Marcos 16: La comisión de la Iglesia

Avancemos por ella decididos, y descubriremos á menudo que el león que nos cerraba el camino está encadenado, y que lo que nos parecía un vallado de espinos no es más que una sombra.

Observemos, en tercer lugar, en este pasaje, que los amigos de Cristo no tienen porqué temer a los ángeles. Se nos dice que cuando María Magdalena y su compañera vieron á un ángel sentado dentro del sepulcro «se atemorizaron;» pero estas palabras las tranquilizaron inmediatamente: «No temáis; buscáis á Jesús Nazareno, que fue crucificado..

La lección á primera vista podrá parecer de poca importancia, pues en el día ni tenemos visiones de ángeles, ni esperamos tenerlas; pero de seguro que nos será muy útil en una época que está por venir. El día se está acercando en que el Señor Jesús volverá á juzgar el mundo rodeado de todos sus ángeles, y estos reunirán á sus elegidos de los cuatro puntos cardinales. Los ángeles atarán en haces la cizaña para quemarla; y guardarán el trigo de Dios en su granero. Los que los ángeles tomen serán llevados á la gloria, á los honores, y á la inmortalidad, y los que dejen abandonados se cubrirán de vergüenza y desprecio sempiterno.

Esforcémonos en vivir de tal manera, que cuando muramos seamos conducidos por los ángeles al seno de Abrahán. Procuremos ser conocidos de los ángeles como personas que buscan á Jesús, que lo aman en este mundo, y que por esa razón son herederos de salvación. Seamos diligentes en asegurarnos de nuestro arrepentimiento, y producir regocijo en la presencia de los ángeles de Dios. Entonces, ya durmamos ya velemos, cuando se deje oír la voz del arcángel, no tendremos razón de amedrentarnos. Resucitaremos del sepulcro, y veremos en los ángeles compañeros y amigos nuestros, en cuya compañía pasaremos la eternidad bendita.

Observemos, por último, en este pasaje, la excesiva bondad de Dios con sus siervos que yerran. El mensaje que les comunica el ángel es una corroboración notable de esta verdad. Se ordena á María Magdalena y á la otra María que digan á los discípulos que «Jesús los precede á Galilea,» y que «allí lo verán.» Pero el mensaje no es dirigido á los once apóstoles en general; esto solo, después de su deserción reciente cuando abandonaron á su Maestro, hubiera sido un acto lleno de bondad; pero menciona especial mente por su nombre á Simón Pedro que había negado á su Señor tres veces. Pedro que había pecado especialmente, es marcado también de una manera particular. En esa manifestación de su gracia no había excepciones; todos serian perdonados; todos volverían á entrar en su gracia, y Simón Pedro lo mismo que todos los demás.

Bien podemos decir cuando leemos palabras como estas, «que así no es como el hombre se maneja.» Nuestras opiniones respecto á religión no son en ningún particular tan mezquinas, tan miserables y tan contraídas como en todo lo que se refiere á la disposición extraordinaria de Dios á perdonar á los pecadores arrepentidos. Lo juzgamos igual á nosotros, olvidando que «se complace en la misericordia.» Mic_7:18.

No concluyamos de meditar sobre este pasaje sin determinarnos á abrir la puerta de la misericordia de par en par á los pecadores, siempre que hablemos de religión ó que la enseñemos; así como también con la firme resolución de no ser nunca implacables con nuestros prójimos. Si Cristo está tan dispuesto á perdonar, nosotros debemos estar también

Comentarios J.C. Ryle Marcos 16.9-14 Notemos, en estos versículos, las pruebas tan numerosas que tenemos de que nuestro Señor Jesucristo resucitó realmente de entre los muertos. En este pasaje solo S. Marcos refiere tres ocasiones distintas en que fue visto después de su resurrección. En la primera, dos dice, que nuestro Señor se apareció á un testigo, á María Magdalena, después á dos testigos, á dos discípulos que se dirigían al campo ; y últimamente á once testigos, á los once apóstoles que estaban reunidos. Recordemos, en adición á esto, que se relatan otras apariciones de nuestro Señor por otros escritores del Nuevo Testamento, además de las mencionadas por S. Marcos. Por tanto, no titubeamos en creer, que de todos los eventos de la historia de nuestro Señor, no hay ningún que esté más sólidamente comprobado que el hecho de su resurrección de entre los muertos.

Esta es una gran misericordia. La resurrección de Cristo es una de las piedras angulares del Cristianismo. Fue el sello de la gran obra que vino á realizar en la tierra. Fue la prueba capital, de que el rescate que pagó por los pecadores, fue aceptado, que se consumó la expiación del pecado, que había sido aplastada la cabeza de quien tenía el poder de muerte, y que se ganó la victoria. Bueno es fijarse en la frecuencia con que los apóstoles se refieren a la resurrección de Cristo. S. Pablo dice, «fue entregado por nuestras ofensas, y resucitado para nuestra justificación.» Rom_4:25. S. Pedro dice, «Nos ha vuelto á engendrar en esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.» 1 Ped. 1.3. Debemos dar gracias á Dios por que el hecho de la resurrección ha quedado tan claramente comprobado. Los Judíos, los gentiles, loa sacerdotes, las guardias romanas, las mujeres que fueron al sepulcro, todos estos son testigos cuyos testimonios no pueden ser refutados. Cristo no solamente murió por nosotros, también resucitó; negarlo seria mostrar más credulidad que el creerlo. Para negarlo seria preciso dar crédito á improbabilidades ridículas y monstruosas; para creerlo no hay más que apelar á hechos innegables.

Notemos, en segundo lugar, en estos versículos, la especial bondad que nuestro Señor Jesucristo muestra á María Magdalena. Se nos dice, que, «cuando resucitó muy de mañana el primer día de la semana, se apareció primero á María Magdalena, de la que había lanzado siete demonios.» A ella antes que á todos los otros hijos de Adán, se le concedió el privilegio de ser la primera que contemplase, al Salvador resucitado. María, la madre de nuestro Señor, aún vivía: Juan, el discípulo amado, aún estaba en la tierra; sin embargo, ambos fueron pospuestos y María Magdalena fue la preferida. Una mujer que había estado poseída por siete diablos, fue la primera á quien Jesús se mostró vivo, cuando salió victorioso del sepulcro. El hecho es muy notable, y encierra una gran lección.

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