Marcos 14: Empieza el último acto

Es decir, que depende solamente del amor. El Nuevo Pacto es una relación entre el hombre y Dios que no depende de la Ley, sino del amor. En otras palabras, Jesús dice: « Estoy haciendo lo que estoy haciendo para mostraros hasta qué punto os ama Dios.» Los hombres ya no están sencillamente bajo la Ley de Dios. Gracias a lo que Jesús ha hecho, están para siempre bajo el amor de Dios. Esa es la esencia de lo que nos dice la Santa Comunión.

Hay algo más en lo que haremos bien en fijarnos. En la u ltima frase vemos de nuevo las dos cosas que ya hemos visto repetidas veces. Jesús estaba seguro de dos cosas: sabía que había de morir, y sabia que Su Reino había de venir. Estaba seguro de la Cruz, e igualmente seguro de la gloria; y la razón era que estaba igualmente seguro del pecado humano como del amor de Dios; y sabía que ese amor acabaría por conquistar ese pecado.

EL FALLO DE LOS AMIGOS

Marcos 14:27-31

Jesús les dijo a Sus discípulos:

-Todos vosotros os espantaréis de Mí esta noche; porque está escrito: «Heriré al Pastor, y las ovejas se desperdigarán.» Pero cuando haya vuelto a la vida, iré por delante de vosotros a Galilea.

Pedro Le dijo: -Todos los otros puede que se espanten, ¡pero yo no!

Jesús le dijo: -Te digo la pura verdad: Hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres veces.

Pedro se puso a insistir enérgicamente: -¡Aunque tenga que morir contigo, no Te negaré!

Y eso mismo dijeron todos los demás.

Una de las cosas tremendas de Jesús es que no había nada para lo que no estuviera preparado: la oposición, la incomprensión, la enemistad de los más religiosos, la traición de uno de los de Su círculo íntimo, el dolor y la agonía de la Cruz… Estaba preparado para todo; pero lo que tal vez Le dolía más era el fracaso de Sus amigos. Es cuando uno se enfrenta con lo peor cuando más necesita a sus amigos; y fue entonces precisamente cuando los amigos de Jesús Le abandonaron y Le fallaron y Le dejaron completamente solo. No había nada en todo el espectro del dolor físico y de la tortura mental por lo que no pasara Jesús.

Sir Hugh Walpole escribió una gran novela llamada Fortaleza. Es la historia de uno llamado Pedro cuyo credo era: « No es la vida lo que importa, sino el coraje que le apliques.» La vida le hizo todo lo imaginable. Al final, en la cima de su propia montaña, oye una voz: « Bendito sea el dolor, y el tormento, y todas las torturas del cuerpo. Benditas sean todas las pérdidas y los fracasos de los amigos, y el sacrificio del amor. Benditos sean todos los fallos y la ruina de todas las esperanzas terrenales. Bendita sea toda la angustia y el tormento, y las adversidades, y las angustias que exigen coraje. Benditas sean todas estas cosas -porque de ellas viene lo que hace un hombre.» Pedro se postró pidiendo: «Hazme un hombre… que no tema nada, que esté listo para todo. El amor, la amistad, el éxito… asumirlo todo como venga, sin importarme que esas cosas no sean para mí. Hazme valiente. Hazme valiente.»

Jesús tenía en grado superlativo, más que ningún otro que haya vivido jamás, esta cualidad de la fortaleza, esta capacidad para mantenerse erguido a pesar de los golpes que la vida Le pudiera asestar; esta serenidad cuando no había nada más que quebranto detrás y tortura delante. Inevitablemente cada cierto tiempo nos encontramos tomando aliento ante Su terso heroísmo.

Cuando Jesús le anunció a Pedro el trágico fracaso de su lealtad, él no podía creer que le sucediera. En los días de los problemas con los Stewart capturaron al Gallo del Norte, el Marqués de Hunty. Le señalaron el bloque y el hacha, y le dijeron que a menos que abandonara su lealtad le ejecutarían allí mismo y entonces. Su respuesta fue: «Podéis separarme la cabeza de los hombros, pero no podréis separar nunca mi corazón de mi Rey.» Eso fue lo que dijo Pedro aquella noche.

Hay una lección en la palabra que Jesús usó para «espantarse.» El verbo griego es skandalizein, de skándalon o skandalethron, que quieren decir el cebo de una trampa o el palito que acciona el cierre de la trampa una vez que se ha introducido el animal. Así es que la palabra skandalizein llegó a significar atrapar, o poner la zancadilla, mediante una treta o engaño. Pedro estaba demasiado seguro. Había olvidado las trampas que les puede poder la vida a los mejores de los hombres, y que las mejores personas pueden pisar un lugar resbaladizo y caer. Se había olvidado de su propia debilidad humana y de la fuerza de las tentaciones del diablo. Pero hay algo que siempre debemos recordar de Pedro: tenía el corazón en su sitio. Mejor un Pedro con un corazón inflamado de amor, aunque ese amor le fallara vergonzosamente por un momento, que un Judas con un corazón helado de odio. Que condene a Pedro el que no haya incumplido nunca una promesa, el que no haya sido nunca desleal en pensamiento o en acción a un compromiso. Pedro amaba a Jesús; y aunque Le falló, se levantó de nuevo.

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