más necesario es tener las prioridades en su sitio; porque hay muchas cosas que tratan de desplazar a Cristo del lugar supremo que Le corresponde.

(iv) Había un terreno bueno, limpio y profundo en el que la semilla germinaba y llevaba fruto.

Si hemos de beneficiarnos del mensaje cristiano, la parábola nos dice que debemos hacer tres cosas.

(a) Debemos oírla, y no podemos oírla si no escuchamos. Es característico de muchos de nosotros que estamos tan ocupados hablando, que no tenemos tiempo para oír; tan ocupados discutiendo, que no tenemos tiempo para escuchar; tan ocupados exponiendo nuestras propias opiniones, que no tenemos tiempo para prestar atención a las opiniones de Cristo; tan ajetreados, que no tenemos tiempo para la calma esencial.

(b) Hemos de recibirla. Cuando oímos el mensaje cristiano debemos realmente darle entrada en nuestra vida. La mente humana es una máquina extraña y peligrosa. Estamos Hechos de tal manera, en la sabia providencia de la creación, que siempre que un cuerpo extraño amenaza con metérsenos en un ojo, se nos cierra automáticamente. Esa es una acción instintiva, refleja. Siempre que la mente oye algo que no quiere oír, automáticamente le cierra la puerta. Hay veces que la verdad puede hacer daño; pero otras hay que aceptar una medicina que no nos gusta o un tratamiento desagradable para conservar la salud. El cerrar la mente a la verdad que no queremos oír puede que sea escoger un camino que conduce al fracaso y a la tragedia.

(c) Hemos de ponerla en acción. El producto en la parábola era del treinta, sesenta o ciento por uno, lo cual era verdaderamente provechoso; pero el suelo volcánico de Galilea era famoso por sus cosechas. La verdad cristiana siempre debe manifestarse en acción. En último análisis, el cristiano recibe el desafío, no a especular, sino a actuar.

Todo esto es el significado de esta parábola cuando nos sentamos a estudiarla tranquilamente. Pero es totalmente imposible el que todo eso surja instantáneamente en la mente humana cuando se oye por primera vez. Entonces, ¿cuál sería la única cosa que le sugeriría a la multitud que la oía por primera vez junto al mar de Galilea? Sin duda esta: Que, aunque parte de la semilla nunca crezca, el hecho es que al final se recoge una cosecha espléndida. Esta es la parábola que acaba con la desesperación. Puede que parezca que mucho de nuestro esfuerzo no produce resultados; puede que parezca que una gran parte de nuestra labor se pierde. Ese sería el sentir de los discípulos cuando veían a Jesús desterrado de la sinagoga y tenido por sospechoso. En muchos lugares, Su mensaje parecía haber fracasado, y estaban desanimados y deprimidos. Pero esta parábola les decía, y nos dice a nosotros: «¡Paciencia! Haz tu labor. Siembra la semilla. Déjale a Dios el resto. La cosecha es segura.»

LA LUZ ESTÁ PARA QUE SE VEA

Este era uno de los dichos de Jesús: «¿Verdad que no se trae una lámpara para meterla debajo de un cajón de medir o debajo de la cama? ¿Es que no se trae más bien para ponerla en el candelero?»

Los versículos 21-25 son interesantes porque muestran los problemas con los que se enfrentaban los evangelistas. Estos versículos contienen cuatro dichos diferentes de Jesús. En el versículo 21 tenemos el dicho acerca de la lámpara; en el 22 hay un dicho sobre revelar cosas secretas; en el 24 hay un dicho que establece que recibiremos conforme a la medida que hayamos usado para dar, y en el 25 está el dicho acerca de que al que tiene se le dará todavía más. En Marcos, estos versículos vienen seguidos uno detrás de otro; pero el versículo 21 aparece en Mat_5:15 ; el 22, en Mat_10:26 ; el 24, en Mat_7:2 ; y el 25, en Mat_13:12 , y también en Mat_25:29 . Los cuatro versículos consecutivos de Marcos están desperdigados por todo: Mateo. Aquí surge una cuestión práctica para nuestro estudio. No debemos tratar de encontrar ninguna conexión entre estos versículos. Está claro que no tienen ninguna reía= ción entre sí, así es que vamos a tomarlos uno por uno.

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