Marcos 14: Empieza el último acto

Sus discípulos querían saber dónde iban a comer la pascua. Jesús los envió a Jerusalén con instrucciones de buscar a un hombre que llevaría un cántaro de agua. Esa era una señal convenida de antemano. La tarea de acarrear el agua con un cántaro a la cabeza o a la cadera era propia de mujeres, algo que nunca hacían los hombres. Un hombre llevando un cántaro de agua sería tan extraño en cualquier comunidad oriental entonces como, digamos, hoy en día en Inglaterra un hombre con un paraguas de mujer abierto en un día soleado. Jesús no dejaba las cosas para el u ltimo minuto. Tiempo atrás había hecho los preparativos para tener un u ltimo lugar de encuentro para Él y Sus discípulos, y cómo se podría reconocer.

Las casa judías más grandes tenían dos pisos. Parecían como dos cajas, una más pequeña colocada encima de otra más grande. La caja más pequeña era el aposento alto, al que se tenía acceso por una escalera exterior, lo que hacía innecesario el pasar por la habitación principal del piso de abajo. La habitación de arriba tenía muchos usos: era un almacén, o un lugar para descansar y meditar, o una habitación para las visitas. Pero era especialmente el lugar donde un rabino enseñaba al grupo escogido de sus discípulos íntimos. Jesús estaba siguiendo las costumbres de los rabinos judíos.

Debemos recordar la manera judía de contar los días. El nuevo día empezaba a las 6 de la tarde. Hasta esa hora, aquel día era el 13 de Nisán, el día de la preparación para la Pascua. Pero el 14 de Nisán, el día de la Pascua, empezaba a las 6 de la tarde. Para expresarlo en nuestra lengua, diríamos que el viernes día 14 empezaba a las 6 de la tarde del jueves día 13.

¿Cuáles eran los preparativos que hacían los judíos para la Pascua?

Primero estaba la búsqueda ceremonial de los restos de levadura. Antes de la Pascua había que limpiar la casa de todas las partículas de pan leudado que hubiera en ella. Eso era porque la primera Pascua, en Egipto (Éxodo 12), se había comido con pan sin levadura. (El pan sin levadura no se parece en nada al pan corriente. Es algo así como una galleta dura). Se había usado en Egipto porque se podía cocer mucho más deprisa que el pan con levadura, y la primera Pascua, la de la salida de Egipto, se había tomado precipitadamente, con todo ya dispuesto para la marcha. Además, la levadura era el símbolo de la corrupción. No es otra cosa que masa de pan fermentada, y los judíos identificaban la fermentación con la putrefacción, así es que la levadura representaba la pudrición. El día antes de la Pascua, el dueño de la casa encendía un candil y recoma toda la casa buscando ceremoniosamente toda la levadura que pudiera haber por los rincones. Antes de la búsqueda oraba:

¡Bendito seas, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos has santificado por tus mandamientos, y nos has mandado limpiar la casa de levadura!

Al final de la búsqueda, el dueño de la casa decía:

Toda la levadura que haya en mi posesión, la que he visto y la que no he visto, quede anulada, y sea considerada como el polvo de la tierra.

Después, por la tarde, antes de que empezara el día de la Pascua, tenía lugar el sacrificio del cordero pascual. Toda la gente iba al templo. El adorador tenía que matar su propio cordero, haciendo así su propio sacrificio. Para los judíos, toda la sangre había de consagrarse a Dios, porque identificaban la sangre con la vida. Era muy natural, porque, si una persona o un animal se desangraba, se moría. Así que, en el Templo, el adorador mataba su propio cordero. Entre los adoradores y el altar había dos largas hileras de sacerdotes, cada uno con una vasija de oro o de plata. Cuando se hacía la incisión en el cuello del cordero, se ponía la sangre en una de esas vasijas, que se pasaba por toda la línea hasta que el sacerdote que estaba al final la echaba sobre el altar. El cadáver se depellejaba, se le extraían las entrañas y la grasa, porque era parte necesaria del sacrificio, y se le devolvía el cuerpo al adorador. Si las cifras de Josefo son verídicas, y se mataba más de un cuarto de millón de corderos, la escena en los atrios del Templo y la condición ensangrentada del altar casi uno no se los puede imaginar. El cordero se llevaba a la casa para asarlo. No se podía cocer. Nada lo debía tocar, ni siquiera los lados del cacharro en que se asaba. Había que asarlo en un fuego abierto de madera de granado. El asador atravesaba el cordero desde la boca al vientre, y el cordero tenía que asarse entero, sin quitarle ni la cabeza ni las patas ni el rabo.

La mesa misma tenía la forma de un cuadrado con un lado abierto. Era baja, y los comensales se reclinaban en sofás, apoyándose en el brazo izquierdo para dejarse libre el derecho para comer.

Se necesitaban ciertas cosas, que eran las que los discípulos tenían que preparar.

(i) Estaba el cordero, para recordarles cómo sus casas habían sido protegidas por la señal de la sangre cuando el ángel de la muerte pasó por todo Egipto.

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