Marcos 14: Empieza el último acto

Esto decía `UMarcos Jayyám; pero Dios no es así. Aun en esa hora terrible, cuando estaba exigiéndole aquel terrible sacrificio, Dios era para Jesús Su Papá. Cuando mataron al reformador escocés Richard Cameron, uno de los Murray le cortó la cabeza y las manos y las llevaron a Edimburgo. Su padre estaba preso por la misma causa. El enemigo se las llevó para añadirle más aflicción a su ya terrible angustia, y le preguntó si las reconocía.

Tomando la cabeza y las manos de su hijo, que eran muy hermosas (porque era hombre de complexión fina como él), las besó y dijo: «Las reconozco, las conozco. Son las de mi hijo, mi propio hijo querido. Es el Señor. Buena es la voluntad del Señor que no puede hacernos mal ni a mí ni a los míos, sino que ha hecho que el bien y la misericordia nos sigan todos los días de nuestra vida.» Si podemos llaMarcos a Dios Padre, todo resulta soportable. Una y otra vez no comprenderemos, pero siempre tendremos la certeza de que «la mano del Padre no causará nunca a sus hijos una lágrima innecesaria.» Eso era lo que sabía Jesús. Por eso podía seguir adelante -y nosotros también.

Debemos fijarnos en cómo termina este pasaje. El traidor y su pandilla habían llegado. ¿Cómo reaccionó Jesús? No huyendo, aunque todavía, en la noche, Le habría sido fácil escapar. Reaccionó enfrentándose con ellos. Hasta el fin, Jesús Se negó a desviarse o a volver atrás.

EL ARRESTO

Marcos 14:43-50

Y acto seguido, mientras Jesús estaba todavía hablando, llegó Judas, uno de los Doce, y con él una chusma con espadas y palos de parte de los principales sacerdotes y los maestros de la Ley y los ancianos. El traidor les había dado esta señal: «El que yo bese, les había dicho, ese es. Echadle mano y ponedle a buen recaudo.» Así es que, cuando llegó, pasó al frente en seguida y Le dijo a Jesús:

-¡Rabí! y Le besó afectuosamente.

Los otros echaron mano a Jesús y Le apresaron. Uno de los presentes desenvainó la espada e hirió al siervo del sumo sacerdote cortándole una oreja. Jesús les dijo:

-¿Habéis salido a arrestarme con espadas y con palos como si fuera un bandolero? He estado diariamente con vosotros enseñando en el Templo, y no Me detuvisteis. Pero sea así para que se cumplan las Escrituras.

Y entonces todos Le abandonaron y salieron huyendo.

Aquí tenemos claro el drama y, aun con la economía de palabras que le es característica a Marcos, los personajes se dibujan perfectamente ante nosotros.

(i) Está Judas, el traidor. Sabía muy bien que la gente conocía de vista suficientemente a Jesús; pero pensó que a la pálida luz de la luna, a la sombra de los árboles iluminados por la luz temblorosa de las teas, necesitarían una indicación precisa de quién era el que iban a detener. Y eligió el más terrible de los signos: un beso. Era habitual saludar a un rabino con un beso, en señal del respeto y del afecto que se le tenía a un maestro querido; pero hay aquí algo terrible. Cuando Judas dice: « Al que yo bese, ese es,» usa la palabra filein, que es la palabra corriente; pero cuando se dice que avanzó y besó a Jesús, la palabra es katafilein. El kata- es intensivo, y katafilein quiere decir besar como un amante besa a un ser amado. La señal de la traición no fue el beso formal del saludo respetuoso, sino un beso de amor. Esto es la cosa más repulsiva y terrible que encontramos en los evangelios.

(ii) Está la chusma enviada para arrestar a Jesús. Venía de parte de los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos. Esas eran las tres secciones del Sanedrín, y Marcos quiere decir que venían de parte de ese tribunal supremo. Aun bajo la jurisdicción romana, el Sanedrín tenía ciertos derechos y deberes de policía en Jerusalén, y tenía sus propios policías. Sin duda una chusma selecta se les había adherido en el camino. Marcos se las agencia para darnos la impresión del nerviosismo de los que vinieron a hacer la detención. Puede que vinieran preparados para una acción sangrienta, nerviosos y tensos. Eran ellos los que rezumaban terror -no Jesús.

(iii) Está el hombre que tiró de espada a la desesperada y le cortó una oreja al siervo del sumo sacerdote. En Joh_18:10 se nos dice que fue Pedro. Nos suena a Pedro, y Marcos probablemente omitió el nombre porque todavía era peligroso revelarlo. En la reyerta no se vio quién había asestado el golpe; era mejor dejarlo así. Pero cuando Juan escribió, cuarenta años después, ya no era peligroso revelarlo. Puede que no fuera precisamente una buena acción tirar de espada y atacar a un oficial; pero en cierto modo nos alegramos de que hubiera alguien allí que, por lo menos en el impulso del momento, estuviera dispuesto a pelear por Jesús.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario