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Marcos 4: Enseñando por parábolas

Pastor Lionel

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Cuando Abín, el hijo de Rabí Jiyya, murió a la temprana edad de veintiocho años, Rabí Zera pronunció la oración fúnebre utilizando una parábola:

Un rey tenía una viña en la que empleó a muchos trabajadores, uno de. los, cuales era especialmente capaz y hábil. ¿Qué fue lo que hizo el rey? Retiró a ese trabajador de la faena, y estuvo paseando por toda la viña con él. Cuando los obreros fueron a cobrar su sueldo por la tarde, el obrero habilidoso apareció entre ellos, y recibió del rey la totalidad del salario del día. Los otros trabajadores se enfadaron mucho, y dijeron: «Nosotros hemos trabajado todo el día, mientras que este no ha trabajado más que dos horas. ¿Por qué le da el rey a él el mismo sueldo que a nosotros?» El rey les contestó: «¿Por qué os enfadáis? Con su habilidad, él ha hecho más en las dos horas que vosotros en todo el día.» Así ha sucedido con Rabí Abín ben fiyya: En los veintiocho años de su vida, él ha aprendido más que otros en cien años; así que él ha cumplido el trabajo de su vida, y se le ha permitido entrar en el Paraíso desde su trabajo en la Tierra antes que otros; y no se perderá nada de su recompensa.

Cuando Jesús usaba el método parabólico de enseñanza estaba usando un método al que los judíos estaban acostumbrados y podían entender muy bien.

(iii) Y aún más: cuando Jesús usó el método parabólico de enseñanza estaba haciendo concretas las ideas abstractas. Pocas personas son capaces de captar las ideas abstractas; casi todos pensamos en imágenes. Podríamos pasar mucho tiempo hablando de la belleza, y ninguno sacaríamos nada en claro; pero reconocemos a una mujer bella. Podemos pasar mucho tiempo hablando de la bondad sin llegar a una definición; pero todos reconocemos una buena acción cuando la vemos. Hay un sentido en el que toda palabra tiene que hacerse carne; cada idea se tiene que encarnar en una persona. Cuando el Nuevo Testamento habla de la fe, pone el ejemplo de Abraham para que la idea de la fe se haga carne en la persona de Abraham. Jesús era un maestro sabio. Sabía que era inútil esperar que las mentes sencillas captaran las ideas abstractas; así es que incorporó las ideas abstractas en historias concretas; las mostró en acción; las presentó en personas, para que la gente las pudiera captar y comprender.

(iv) Por último, la gran virtud de la parábola es que obliga a la persona a pensar por sí misma. Obliga a todo el mundo a hacer su propia deducción y a descubrir la verdad por sí. La peor manera de ayudar a un niño es hacerle los deberes. No le ayuda en absoluto el que le hagamos sus sumas, le escribamos sus redacciones, le resolvamos sus problemas y le hagamos sus traducciones. Sí le ayuda de veras que le ayudemos a hacer las cosas por sí mismo. Eso era lo que Se proponía Jesús. La verdad tiene siempre un doble impacto cuando es un descubrimiento personal. Jesús no quería ahorrarnos el sudor mental de pensar; quería hacernos pensar. No quiere hacer mentes perezosas, sino activas. No quiere asumir la responsabilidad por nadie, sino que cada uno la asuma por sí. Así es que usó el método parabólico, no para pensar por nadie, sino para animar a cada uno a pensar por sí mismo. Presentaba la verdad de manera que, si hacía el debido esfuerzo con la debida actitud, cada uno podía descubrirla por sí, y por tanto poseerla de una manera que la hacía real y verdaderamente suya propia.

DE LA TIERRA AL CIELO

-¡Escuchad! ¡Fijaos! El sembrador salió a sembrar. Cuando estaba sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del sendero, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte de la semilla cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra; y brotó en seguida, porque no tenía profundidad de tierra, pero cuando salió el sol se agostó y se secó completamente porque no tenía raíz. Otra parte de la semilla cayó entre espinos; y los espinos la ahogaron hasta el punto de quitarle la vida, y no produjo nada. Y otra parte cayó en buena tierra; y como creció y se desarrolló bien produjo fruto, dando treinta, sesenta y ciento por uno. -Y añadió Jesús-: El que tenga oídos para oír, que oiga.

Dejamos la interpretación de esta parábola para cuando lleguemos a la interpretación que nos da Marcos, y de momento la consideramos sólo como un ejemplo de la enseñanza parabólica de Jesús en acción. La escena es a la orilla del lago; Jesús está sentado en la barca, un poco separada de la orilla. La costa desciende suavemente hasta el borde del agua, y forma un anfiteatro natural para la multitud. Mientras está hablando, Jesús ve a un sembrador trabajando en su campo cerca del lago. «¡Fijaos! -dijo-. El sembrador ha salido a sembrar.» Aquí encontramos toda la esencia del método parabólico.

(i) Jesús partió del aquí y ahora para llegar al allí y entonces. Partió de algo que estaba sucediendo en aquel preciso momento en la tierra a fin de conducir los pensamientos de Sus oyentes al Cielo. Partió de algo que todos podían ver para llegar a cosas que no eran visibles; partió de algo que todos conocían para llegar a algo que no se figuraban. Esa era la misma esencia de la enseñanza de Jesús. El no alucinaba a la gente empezando con cosas que fueran extrañas y abstrusas y rebuscadas; empezaba por cosas tan sencillas que hasta un niño las podía entender.

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