Marcos 16: La comisión de la Iglesia

Pastor Lionel

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Veamos en estas palabras de Cristo el argumento más fuerte que se puede presentar en favor de las misiones, tanto domésticas como extranjeras. Recordemos estas palabras para ser incansables en nuestros esfuerzos para hacer bien á las almas del género humano entero. Si no podemos ir á los paganos de China y del Indostan, tratemos de iluminar las tinieblas que encontremos á nuestro alcance, á nuestras propias puertas. Trabajemos de continuo, sin que nos alteren las burlas ni los sarcasmos de los que desaprueban las misiones, y las tratan con desprecio. Compadezcamos á esas personas; prueban así su ignorancia, tanto de la Escritura como de la voluntad de Cristo. No saben lo que dicen ni porque lo afirman.

Debemos notar, en segundo lugar, en estos versículos, las condiciones que nuestro Señor nos dice deben imponerse á todos los que oyen la predicación del Evangelio. «El que cree y es bautizado se salvará: pero el que no cree se condenará.» Cada una de las palabras de esa frase es de gran importancia; cada una de esas expresiones debe ser cuidadosamente pesada.

En ella se nos enseña la importancia del bautismo. «El que cree y es bautizado se salvará.» Es indudable que hay millares de personas que no reciben el más ligero beneficio de su bautismo; millares que han sido lavados con las aguas sacramentales, pero que nunca lo fueron con la sangre de Cristo; pero de ahí no se deduce que el bautismo debe ser mirado con desprecio ni omitido. El agua bautismal no confiere por sí sola ninguna gracia; debemos buscar más allá del elemento externo á Aquel que ordenó que se usara, pero la confesión pública de Cristo que implica el uso de esa agua, es un acto sacramental, que ha ordenado nuestro Maestro; y cuando se usa rectamente de la institución, podemos creer confiadamente que le pone el sello de su bendición.

Se nos enseña además en este pasaje, la absoluta necesidad que hay para salvarse de la fe en Cristo; esto es lo que se necesita. «El que no cree en mí,» es el hombre que se perderá por la eternidad; podrá estar bautizado y ser miembro de la iglesia visible podrá participar de la comunión acercándose á la mesa del Señor quizás crea intelectualmente en los dogmas principales del credo pero nada de eso le aprovecha si le falta la fe en Cristo que salva ¿Tenemos esa fe? Esta es la gran cuestión que nos interesa á todos. Si no tenemos la conciencia de nuestras infracciones, y al sentir nuestra maldad no acudimos á Cristo por la fe, y con ella no nos abrigamos, descubriremos al fin que hubiera sido mejor para nosotros no haber nacido.

Se nos enseña también en este lugar lo cierto que es la condenación de Dios para los que mueren incrédulos. «El que no cree será condenado.» ¡Que palabras tan terribles! Que idea tan espantosa que hayan salido de los labios de Aquel que ha dicho. «Mis palabras no pasarán.» Que los hombres no se dejen engañar con vanas palabras. Hay un infierno eterno para todos los que persisten en su maldad, y parten de este mundo sin tener fe en Cristo. Cuanto más grande es el perdón que se nos ofrece en el Evangelio, mayor será la culpa de los que se obstinan en no creer. «¡Oh, si tuvieran los hombres sabiduría é inteligencia, y previesen Las postrimerías!» Deu_32:29. El que murió en la cruz nos ha apercibido asegurándonos que hay un infierno, y que los incrédulos serán condenados. Cuidemos de que su prevención no sea vana para nosotros.

Debemos fijar nuestra atención, por último, al leer estos versículos, en las bondadosas promesas de una ayuda especial que nuestro Señor hace á sus apóstoles en las últimas palabras que les dirige al separarse de ellos. El sabía muy bien que enormes eran las dificultades de la obra que acababa de encomendarles.

Sabia que combates tan terribles tendrían que dar al paganismo, al mundo y al demonio; los anima, por lo tanto, anunciándoles que los milagros los ayudarían á llevar á cabo su misión. «Señales seguirán á los que creyeren: en mi nombre lanzarán demonios: hablarán nuevas lenguas: alzarán serpientes: y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y los curarán. El cumplimiento de la mayor parte de estas promesas se encuentra en loa tatos de los Apóstoles.

No hay duda que ha pasado la edad de los milagros; no se quiso que continuaran, transcurrida que fuera la época del primer establecimiento de la iglesia.

Cuando las plantas requieren riego diario y atención asidua es cuando se acaban de sembrar. Al estudiar las relaciones de Dios con su iglesia la analogía nos veda esperar que los milagros continúen siempre. De hecho, los milagros dejarían de serlo, si aconteciesen de una manera regular y sin intermisión. Bueno es tener presente esta explicación, pues nos ahorra muchas incertidumbres.

Pero aunque la edad de los milagros físicos ha pasado, podemos consolarnos con la idea de que á la iglesia de Cristo nunca le faltará la ayuda especial de Cristo en sus épocas de necesidad. La gran Cabeza de la iglesia que está en el cielo no abandonará jamás á sus miembros creyentes. Fijos tiene los ojos de continuo en ellos; les prestará siempre su socorro á tiempo, y vendrá á ampararlos el día en que lo necesiten. «Cuando el enemigo venga como una avenida de aguas, el Espíritu del Señor levantará una bandera contra él.» Isa_59:19.

Finalmente, no olvidemos nunca, que la iglesia creyente de Cristo en este mundo es por sí misma un milagro permanente.

La conversión y perseverancia en la gracia de cada uno de sus miembros, es un signo y una maravilla, tan grandes como la resurrección de Lázaro. La nueva vida en cada uno de los santos es un portento tan grande como lanzar un demonio del cuerpo, curar á un enfermo, ó hablar nuevas lenguas. Demos gracias á Dios por esta merced y cobremos ánimo. La edad de los milagros espirituales aún no ha pasado. Felices los que por experiencia propia lo han aprendido, y pueden decir, « Yo estaba muerto, pero estoy otra vez vivo: estaba ciego, pero veo..

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