Marcos 14: Empieza el último acto

14.50 Los discípulos huyeron algunas horas antes, dejando solo a Jesús (14.31).

14.51, 52 La tradición dice que este joven pudo haber sido Juan Marcos, el escritor de este Evangelio. El incidente no se menciona en ninguno de los otros relatos.

14.53ss El juicio ante el Sanedrín tuvo dos fases. Un pequeño grupo se reunió en la noche (Joh_18:12-24) y luego el Sanedrín en pleno al amanecer (Luk_22:66-71). Juzgaron a Jesús por ofensas religiosas tales como proclamarse Hijo de Dios, lo cual de acuerdo con la Ley, era una blasfemia. Es obvio que el juicio era una farsa, porque ya habían decidido matar a Jesús (Luk_22:2).

14.55 Los romanos controlaban a Judea, pero daban a los judíos cierto poder para resolver asuntos religiosos y atender pequeñas disputas civiles. Este cuerpo gobernante judío llamado Sanedrín (concilio) lo formaban más de setenta y uno de los líderes religiosos de los judíos. Se suponía que estos hombres, como líderes religiosos, fueran justos. Pero demostraron una tremenda injusticia en el juicio a Jesús, incluso al punto de inventar mentiras en su contra (14.57).

14.58 Esta declaración de los falsos testigos tergiversaba las palabras del Señor. Jesús no dijo: «Voy a destruir este templo», sino que dijo: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré» (Joh_2:19). Jesús no se refería al templo de Herodes, sino a su propia muerte y resurrección.

14.60-64 Jesús no contestó a la primera pregunta porque la evidencia en sí misma era confusa y errónea. No responder fue más sabio que tratar de aclarar la acusación. Pero si Jesús hubiera rehusado responder a la segunda pregunta, habría negado su misión. Su respuesta predijo un gran cambio de papeles. Sentarse a la diestra de Dios significa que El vendría a ser el juez y luego ellos tendrían que responder a sus preguntas (Psa_110:1; Rev_20:11-13).

14.63, 64 Si algunos debían haber reconocido al Mesías, esos eran el sumo sacerdote y los miembros del Sanedrín porque conocían las Escrituras ampliamente. Su trabajo era guiar a la gente a Dios, pero les interesaban más su propia reputación y retener la autoridad que tenían. Valoraban la seguridad humana más que la eterna.

14.66, 67 La casa de Caifás donde se juzgó a Jesús (14.53) era parte de un enorme palacio con varios patios. Al parecer, Juan conocía al sumo sacerdote y a algunos de sus sirvientes, por lo que pudo entrar al lugar junto con Pedro (Joh_18:15-16).

JUICIO DE JESUS : El juicio empezó después de Getsemaní, en casa de Caifás, el sumo sacerdote. Luego lo llevaron ante Pilato, el gobernador romano. Lucas narra que Pilato lo mandó a Herodes, que se encontraba en Jerusalén, presumiblemente en uno de sus dos palacios (Luk_23:5-12). Herodes mandó de nuevo a Jesús a Pilato, que al final lo sentenció a morir crucificado.

14.71 La negación de Pedro fue más que una simple negación. Pedro negó a Jesús con juramento en los términos más fuertes que conocía. En la práctica, dijo: «Que me mate Dios si estoy mintiendo».

14.71 Es fácil enojarse con el Sanedrín y los gobernadores romanos por la injusticia cometida al condenar a Jesús, pero Pedro y el resto de los discípulos cooperaron en aumentar el dolor de Jesús al abandonarlo (14.50). Quizás no somos como los líderes judíos, pero sí muy parecidos a los discípulos, porque todos hemos negado a Cristo el Señor en algunos aspectos vitales. Podemos sentirnos orgullosos de no haber cometido ciertos pecados, pero todos somos culpable de pecado. No nos excusemos señalando con el dedo a otras personas cuyos pecados quizás se vean peores que los nuestros.

Marcos 14:1-9

Este capítulo comienza esa parte del Evangelio de S. Marcos que describe los sufrimientos y la muerte de nuestro Señor. Hasta aquí hemos visto a nuestro Salvador principalmente como nuestro Profeta y Maestro: ahora tenemos que considerarlo como nuestro Sumo Pontífice. Hasta aquí hemos contemplado sus milagros y hemos meditado sus palabras; ahora vamos a contemplar su sacrificio vicario en la cruz.

Observemos primeramente en estos versículos como puede Dios hacer fracasar los designios de los impíos, y convertirlos en su propia gloria.

Dedujese claramente de las palabras de S. Marcos, y del pasaje paralelo en S. Mateo, que los enemigos de nuestro Señor no tenían la intención de que su muerte fuese un acto público. «Trataban de apoderarse de él con astucia.» Decían, «No en el día de la fiesta, no sea que el pueblo se alborote.» En una palabra, tal parece que su plan primitivo era no hacer nada hasta que no hubiera pasado la fiesta de la Pascua, y que los concurrentes a ella hubieran vuelto a sus casas.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario