Marcos 14: Empieza el último acto

Aprendamos, en segundo lugar, en estos versículos, que el objeto principal de la cena del Señor es recordarnos que Cristo se sacrificó por nosotros en la cruz.

El objeto del pan es evocar el recuerdo del «cuerpo» de Cristo que fue lacerado por nuestras transgresiones, y el del vino recordarnos la «sangre» de Cristo, que fue derramada para lavarnos de todos nuestros pecados. La expiación y propiciación que nuestro Señor hizo con su muerte como Substituto y Fiador nuestro, es lo que más en relieve se presenta en esta institución. La falsa doctrina que algunos propalan, que su muerte fue tan solo la de un santo, que nos dio el ejemplo de como se deba morir, convierte la Cena del Señor en una ceremonia sin significación de ninguna especie, y no puede reconciliarse con las palabras de nuestro Señor al instituir el sacramento.

De gran importancia es que comprendamos claramente este punto; de ello depende que tengamos una idea exacta de la Cena del Señor, y que sepamos que debemos creer y sentir cuando nos acercamos a la santa mesa. Despertará en nosotros el sentimiento de la verdadera humildad espiritual. El pan y el vino nos recordarán cuan grave debía ser, el pecado que solo la muerte de Cristo podía expiar. Desarrollará en nosotros la esperanza respecto a nuestras almas. El pan y el vino nos recordarán que aunque nuestros pecados son enormes, un gran precio se ha pagado por nuestra redención. No menos despertará en nosotros la gratitud. El pan y el vino nos recordarán cuan grande es nuestra deuda a Cristo, y cuan obligados estamos a glorificarlo en nuestras ideas. Sean estos los sentimientos que experimentemos, siempre que participemos de la Cena del Señor.

Aprendemos, finalmente, en estos versículos, cual es la naturaleza de los beneficios espirituales que la Cena del Señor tiene por objeto transmitir, y que personas tienen derecho a esperarlos. Recibimos esta lección de los actos tan significativos que se ejecutan al recibir el sacramento. Nuestro Señor nos manda que «comamos « el pan, y que «bebamos « el vino; pero solo una persona viva puede comer y beber, y el objeto de esas operaciones es robustecer y refrigerar.

Las conclusiones, pues, que debemos deducir, son manifiestamente estas, que la Cena del Señor se instituyó para «fortalecer y refrigerar nuestras almas,»y que solo deben participar de ella los que son cristianos vivos y reales. Para los que así son, este sacramento será canal de gracias; los ayudará a descansar en Cristo con más sencillez, y a confiar más enteramente en El. Los símbolos visibles de pan y vino ayudarán, vivificarán, y confirmarán su fe.

Una opinión exacta respecto a estos particulares es muy importante en nuestra época. Debemos guardarnos de la idea que hay otro modo- de comer el cuerpo de Cristo y de beber su sangre, que no sea la fe; o que el recibir la Cena del Señor puede despertar un interés más grande en el sacrificio de Cristo en la cruz que el que la fe despierta. La fe es el gran medio de comunicación entre el alma y Cristo. La Cena del Señor puede ayudar, vivificar y confirmar la fe, pero nunca suplantarla, ni suplir su ausencia. No nos olvidemos de esta verdad; un error en este particular es una ilusión fatal y engendra muchas supersticiones.

Sea un principio firme de nuestro Cristianismo, que ningún incrédulo debe acercarse a la mesa del Señor, y que el sacramento en nada beneficiará nuestras almas, si no lo recibimos con arrepentimiento y fe. La Cena del Señor no es una institución ordenada para convertir o justificar, y los que a ella se acerquen inconversos o no justificados, no saldrán mejores que lo que fueron, sino más bien peores. Es una institución para los creyentes, no para los incrédulos, para los vivos y no para los muertos. Fue ordenada para sostener la vida, no para comunicarla, para robustecer y aumentar la gracia, no para darla; para fomentar el crecimiento de la fe, no para sembrarla ni plantarla. Fijemos estos principios en nuestros corazones y no los olvidemos nunca.

¿Estamos vivos en Dios? Esta es la gran cuestión. Si lo estamos, acerquémonos a la Cena del Señor, y recibámosla llenos de agradecimiento, y no volvamos nunca la espalda a a mesa del Señor, pues si a ella no nos dirigimos, cometemos un grave pecado.

¿Estamos aún muertos en pecados y en mundanalidad? Si lo estamos, no tenemos que ocuparnos de la comunión. Nos encontramos en la vía espaciosa que guía a la perdición. Arrepintámonos, pues que tenemos que nacer de nuevo. Debemos unirnos a Cristo por la fe, y entonces, y solo entonces, estaremos aptos a participar de la comunión.

Marcos 14:26-31

Vemos en estos versículos que bien previó nuestro Señor la debilidad y flaqueza de sus discípulos. Les dice muy claro lo que iban a hacer. «Todos vosotros os escandalizaréis esta noche por causa de mí.» Le anuncia a Pedro en particular el pecado enorme que estaba a punto de cometer: « Esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces..

Sin embargo, esta previsión de nuestro Señor no le impidió escoger a estos doce discípulos para que fuesen sus apóstoles. Les permitió ser sus íntimos amigos y compañeros, sabiendo muy bien lo que un día harían. Les dio el privilegio extraordinario de estar de continuo con El, y de oír su voz, con la convicción anticipada que tenia de su miserable debilidad y de la falta de fe de que darían prueba al fin de Su ministerio terrenal. Esta es una circunstancia muy notable que debemos siempre recordar: Consolémonos con la idea que el Señor Jesús no lanza lejos de sí a su pueblo creyente por sus caídas e imperfecciones. Sabe lo que son. Los acepta, como el marido escoge una esposa, con todos sus defectos y debilidades, y, una vez que se unen a El por la fe, nunca los arrojará de sí. Es un Sumo Pontífice misericordioso y compasivo. Se gloría en perdonar las transgresiones de su pueblo, y cubrir sus muchos pecados. Sabía lo que eran antes de su conversión, impíos, criminales, impuros; y sin embargo los amaba. Sabe lo que serán después de su conversión, débiles, frágiles, hombres errados; y sin embargo los ama.

Se ha propuesto salvarlos a pesar de sus deficiencias, y realizará su propósito.

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