Marcos 14: Empieza el último acto

Debemos ver en la agonía de nuestro Señor en Getsemaní la horrible criminalidad del pecado. Punto es este en que las apreciaciones de los que se llaman cristianos se quedan muy lejos de lo que debieran. La manera ligera e indiferente con que se habla de pecados tales como jurar, violar el día del Señor, mentir, y otros semejantes, es una prueba muy triste de la pobre condición en que se encuentran los sentimientos morales de los hombres. Que el recuerdo de Getsemaní produzca en nosotros un afecto santificante. Hagan otros lo que les plazca, pero no nos permitamos nosotros hablar del pecado en tono de chanza.

Notemos, en segundo lugar, el ejemplo que el Señor nos da de la importancia de la oración en época de angustia. En la hora de sus agonías lo vemos emplear este gran remedio. Dos veces se nos. dice que cuando sentía su alma muy triste, «oraba..

Nunca hallaremos una prescripción mejor para el paciente que la aflicción abruma. A Dios debemos dirigirnos ante todo en nuestras angustias. La primera queja debe ser en forma de plegaria. Posible es que no recibamos una respuesta inmediata; que no se nos conceda de momento el alivio que necesitamos; que el dolor que nos pone a prueba no se remueva ni desaparezca; pero el acto tan solo de desahogar nuestro corazón, y abrir nuestro pecho ante el trono de la gracia, nos hará un gran bien. Muy sabio y muy profundo es el consejo de Santiago: « ¿Está alguien afligido? Que ore.» Jam_6:13.

Notemos, en tercer lugar, el ejemplo tan notable que el Señor nos da del sometimiento de la voluntad a la voluntad de Dios. Aunque su humana naturaleza sentía profundamente la presión de los crímenes del mundo, ora, sin embargo, y, pide que «si fuera posible» pasase de El aquella hora. «Aparta de mí este cáliz: empero no lo que yo quiero, sino lo que tú..

No podemos imaginar un grado de perfección más alto que el que aquí se nos presenta. Aceptar pacientemente lo que Dios nos envía, no agradarnos sino lo que a Dios agrada, no desear otra cosa que lo que Dios aprueba, preferir el dolor, si a Dios le place enviarlo, al placer, si Dios no cree conveniente concederlo, someterse sufrido a lo que Dios ordena, y no conocer otra voluntad sino la Suya, este es el grado más elevado a que podemos aspirar, y la conducta de nuestro Señor en Getsemaní es el modelo más perfecto de esa elevación moral.

Luchemos y trabajemos por tener «la idea que Cristo tenia» respecto a este particular. Procuremos adquirir el poder de mortificar nuestra voluntad independiente, y pidámoslo así diariamente en nuestras oraciones. Seremos felices si así lo hacemos; que nada produce en el mundo más disgustos que dar rienda suelta a nuestros deseos. Pedir esa facultad en nuestras oraciones es la prueba mejor de tener gracia. Ciencia, dones, convicciones, sentimientos y deseos, son evidencias inciertas, que suelen a menudo hallarse en personas no convertidas. Pero el aumento progresivo de esa disposición a someter nuestras voluntades a la voluntad de Dios, es un signo muy saludable; muestra que estamos verdaderamente «creciendo en gracia, y en el conocimiento de Jesucristo..

Notemos, finalmente, en estos versículos, cuanta debilidad puede encontrarse aun en los mejores cristianos. Tenemos una comprobación lamentable de este aserto en la conducta de Pedro, de Santiago y de Juan. Se durmieron cuando debían haber estado velando y orando; se durmieron aunque nuestro Señor los invitó a que velasen con El; se durmieron aunque poco tiempo antes se les habla apercibido del peligro que se acercaba, y de que su fe iba a flaquear; se durmieron, aunque acababan de salir de la mesa del Señor, en que habían tenido lugar escenas tan tiernas y tan solemnes. Nunca se habían tenido antes pruebas más convincentes de que los mejores de los hombres no son más que hombres, y que, mientras que los santos viven en la tierra, están sujetos a muchas flaquezas.

Estas cosas se han escrito para nuestra enseñanza; en nuestra mano está que no se hayan escrito en vano. Estemos siempre en guardia contra una disposición indolente, perezosa, inerte en religión, que nos es muy natural a todos, especialmente en todo le que so refiere a oraciones privadas. Cuando sintamos que ese espíritu se va apoderando de nosotros, recordemos a Pedro, a Santiago, a Juan en el jardín, y tengamos cuidado.

El consejo que con tanta solemnidad dirige nuestro Señor a sus discípulos debería estar resonando siempre en nuestros oídos, «Velad, y orad, no sea que caigáis en tentación. El espíritu está en verdad pronto, pero la carne es débil.» Este es el lema que debería adoptar el cristiano desde el momento de su conversión hasta la hora de la muerte.

¿Somos verdaderos cristianos? ¿Deseamos mantener nuestras almas despiertas? No olvidemos que tenemos una doble naturaleza interna; un «espíritu» pronto y una «carne» débil, una naturaleza carnal inclinada al mal, y una naturaleza espiritual inclinada al bien. Estas dos son contrarias. Gal_5:17. El pecado y el diablo encontrarán siempre cómplices en nuestros corazones; y si no crucificamos y dominamos la carne, ella nos gobernará a menudo y nos cubrirá de vergüenza.

¿Somos verdaderos cristianos y queremos mantener nuestras almas despiertas? Pues no olvidemos nunca «velar y orar.» Velemos como soldados, que estamos en país enemigo, y tenemos que estar siempre en guardia. Tenemos que combatir diariamente y diariamente guerrear. El reposo del cristiano es aún futuro. Oremos, pues, sin cesar, de una manera regular, habitual y cuidadosa, y en períodos marcados. Debemos orar y vigilar, y vigilar lo mismo que orar. Velar sin orar es presunción y confianza necia. Orar sin velar es fanatismo y entusiasmo. Aquel que conoce su debilidad, y conociéndola vela y ora, ese es el que será sostenido y no se le permitirá caer.

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