Marcos 14: Empieza el último acto

Marcos 14:43-52

Notemos en estos versículos que poco comprendieron los enemigos de nuestro Señor la naturaleza de su reino. Leemos que Judas fue a prenderlo «con una gran multitud armada de palos y espadas.» Evidentemente esperaban que nuestro Señor seria defendido de una manera vigorosa por sus discípulos, y que no podrían hacerlo prisionero sin combatir. Los príncipes de los sacerdotes y los escribas continuaban obstinadamente apegados a la idea de que el reino de nuestro Señor era un reino terrenal, y suponían por lo tanto que trataría de sostenerlo con medios mundanos. Tenían aún que aprender la solemne lección contenida en las palabras de nuestro Señor a Pilatos, «Mi reino no es de este mundo: ahora pues mi reino no es de aquí.» Joh_18:36.

Haremos bien en recordarlo cuando intentemos extender el reino de la verdadera religión. No debe propagarse por medio de la violencia ni con las armas de la carne. «Las armas de nuestra guerra no son carnales.» 2Co_10:4. «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos.» Zec_4:6. La causa de la verdad no demanda fuerza para sostenerse. Las falsas religiones, como el Mahometismo, se han extendido a menudo por medio de la espada; y el falso Cristianismo, como el da la iglesia romanista, ha sido impuesto a los pueblos valiéndose de persecuciones sanguinarias. Pero el verdadero Evangelio de Cristo no requiere semejantes ayudas; se apoya en el poder del Espíritu Santo; crece y se desarrolla por la influencia que el Espíritu Santo ejerce en los corazones y en las conciencias. La señal mas clara de que una causa religiosa es mala es la disposición a apelar a la fuerza o al brazo seglar.

Notemos, en segundo lugar, en estos versículos, como todos los detalles de la, pasión de nuestro Señor acontecieron de la manera que los anunciaba la palabra de Dios. Las palabras que dirigió a los que lo prendieron, lo muestran evidentemente: «es preciso que se cumplan las Escrituras..

No hubo accidentes en los acontecimientos que marcaron el término del ministerio terrenal de nuestro Señor, ni fueron productos del acaso. Las huellas que fue dejando desde Getsemaní al Calvario estaban marcadas centenares de años antes. El Salmo veinte y dos, y el capítulo cincuenta y tres de Isaías, se cumplieron al pie de la letra. La rabia de sus enemigos, el alejamiento de su propia nación, el hecho de ser tratado como un malhechor, de ser condenado por la asamblea de los malvados, todo se sabía de antemano, y todo había sido previsto. Todo lo que aconteció fue tan solo la realización del gran designio de Dios de preparar una expiación por los pecados del mundo. Los hombres armados que Judas condujo para apoderarse de Jesús, fueron como Nabucodonosor y Se-Naquerib, instrumentos inconscientes para que tuvieran efecto los propósitos divinos.

Sea motivo de tranquilidad para nuestras almas saber que todo lo que nos rodea ha sido ordenado y arreglado por la sabiduría omnipotente de Dios. El curso de los sucesos de este mundo podrá ser a menudo contrario a nuestros deseos; la condición de la iglesia será a veces muy distinta de la que deseamos; la maldad de los mundanos, y las inconsecuencias de los creyentes afligirán con frecuencia nuestras almas; pero hay una mano sobre nosotros, que mueve esta máquina del universo, y que hace que todas las cosas trabajen de consuno en gloria suya. Las Escrituras se han sido cumpliendo año tras año; ni una jota ni una tilde dejará de cumplirse. Los reyes podrán coligarse, y los príncipes de las naciones pronunciarse contra el Cristo, Psa_2:2, pero en el día de la resurrección se probará, que aun en los períodos más tenebrosos, todo sucedía según la voluntad de Dios.

Notemos, por u ltimo, en estos versículos, como puede flaquear la fe de los verdaderos creyentes. Se nos dice que cuando Judas y su partida se apoderaron de nuestro Señor, y permitió tranquilamente que lo prendiesen, los once discípulos «todos lo abandonaron.» Quizás hasta aquel momento los había sostenido la esperanza de que el Señor haría un milagro, y se libraría de sus enemigos, pero cuando vieron que no hacia ningún milagro, el valor los abandonó, olvidaron todas sus anteriores protestas; el viento se llevó todas las promesas que habían hecho de morir con su Maestro antes que dejarlo, y el terror del peligro presente ahogó todos sus sentimientos. «Todos lo abandonaron y huyeron..

Hay algo muy instructivo en este incidente; merece que todos los que profesan ser cristianos lo estudien con la mayor atención. ¡Feliz el que estudia la conducta de los discípulos de nuestro Señor, y recoge de ella alguna enseñanza! Que la huida de los once discípulos nos enseñe a no confiar demasiado en nuestras fuerzas, y que el temor es un lazo. Nunca sabemos que haremos, si somos tentados, o hasta que extremos nos llevará la flaqueza de nuestra fe. Revistámonos de humildad.

Aprendamos a ser caritativos cuando juzguemos a otros cristianos. No esperemos demasiado de ellos, o los clasifiquemos por deficientes en gracia, si los vemos sucumbir a una falta. No olvidemos que aun los apóstoles escogidos por nuestro Señor lo abandonaron en la época de su necesidad; y que, sin embargo, el arrepentimiento volvió a levantarlos, y fueron los pilares de la iglesia de Cristo.

Finalmente, no concluyamos las meditaciones de este pasaje sin la profunda convicción de lo capaz que es el Señor de simpatizar con los que en El creen. De todas las pruebas la más grande es vernos burlados en nuestro amor. Es un cáliz muy amargo pero que todos los verdaderos cristianos tienen que beber con frecuencia. Los ministros les fallan, los parientes y los amigos; una cisterna tras otra resultan rajadas y que no pueden contener agua ninguna. Pero consuélense con la idea de que hay un Amigo firme, Jesús, que se conmueve sintiendo sus flaquezas, y que ha gustado sus dolores.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario