Marcos 14: Empieza el último acto

(iii) Había ambición. Una y otra vez vemos lo que los Doce pensaban acerca del Reino en términos terrenales, y soñaban con una posición elevada en él. Judas tiene que haber sido así. Bien puede ser que, mientras los otros seguían abrigándolos, él llegó a darse cuenta de lo tremendamente equivocados que eran esos sueños de grandeza material, y qué pocas posibilidades tenían de hacerse realidad. Y bien puede ser que, en su desilusión, el amor que había sentido una vez por Jesús, se volviera odio. En Enrique VIII, Shakespeare hace a Wolsey decirle a Thomas Cromwell: « Cromwell, te lo advierto, despójate de la ambición; por ese pecado cayeron los ángeles; así que, ¿cómo podrá un hombre, la imagen de su Creador, esperar medrar con ella? Ponte a ti mismo en u ltimo lugar en la lista de tus amores.» Hay una clase de ambición que pisotea el amor y el honor y todas las cosas encantadoras para alcanzar el fin que se ha propuesto en su corazón.

(iv) Algunos pensadores se han sentido atraídos por la idea de que puede que Judas no quisiera que Jesús muriera. Es casi seguro que Judas era un fanático nacionalista, y que había visto en Jesús a la Persona Que podía hacer realidad sus sueños de poder y gloria nacionales. Pero ahora veía a Jesús desviándose a morir en una cruz. Así que puede ser que, en un u ltimo intento para hacer que su sueño se realizara, traicionó a Jesús

para obligarle a actuar. Le entregó a las autoridades con la idea de que así y entonces Jesús se vería obligado a actuar para salvarse a Sí mismo, y esa acción sería el principio de la campaña victoriosa que soñaba Judas. Puede que esta teoría se vea confirmada por el hecho de que, cuando Judas vio el resultado de su acción, arrojó el dinero maldito a los pies de las autoridades judías y se retiró para ahorcarse Mat_27:35 ). Si esta suposición fuera correcta la tragedia de Judas sería la más terrible de la Historia.

(v) Tanto Lucas como Juan dicen sencillamente que el diablo había entrado en Judas (Luk_22:3 ; Joh_13:27 ). En u ltimo análisis, eso fue lo que sucedió. Judas quería que Jesús fuera lo que él quería, y no lo que quería ser Jesús. En realidad, Judas se asoció con Jesús, no tanto para ser Su seguidor, como para usar a Jesús para realizar los planes y deseos de su propio corazón ambicioso. Lejos de rendirse a Jesús, quería que Jesús Se le rindiera a él; y cuando vio que Jesús seguía Su propio camino, el camino de la Cruz, Judas se indignó hasta tal punto que Le traicionó. La esencia del pecado es la soberbia; la médula del pecado es la independencia; el corazón del pecado es el deseo de hacer lo que nos gusta, y no la voluntad de Dios. Eso es lo que caracteriza al Diablo, Satanás, el Maligno. Representa todo lo que se opone a Dios, y no se quiere someter a Él. Ese era el espíritu que se había encarnado en Judas.

Nos sobrecoge Judas. Pero, pensémoslo de nuevo: la codicia, los celos, la ambición, el deseo dominante de salirnos con la nuestra en todas las cosas, ¿son en nosotros tan diferentes de los que se dieron en Judas? Estas eran las actitudes que hicieron a Judas traicionar a Jesús, y estas son las que siguen haciendo que muchos Le traicionen.

PREPARANDO LA FIESTA

Marcos 14:12-16

El primer día de la fiesta de los Panes sin Levadura, cuando se sacrificaban los corderos pascuales, Le dijeron a Jesús Sus discípulos:

-¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para comer la pascua?

Jesús envió a dos de Sus discípulos, y les dijo:

-Entrad en la ciudad, y os encontraréis con un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y donde entre, decidle al dueño de la casa:

-El Maestro dice: « ¿Dónde está la habitación donde puedo comer la pascua con Mis discípulos?» Os mostrará una habitación amplia en el piso de arriba, amueblada y preparada. Preparad allí las cosas para nosotros.

Así es que los discípulos se marcharon, y entraron en la ciudad, y lo encontraron todo exactamente como les había dicho Jesús. Y prepararon todas las cosas para la fiesta de la Pascua.

Puede que parezca una expresión extraña si se Le aplica a Jesús; pero, cuando leemos el relato de la u ltima semana de Su vida, no podemos evitar sorprendernos ante Su capacidad de organización. Una y otra vez vemos que Jesús no dejaba las cosas para el u ltimo momento. Tiempo atrás había hecho los preparativos para que el asnillo estuviera listo para Su entrada en Jerusalén; y aquí vemos de nuevo que todos Sus preparativos se habían planificado con amplia antelación.

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