Marcos 14: Empieza el último acto

Al concluir con este pasaje tratemos de aplicárnoslo. Consagrémonos con todo lo que poseemos a glorificar a Cristo, como esta santa mujer cuya conducta acabamos de oír en esta narración. Quizás sea nuestra condición en el mundo baja, y nuestros recursos sean escasos; pero, como ella, hagamos lo que podamos.

Finalmente, tengamos en este pasaje un gusto anticipado de las dulzuras que gozaremos en el día del juicio final. Creamos que ese mismo Jesús que abogó en defensa de su amorosa sierva, cuando fue criticada, abogará un día por todos los que han sido sus siervos en este mundo. Trabajemos sin descanso, recordando que sus ojos están fijos en nosotros, y quo todo lo que hacemos queda registrado en su libro. No nos ocupemos de lo que los hombres piensan o dicen de nosotros respecto a nuestras creencias religiosas que la aprobación de Cristo el día del juicio final será una compensación más que suficiente por todo lo que sufrimos en este mundo, por las lenguas maldicientes.

Marcos 14:10-16

En estos versículos S. Marcos nos dice como nuestro Señor fue entregado en manos de sus enemigos, habiendo acontecido por la traición de uno de sus doce discípulos: El falso apóstol, Judas Iscariote, lo vendió.

Debemos, ante todo, ver en este pasaje, a que extremos puede llegar una persona en falsas profesiones de religión.

Es imposible concebir una prueba más perentoria de esta penosa verdad que la historia de Judas Iscariote. Si hubo alguna vez un hombre que más parecía discípulo verdadero de Cristo, y estar seguro de alcanzar el cielo, ese hombre fue Judas. Fue escogido por el mismo Señor Jesús para el apostolado; gozó del privilegio de acompañar al Mesías, y de ser testigo de sus obras portentosas, durante su, ministerio terrenal. Estuvo asociado con Pedro, Santiago y Juan, y fue enviado a predicar el reino de Dios, y a hacer milagros en nombre de Cristo. Era mirado por todos los once apóstoles como uno de ellos, y tanto se asemejaba en su conducta a sus compañeros los otros discípulos, que no sospecharon que fuera traidor. Y resulta, al fin, que este hombre es un hijo del diablo, se desvía por completo de la fe, ayuda a los enemigos mortales, de nuestro Señor, y deja el mundo con una reputación más mala que la de ningún hombre desde los días de Caín. Jamás se vio tal caída, tal apostasía, fin tan miserable de comienzos que tanto prometían, un eclipse tan total de un alma! ¿Como podremos explicarnos esta conducta de Judas que tanto nos asombra? No hay más que una explicación. «El amor del dinero» fue la causa de la pérdida de este desgraciado. La misma codicia rastrera que esclavizó el corazón de Balaam, y cubrió de lepra a Gehazí, perdió el alma del Iscariote. No hay otra explicación de su conducta que satisfaga a vista de los hechos que establecen las Escrituras. Su acción fue hija de su codicia infame sin circunstancias ningunas atenuantes. El Espíritu Santo lo -declara «fue un ladrón.» Juan 12.6. Y su crimen está siempre presente ante el mundo como un comentario eterno de estas palabras solemnes, «el amor del dinero es la raíz de toda maldad.» 1 Tim. 6.10.

Aprendamos en esta historia melancólica de Judas a «revestirnos de humildad» y a no contentarnos con nada que no sea la gracia del Espíritu Santo morando en nuestros corazones. Conocimientos, dones, profesiones, privilegios, ser miembros de una congregación, facultad de predicar, de orar, de enseñar la religión, todo, todo es inútil, si nuestros corazones no están convertidos. Si no nos hemos desnudado del hombre viejo, y revestido del nuevo, todo eso no es mejor que el bronce que resuena, o el címbalo que retiñe; nada de eso nos librará de la muerte eterna. Recordemos, sobre todo, el consejo de nuestro Señor de «guardarnos de la codicia.» Lucas 12.15. Es un pecado que devora como el cáncer, y una vez que la recibimos en nuestros corazones, nos arrastra a la maldad.

Oremos por contentarnos con lo que poseemos. .Heb. 13.6. La posesión del oro no es lo más necesario; que las riquezas exponen a grandes peligros las almas de los que las poseen; así es que el verdadero cristiano debe temer más ser rico que pobre.

En segundo lugar, debemos marcar en este pasaje la conexión intencional entre la época de la pascua judaica y la de la muerte de nuestro Señor, No podemos dudar que no fue por casualidad, sino por la disposición providencial de Dios, que nuestro Señor fuera educado en la semana de la pascua, y el mismo día en que fue muerto el cordero pascual Tuvo por objeto fijar la atención de la nación judía, en El como el verdadero Cordero de Dios, y presentar a sus almas cual era el verdadero objeto y propósito de su muerte. Sin duda que todos los sacrificios se proponían indicar a los Judíos en el porvenir el gran sacrificio expiatorio que Cristo después ofreció; pero es evidente que ninguno era una figura tan clara, ni un tipo tan apropiado del sacrificio de nuestro Señor, como la muerte del cordero pascual. Era en especial una ordenanza que servia de «pedagogo para guiar a Cristo.» Gal. 3.24. No había otro tipo más significativo en toda la serie de ceremonias judaicas, conocida institución original de la pascua.

¿No recordaba la pascua a los Judíos la salvación milagrosa de sus antepasados de la esclavitud de la tierra de Egipto, cuando Dios hizo morir a los primogénitos? Ciertamente que sí; pero fue instituida también para servirles de tipos de una redención y Salvación más importante, de la emancipación de las cadenas del pecado, que debía realizar nuestro Señor Jesucristo.

¿No recordaba la pascua a los Judíos, que por el sacrificio de Un cordero inocente, las familias de sus antepasados se vieron exentas de tener que lamentar la muerte de sus primogénitos? Sin duda que sí, pero también servia para enseñarles una verdad más alta, que la muerte de Cristo en la cruz seria la vida del mundo.

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