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Marcos 4: Enseñando por parábolas

Pastor Lionel

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(iii) Así sucede con cualquier arte o habilidad. Cuanto más desarrolla una persona la habilidad de sus manos, o de sus ojos, o de su mente, tanto más será capaz de desarrollarla. Si se contenta con ir a la deriva no intentando hacer nada nuevo nunca, no adoptando nunca ninguna nueva técnica, se quedará atascado en un trabajo sin progresar. Si descuida su habilidad particular se encontrará después con que la ha perdido completamente.

(iv) Eso sucede con la capacidad para asumir responsabilidad. Cuanta más responsabilidad asuma una persona, más podrá asumir. Cuantas más decisiones haya estado obligado a hacer, mejor capacitado estará para hacer más. Pero si una persona evita sus responsabilidades, si se desmarca de las decisiones y vacila todo el tiempo, a fin de cuentas será una criatura blanducha y sin firmeza, y totalmente incapaz de asumir responsabilidad y tomar ninguna decisión.

Una y otra vez en Sus parábolas, Jesús deja bien sentado que la recompensa de un trabajo bien hecho es más trabajo para hacer. Es una de las leyes fundamentales de la vida, una ley que es peligroso olvidar, que cuanto más se ha ganado, más se puede ganar; y que, si no se hace ningún esfuerzo, se acaba perdiendo hasta lo que se tuvo.

EL CRECIMIENTO INVISIBLE Y EL RESULTADO SEGURO

 

Jesús les dijo también:

-Os diré a lo que se parece el Reino de Dios. Es como lo que pasa cuando una echa la semilla en la tierra. El labrador duerme y se despierta noche y día, y la semilla brota y crece ¡sin que él sepa cómo! La tierra produce fruto sin que nadie la ayude; primero el tallo, luego la espiga, luego el grano lleno en la espiga. Y cuando el tiempo lo permite, inmediatamente se coge la hoz, porque ha llegado la hora de recoger la cosecha.

Esta es la única parábola que no nos cuenta más que Marcos. El Reino de Dios quiere decir literalmente el reinado de Dios. Quiere decir el día cuando la voluntad de Dios se cumpla tan perfectamente en la Tierra como se cumple en el Cielo. Ese es el objetivo de Dios para todo el universo. Esta parábola es corta, pero está llena de verdades insoslayables.

(i) Nos habla de la impotencia humana. El labrador no hace crecer la semilla. En último análisis, ni siquiera sabe cómo crece. La semilla tiene el secreto de la vida y del crecimiento en sí misma. Nadie ha poseído nunca el secreto de la vida. Ninguna persona ha creado nunca nada en el sentido exacto de la palabra. El ser humano puede descubrir cosas; puede organizarlas; puede desarrollarlas; pero no puede crearlas. Nosotros no creamos el Reino de Dios; el Reino es de Dios. Es verdad que lo podemos frustrar o impedir; y que podemos producir una situación en el mundo en la que se le da la oportunidad de que venga más plenamente y más rápidamente. Pero por detrás de todas las cosas está Dios, y el poder y la voluntad de Dios.

(ii) Nos dice algo acerca del Reino. Es un hecho notable el que Jesús usara tan a menudo ilustraciones del crecimiento de la naturaleza para describir la venida del Reino de Dios.

(a) El crecimiento natural es a menudo imperceptible. Si vemos una planta todos los días no nos damos cuenta de su crecimiento. Es sólo cuando la vemos de tarde en tarde cuando notamos la diferencia. Así sucede con el Reino. No nos cabe la menor duda que el Reino está avanzando si comparamos, no hoy con ayer, sino este siglo con cualquiera de los pasados.

Cuando Elizabeth Fry fue a la cárcel de Newgate en 1817, encontró en el pabellón de las mujeres a trescientas mujeres e innumerables niños apiñados en dos pequeñas salas. Vivían y cocinaban y comían y dormían en el suelo. Los únicos que estaban a cargo eran un anciano y su hijo. Las mujeres estaban apelmazadas, medio desnudas, casi como bestias, mendigando dinero que gastaban en bebida alcohólica en el bar de la misma cárcel. Elizabeth encontró allí a un chico de nueve años que estaba esperando que le ahorcaran por romper una ventana y robar unos dibujos valorados en dos peniques. En 1853, los tejedores de Bolton estaban de huelga pidiendo un sueldo de diez peniques y medio al día, y los mineros de Stafford estaban en huelga pidiendo una paga de dos chelines y medio a la semana. (2 peniques son ahora 1 peseta; había 12 peniques en 1 chelín).

Ahora esas cosas no se pueden ni imaginar. ¿Por qué? Porque el Reino sigue avanzando. Puede que el crecimiento del Reino, como el de la planta, sea imperceptible de un día para otro; pero con el paso de. los años es indudable.

(b) El crecimiento natural es constante. Noche y día, mientras el campesino duerme, el crecimiento prosigue. No hay nada irregular en la obra de Dios. Lo malo del esfuerzo humano y de la bondad humana es que son espasmódicos. Un día damos un paso adelante, y al día siguiente retrocedemos dos. Pero la obra de Dios prosigue calladamente; Dios desarrolla Su plan sin cesar.

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