Marcos 13: La condenación de la Ciudad Santa

Una herejía concreta que ha existido siempre es el antinomismo. El antínomo parte del principio de que hay que abolir la Ley -y en cierto sentido tiene razón. De ahí pasa a decir que no existe nada más que la gracia -y de nuevo, en cierto sentido, tiene razón. De ahí pasa a discutir-como Pablo nos muestra en Romanos 6- de la manera siguiente: « ¿Dices que la gracia de Dios es suficientemente amplia para cubrir cualquier pecado?» « Sí.» «¿Dices que la gracia de Dios puede perdonar cualquier pecado?» «Sí.» «¿Dices que la gracia de Dios es la cosa más grande y maravillosa del universo?» «Sí.» «Entonces -concluye el antínomo-, ¡sigamos pecando a gusto, porque cuanto más pequemos más oportunidades de manifestarse le damos a la maravillosa gracia de Dios! El pecado es una cosa buena, porque le da oportunidad de obrar a la gracia. Por tanto, vivamos como nos dé la gana.» La gracia de Dios se tergiversa para darle la razón al que quiere pecar.

La misma clase de argumento usa el que declara que lo único importante de la vida es el alma, y que el cuerpo no importa lo más mínimo. En ese caso, así se razona, uno puede hacer lo que quiera con su cuerpo. Si tiene esa inclinación, puede saciar sus deseos.

Una de las maneras más corrientes de llegar a la herejía es moldear la verdad cristiana a nuestro gusto y conveniencia. ¿Podría ser que las doctrinas del infierno y la de la Segunda Venida se hubieran marginado de gran parte del pensamiento teológico porque son ambas tan inquietantes? Nadie querría recuperar ninguna de las dos en su forma más cruda; pero, ¿podrá ser que ambas se hayan desplazado demasiado lejos del pensamiento cristiano porque no nos conviene creer en ellas?

(ii) La herejía surge de hacer hincapié excesivo en una parte de la verdad. Siempre es erróneo, por ejemplo, subrayar excesivamente uno de los atributos de la Divinidad en detrimento de los otros. Si no pensamos nada más que en la santidad de Dios, nunca llegaremos a ninguna intimidad con Él, sino tenderemos más bien a un deísmo que Le conciba como totalmente remoto del mundo. Si pensamos solamente en la justicia de Dios, no nos libraremos nunca de tenerle miedo. Nos encontraremos asediados, pero no ayudados, por nuestra religión. Y si pensamos solamente en el amor de Dios, nuestra religión se puede convertir en una sensiblería facilona. Hay más que Lucas 15 en el Nuevo Testamento.

Siempre encontraremos paradojas en el Evangelio. Dios es amor, y sin embargo es también justicia. El hombre es libre; sin embargo, Dios está en control. El hombre es una criatura del tiempo; pero también es una criatura de la eternidad. G. K. Chesterton decía que la ortodoxia era como andar por el filo de la navaja con las fauces del abismo abiertas a cada lado. Un paso demasiado a la derecha o a la izquierda, y viene el desastre. Debemos, como repetían los griegos, ver la vida equilibradamente, y verla en su conjunto.

(iii) La herejía surge cuando se trata de producir una religión que le vaya bien a todo el mundo, que sea popular y atractiva. Para eso hay que aguarla. El aguijón, la condenación, la humillación, las exigencias morales, tienen que evitarse para ello. Nuestra tarea no consiste en modificar el Evangelio para agradar a la gente, sino en transforMarcos a la gente para que se ajuste al Evangelio.

(iv) La herejía surge cuando nos divorciamos de la comunión cristiana. Cuando una persona piensa por libre, corre un grave peligro de descarriarse. Hay tal cosa como la tradición de la Iglesia a la que algunos puede que den una importancia excesiva, y otros insuficiente. Aquí se puede errar, unos por carta de más, y otros por carta de menos. Se nos dice que la Iglesia es la guardiana -«columna y apoyo»- de la verdad. Si uno descubre que su pensamiento le separa de la comunión con los demás, lo más probable es que la culpa sea de su pensamiento. Es un principio católico-romano que uno no puede tener a Dios por Padre sin tener a la Iglesia por madre -y hay mucha verdad en ello.

(v) La herejía surge de intentar ser completamente inteligible. Aquí tenemos una de las grandes paradoSantiago Tenemos la obligación moral de hacer todo lo posible por entender nuestra fe; pero, como somos finitos y Dios es infinito, no podemos nunca entenderlo todo totalmente desde esta ladera. « Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos, dice el Señor. Como están los cielos por encima de la tierra, así están Mis caminos por encima de los vuestros, y Mis pensamientos por encima de los vuestros» (Isa_55:8 s). Por esa misma razón, una fe que se pueda expresar con claridad meridiana en una serie de proposiciones, y que se pueda demostrar irrefutablemente en una serie de pasos lógicos como un teorema de geometría es una contradicción en términos. Como decía G. K. Chesterton: «Tiene uno que ser un necio para tratar de meterse los cielos en la cabeza sin que se le reviente. El sabio se contenta con meter la cabeza en los cielos.» Aun en nuestra actitud más intelectual debemos recordar que hay un lugar para el misterio supremo ante el que no podemos hacer sino maravillarnos y adorar. «Creo -como decía Tertuliano-, porque es algo que no me cabe en la cabeza.»

SU SEGUNDA VENIDA

Marcos 13:7-8, 24-27

Jesús continuó diciéndoles:

-Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os inquietéis. Estas cosas tienen que suceder, pero todavía no es el fin. Unas naciones se levantarán contra otras, y unos reinos contra otros. En algunos lugares habrá terremotos, y en otros hambrunas. Estas cosas son el principio de los dolores de parto de la nueva era.

..»Y en esos días, después de esa tribulación, el Sol se oscurecerá y la Luna no dará su luz, y las estrellas estarán cayendo del cielo, y las potencias de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del Hombre Que viene en las nubes con mucho poder y gloria. Y entonces Él enviará a Sus ángeles a recoger a los escogidos de los cuatro vientos, desde el límite de la Tierra hasta el límite de los cielos.

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