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Marcos 4: Enseñando por parábolas

Pastor Lionel

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Algunas personas no entienden la verdad de Dios porque no están listas. Dios revela su verdad a los que desean andar en ella, a los que quieren vivirla. Cuando usted habla de Dios, sin duda no lo entenderán si no están aún preparados. Sea paciente y aproveche cada oportunidad para hablar de la verdad de Dios; pida que el Espíritu Santo abra el corazón de sus oyentes para que reciban la verdad y la experimenten.

Las cuatro clases de suelo representan cuatro maneras diferentes en que la gente reacciona a la Palabra de Dios. Por lo general, pensamos que Jesús hablaba de cuatro clases distintas de personas. Pero El también hablaba de: (1) diversas épocas o fases en la vida de la persona, o (2) cómo estamos dispuestos a recibir el mensaje de Dios en algunos aspectos de nuestra vida y cómo lo rechazamos en otros. Por ejemplo, usted quizás sea receptivo a Dios en cuanto a su futuro, pero cerrado respecto a cómo usar su dinero. A lo mejor es como la buena tierra en cuanto a las demandas de adoración de Dios, pero como el rocoso respecto a sus demandas de dar a los necesitados. Debemos procurar, siempre, ser como la buena tierra en cada aspecto de nuestra vida.

Las preocupaciones mundanas, la falsa sensación de seguridad que produce la prosperidad y el deseo por las cosas, plagaron a los discípulos del primer siglo tal como lo hacen hoy. Con cuánta facilidad las rutinas diarias se recargan de cosas. Una vida llena de búsquedas materiales nos dejan sordos ante la Palabra de Dios. Manténgase firme a fin de oír cuando Dios habla.

Si una lámpara no ayuda a ver, de nada sirve. ¿Está nuestra vida mostrando a otros cómo es posible encontrar a Dios y vivir para El? Si no es así, pregúntese qué «almudes», ocultan su luz. La autocomplacencia, el resentimiento, la dureza de corazón o la desobediencia pueden ser «almudes», que impiden que la luz de Dios brille a través de usted para bendición de otros.

La luz de la verdad de Jesús se nos revela, no se esconde. Pero no estamos en capacidad de ver ni usar toda esa verdad ahora mismo. Solo en la medida que ponemos las enseñanzas de Dios en práctica entenderemos y veremos más de esa verdad. La verdad es clara, pero nuestra capacidad para comprenderla es imperfecta. En la medida que obedezcamos, iremos aguzando nuestra visión y aumentando nuestra comprensión (véase Jam_1:22-25).

Esta frase significa simplemente que tenemos el deber de usar bien lo que tenemos. No es cuestión de cuánto tenemos, sino de cómo usamos lo que tenemos.

Esta parábola acerca del Reino de Dios, narrada únicamente por Marcos, revela que el crecimiento espiritual es un proceso continuo y gradual que culmina en una cosecha de madurez espiritual. Podemos entender el proceso de crecimiento espiritual comparándolo con el lento pero seguro crecimiento de una planta.

Jesús usó esta parábola para explicar que aun el cristianismo tenía un comienzo muy pequeño, llegaría a crecer hasta transformarse en una comunidad mundial de creyentes. Cuando se sienta solo en su relación con Dios, acuérdese que El está construyendo un reino mundial. Tiene fieles seguidores en cada parte del mundo y nuestra fe, no importa cuán pequeña sea, puede juntarse con la de otros para lograr grandes cosas.

Jesús adaptó sus métodos a la capacidad y los deseos de entender de su audiencia. No habló en parábolas para confundir, sino a fin de desafiar a los que sinceramente lo buscaban a descubrir el verdadero sentido de sus palabras. Muchas de las enseñanzas de Jesús fueron en contra de la hipocresía y los motivos impuros, tan comunes en los líderes religiosos. Si hubiera hablado directamente en contra de ellos, su ministerio público se habría visto estorbado. Los que escuchaban de verdad a Jesús podían entenderlo.

El mar de Galilea está a poco más de doscientos metros bajo el nivel del mar y se encuentra rodeado de montañas. Los vientos soplan con bastante intensidad en las regiones cercanas al mar y provocan violentas e inesperadas tormentas. Los discípulos eran pescadores experimentados, toda su vida pescaron en aquel lago, pero en esta tempestad el pánico los dominó.

Los discípulos se asustaron porque la tempestad amenazaba destruirlos y parecía que Jesús no se daba cuenta ni se preocupaba de lo que pasaba. Era una tempestad física, pero hay tormentas que se producen también en otro sentido. Piense en las tormentas de su vida, en las circunstancias que provocan en usted gran ansiedad. Cualquiera que sea su dificultad, tiene dos opciones: preocuparse y suponer que a Jesús no le importa o resistir el miedo y poner toda su confianza en El. Cuando el pánico quiera hacer presa de usted, confiese su necesidad a Dios y confíe en que El cuidará de su vida.

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